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jueves, 19 de octubre de 2023

SOBRE LOS VERBOS SEMICOPULATIVOS

Sobre la espinosa cuestión de los verbos semicopulativos, reproduzco lo que dice textualmente la Nueva Gramática de la Lengua Española (en su versión de manual), para aclarar todas las dudas que surgen a raíz de su inclusión en las actividades de sintaxis.

Los verbos semicopulativos o pseudocopulativos vinculan un sujeto con un atributo añadiendo algún contenido, a menudo aspectual o modal, como en Luis se puso morado; Ana quedó contenta; El negocio salió redondo; Te ves muy linda; El Gobierno se muestra favorable. A diferencia de los copulativos, estos verbos admiten también usos como verbos principales o plenos en los que seleccionan sus argumentos: Luis se puso el sombrero en la cabeza; Ana quedó con sus amigos en el parque; Ángel salió de su casa. Los verbos plenos pueden combinarse con expresiones predicativas sin que su significado se vea afectado,como en {Llegó cansado a su casa ~ Llegó a su casa}. Repárese en que Se puso enfermo (verbo semicopulativo) no implica ‘Se puso’, mientras que Llegó a casa (verbo pleno) implica ‘Llegó’. El atributo es, por tanto, imprescindible con los verbos semicopulativos, de manera que si se suprime enfermo en Se puso enfermo, cambiará el significado del verbo ( ponerse significa en algunos países ‘ponerse al teléfono’) o se obtendrá una oración anómala.

Los verbos semicopulativos proceden de verbos plenos a través de procesos de gramaticalización relativamente similares a los estudiados en las perífrasis verbales. Así, el verbo caer funciona gramaticalmente como verbo pleno y acepta complementos predicativos del sujeto en secuencias en las que se expresa movimiento descendente, como caer {desfallecido ~ extenuado ~ fulminado ~ malherido}. En cambio, en caer {enfermo ~ prisionero ~ herido}, el verbo se ha gramaticalizado como semicopulativo, de forma que de la idea de descenso se pasa a la de resultado de algún proceso. Se reconocen como verbos de movimiento (por tanto, verbos plenos) los que se subrayan en Andaba erguida; Llevaba a los niños al colegio; Salió despedido; La seguía contento; Vino a mi casa encantado, pero esos mismos verbos son semicopulativos, y ya no denotan movimiento, en Andaba preocupada; Llevaba dos años enfermo; Salió escarmentado; Seguía enamorado; La película vino precedida de una gran polémica.

Aunque tanto los verbos copulativos como los semicopulativos exigen la presencia del atributo, el de los segundos no se sustituye por el pronombre neutro lo (Susana estaba atónita > Lo estaba; Susana se quedó atónita > *Se lo quedó). Puede ser sustituido, en cambio, por los adverbios así, cómo y como: Susana se quedó así; ¿Cómo se quedó Susana?; como se quedó Susana. La mayor parte de los verbos semicopulativos se construyen con atributos adjetivales o adverbiales; más raramente con los nominales: hacerse (un) hombre, resultar un éxito, salir diputado, sentirse (un) héroe, verse (de) candidato.

Clasificación de los verbos semicopulativos

En función de los significados que expresan, los verbos semicopulativos pueden clasificarse en tres grupos:

1. Cambio: devenir un hecho, hacerse rico, ponerse enfermas, quedarse perplejo, salir herido, volverse taciturna.

2. Permanencia, persistencia o continuidad: andar preocupado, continuar graves, permanecer calladas, seguir vivo.

3. Manifestación o presencia: encontrarse en forma, hallarse indispuesta, lucir linda, mostrarse de acuerdo, pasar inadvertidos, presentarse favorables, revelarse insuficiente, verse horrible.

martes, 10 de octubre de 2023

"PILARES": UNA PROPUESTA DE DESCRIPCIÓN IMPRESIONISTA

En plena semana de fiestas con clases y vistos ya el sustantivo y el adjetivo en 2º de ESO, vamos a recrear una descripción de tipo impresionista a partir de la sugerente lectura del capítulo "Pilares" de El peatón sentimental de Julio José Ordovás. Con esta técnica, basada en la acumulación un tanto caótica de sintagmas nominales y en una mirada entre afectuosa e irónica, el autor zaragozano logra efectos muy sugerentes que pueden conectar con los de los propios alumnos.

El objetivo es que ellos describan sus sensaciones e impresiones de las fiestas, una vez terminadas, a base de una larga enumeración de sustantivos y adjetivos, que hagan referencia a todas las percepciones de los sentidos que les hayan sugerido sus vivencias de esos días: lo que han visto,  lo que han olido, lo que han oído,... El texto formará parte de su cuaderno de escritura, en el que van recogiendo todos los textos que escriben a lo largo del curso.

PILARES

Nubes de kétchup, nubes de algodón dulce, nubes psicotrópicas, nubes de pólvora, boquitas pintadas, gargantas profundas, vendedores de globos, niños llorones, adolescentes tontainas, padres desmadejados, divorciadas risueñas, peñistas incombustibles, zombis verbeneros, guitarristas callejeros, feriantes, churreros, trileros, carteristas, manteros, estatuas vivientes, repartidores de hielo, palurdos con uniforme, perros con cachirulo, forzudos de circo, forzudos de gimnasio, baturros oligofrénicos, muchos más cabezudos que gigantes, foranos y foranas, camareros extenuados, pinchadiscos vociferantes, sirenas de ambulancia, sirenas de policía, viejos rockeros que beben calimocho como si fuera el elixir de la eterna juventud, canciones taladradoras, comistrajos, los fantasmas de los pilares pasados, los fantasmas de los pilares futuros, atascos, cortes de tráfico, autobuses sonámbulos, tranvías a rebosar, caricias, manoseos, morreos, selfis alcohólicas, croquetas requemadas, berridos, mugidos, castañuelas, bandurrias, empujones, pisotones, tirones, sablazos, vomitonas, fritangas múltiples, montañas de plástico, colillas aplastadas, botellas rotas, charcos de orina, aceras pegajosas, rondallas, congas, batucadas, papas ahogadas en mayonesa, calamares ahogados en salsa brava, cubatas que matan rápidamente, vermús toreros, vermús veganos, ibuprofeno en vena, decibelios incivilizados y borrachos abrazados a una farola, a un árbol, a una señal de bus o a otros borrachos.

miércoles, 28 de abril de 2021

LAS PALABRAS DE LA PANDEMIA EN EL DHLE



Os dejo este sketch o escena cómica que ha dedicado hoy el humorista Dani Mateo en laSexta a la última actualización del Diccionario histórico de la lengua española, relacionada con las palabras surgidas en la pandemia. En la imagen superior tenéis la captura de la entrada dedicada a "covidiota" y en el enlace al Diccionario podéis encontrar palabras por las que sintáis curiosidad acerca de su origen o historia. 

El vídeo es una muestra de cómo la lengua sirve también de trampolín para el humor y la creatividad, a partir de procedimientos de creación de palabras trabajados en clase como la composición y la derivación o los calcos semánticos y a partir de la observación y del estudio de cómo los medios de comunicación van recogiendo el habla de los usuarios.

miércoles, 21 de abril de 2021

SOBRE EL USO DE "VOS" Y LAS FORMAS DE CORTESÍA

Para aclarar las dudas sobre el uso de vos en nuestra lengua y para conocer algo más sobre el empleo de las formas de cortesía, os invito a leer este texto entresacado del ameno y erudito libro Una lengua muy muy larga de la catedrática Lola Pons. Es una obra muy aconsejable para todos aquellos que queráis conocer historias curiosas y divertidas sobre el castellano.

 

Por vos muero

Este rótulo no va a aparecer en un cine español, pero sí en un cine argentino. Fumá afuera, apagá el celular, cuidá las butacas ... No aparece escrito vos, pero se está tratando al espectador de vos. Siglos atrás, el poeta toledano Garcilaso de la Vega también usaba este tratamiento y escribía al final de uno de sus más bellos sonetos:

Yo no nací sino para quereros;

mi alma os ha cortado a su medida;

por hábito del alma misma os quiero.

 

Cuanto tengo confieso yo deberos;

por vos nací, por vos tengo la vida,

por vos he de morir, y por vos muero. 

¿Qué hay de común en la historia de ese vos del cine y del vos poético de Garcilaso?

En latín no existía un pronombre específico de tratamiento cortés, pero el castellano, desde sus orígenes, sí lo tuvo, y fue vos. Vos era la forma que se utilizaba para dirigirse a superiores jerárquica o socialmente. En la Edad Media tratan de vos los hijos a sus padres, así se dirige la gente al clero y, por supuesto, cualquiera que hable a su señor o su amo. La dama a la que se dirige Garcilaso a principios del siglo XVI es tratada de vos, como muestra de máximo respeto.

Pero el propio siglo XV revela también una proliferación de uso de vos tan acusada que parecía presagiarse su catástrofe una centuria después. En efecto, en el siglo XVI ya empezamos a encontrar muchos ejemplos de vos usados para el trato entre iguales, y, paulatinamente, el pronombre perdió carácter reverencial hasta convertirse en una marca de trato familiar o incluso de desprecio. ¡Hay quien se ofende en el siglo XVI porque es tratado de vos! Solo en las zonas de América menos dominadas por los dictados lingüísticos de la metrópoli colonial (por ejemplo, la zona del Río de la Plata) no llegó esa nueva moda y se conservó el pronombre vos, con un valor de familiaridad equivalente a tú y asociado a unas formas verbales particulares, con imperativos que acentúan la vocal final y eliden -d.

El vos de respeto en el castellano peninsular terminó siendo reemplazado por vuestra merced (y su herencia, usted) a lo largo de los Siglos de Oro. Pero no solo han cambiado las formas, también lo ha hecho nuestro uso de las formas de cortesía. El lector tutea a sus padres pero tal vez sus padres trataban de usted todavía a los abuelos. El lector es apelado de tú en las tiendas y, si es estudiante, tal vez tutee al profesor. Nada de ello parecía posible hace treinta años. Yo por vos muero, querido lector.

Por eso lo trato de usted.

miércoles, 17 de febrero de 2021

SOBRE LOS ARTÍCULOS

Como he hecho en ocasiones anteriores, traigo al blog otro artículo del escritor y periodista Álex Grijelmo, aparecido hace poco en El País, que nos invita a pensar en los usos que hacemos en nuestra lengua en relación a los artículos. En esta ocasión nos ilustra acerca de los valores que tiene en castellano esta clase de palabras y nos avisa de la desaparición de los artículos en textos de diferentes ámbitos, entre los que habría que incluir también a los estudiantes de Secundaria, que en algunas ocasiones también prescinden de su uso, especialmente en construcciones como «todos espectadores» en vez de «todos los espectadores». Siempre resultan interesantes este tipo de reflexiones que hacen que veamos la lengua como algo que no nos es ajeno, sino que nos pertenece y nos rodea.

ARTÍCULOS COMESTIBLES

Algunos filólogos dicen que en realidad seguimos hablando latín. Vale, se acepta la metáfora; pero hablamos un latín con artículos. Porque estas partículas constituyeron una de las adiciones del español en su evolución desde la lengua de los romanos.

Los artículos nos sirven hoy para distinguir entre lo definido y lo indefinido, para acercar o alejar, para precisar o insinuar.

La oración “Un consejero se vacunó antes de tiempo” sería parecida a aquel “alguien ha matado a alguien” con el que el humorista Miguel Gila creía torturar a un asesino cada vez que se cruzaba con él. Por el contrario, “El consejero se vacunó antes de tiempo” concreta, acerca y precisa, gracias al artículo.

Los romanos ya vieron esa necesidad de delimitar el papel de los sustantivos; y como no disponían aún de artículos, acudieron a los demostrativos para los definidos (illa regina, esa reina) y a un numeral para los indefinidos (unus rex, un rey). A partir de ahí, el castellano fue conformando su propio sistema mediante un complejo y lentísimo proceso del que hoy disfrutamos (el, la; un, una; los las…).

Gracias a ese juego sutil de ausencias y presencias, comunicamos sentidos diferentes: “Necesito café” (he de comprarlo), “necesito un café” (he de tomarlo), “necesito el café” (no me lo prohíba, doctor). Pero no por eso decimos “me gusta café”.

Valgan estos ejemplos para ahorrarnos aquellos prolijos detalles técnicos que los explican con precisión.

Sin embargo, los humildes artículos del español deben de provocar la gula en muchos periodistas de ahora, que se los comen sin importarles su historia y su función.

Empezó el proceso hace años con el periodismo deportivo: “Sube Chendo por banda derecha”, “golpea Stoichkov con pierda izquierda”, “juega Molina bajo palos”. (Por cierto, sería mejor “entre palos”; perdón: “entre los palos”, pues el guardameta no tiene las tres piezas sobre su cabeza, sino solamente una).

A esta profusión de artículos comestibles en el fútbol se unió después el periodismo político: “…según informan en Delegación del Gobierno”, “fuentes de Moncloa señalan…”, “se reunieron ayer en Zarzuela”. El fenómeno ocurre principalmente ante nombres propios de lugar, como los citados; o como estos otros: “Se prevé mal tiempo en Pirineos”, “aumenta el paro en Reino Unido”.

Puede ocurrir que estas supresiones se deban a un cierto cansancio por el uso continuo, día a día, hora a hora (partido a partido), de todos esos sintagmas. Tantas veces hay que decir “por la banda derecha”, que algún cambio vendrá bien: ¡Quitemos el artículo!

Y lo mismo sucede en el periodismo de información general con los lugares de gran frecuentación informativa. Pero sólo con ellos. Porque “mucha gente se fue a esquiar a Pirineos” no se copia en “se fueron a Alpes”; y “nos encontramos en Moncloa” no ha ocasionado “el seminario se celebrará en Magdalena” (palacio de la Magdalena, en Santander).

Y así como a menudo se escribe y se dice “en Reino Unido”, la liga de los sin artículo no ha propuesto otras construcciones análogas en singular como “se ha extendido en Unión Europea”, “va a llover en País Vasco” o “Putin trabajó como espía de Unión Soviética”. Si llegáramos a eso, ya sí sería como para que algunos se tirasen de pelos.

jueves, 15 de octubre de 2020

PASAPALABRA DE SUSTANTIVOS COLECTIVOS

Una de las actividades que más suele gustar al alumnado de los primeros cursos de ESO es el rosco de pasapalabra, que trata de copiar el famoso concurso de televisión. Es una actividad dinámica, que puede realizarse de forma individual, o en parejas, o en grupo, que pone en juego destrezas básicas de la lengua (lectura, comprensión, dominio de vocabulario,...) y que sirve para plantear numerosas actividades de repaso o de refuerzo de cuestiones gramaticales, de vocabulario (en esta ocasión comparto un pasapalabra de sustantivos colectivos) o de literatura.  Hay versiones interactivas en diferentes plataformas educativas, pero no me he poddido resistir a presentar este formato, a partir de una plantilla elaborada por Itziar López  (www.entornoalalengua.com) para el proyecto CREA de la Junta de Extremadura.

En definitiva, se trata de una forma de conectar los contenidos y actividades de la materia de Lengua castellana y Literatura con el gusto de los alumnos por lo lúdico, sin perder rigor ni desviarse de los objetivos propuestos.

No se ofrecen las respuestas en la presentación para que el alumnado (un sustantivo colectivo) busque las respuestas hasta el final. En caso de duda, como siempre, está la posibilidad de enviar un comentario.

martes, 17 de diciembre de 2019

SÍ, «PRESIDENTA»: GRAMÁTICA CONTRA LA ESTUPIDEZ

Quiero compartir este artículo de Álex Grijelmo, aparecido en El País el pasado 15 de diciembre, porque presenta de forma muy clara y rigurosa el uso correcto de «presidenta» en castellano, a pesar de que algunos con mala fe eviten su uso. Leer y estudiar gramática es un estupendo antídoto contra la estupidez.

La "presidente" del Congreso, según Vox
Foto de El País
Yo creo que el diputado Iván Espinosa de los Monteros, de Vox, felicitó a Meritxell Batet como presidenta del Congreso sólo para llamarla cuatro veces “la presidente”.
Por Internet, WhatsApp y otras calles y mercados circula desde hace años un texto con la errónea explicación de una supuesta profesora de lengua contra la forma “presidenta”. En ella se confunde el sustantivo “ente” con el sufijo –nte (o, por decirlo mejor, con el infijo –nt y las terminaciones –e y –a que marcan el género). Muchas personas han tomado por buenos sus falsos argumentos.
Lo que ocurre en realidad es que la tuerca -nte que se ensambla en ciertas palabras no procede de “ente” (el ser, el que es), sino que este término contiene también esa pieza. Además, los sufijos –nte y -nta no se adhieren sólo a verbos, sino que sirven para expresar que algo o alguien ejecutan la acción evocada en la raíz (ya sea una raíz castellana o ya se heredase del latín). Estos vocablos pueden relacionarse con un verbo conocido (“actuante”, “apoyante”, “leyente”)… o haber vuelto opaco su rastro latino para la conciencia popular (“reticente”, “detergente”, “gerente”…); o proceder de un sustantivo (“comediante”, “abracadabrante”).
Quien redactara la citada negación de “presidenta” parecía desconocer que esa voz entra en la lengua castellana un siglo antes que “presidir”, pues se registra en 1495; mientras que el verbo aparece en 1607 (Corominas y Pascual). Por tanto, “presidente” no se puede considerar una derivación verbal desarrollada en nuestro sistema; sino un sustantivo previo y, por tanto, más favorable a la flexión de género.
Por ejemplo, se lee en 1614 en un documento relativo al nombramiento de “presidenta y priora” del convento de las Trinitarias de Madrid. Y este femenino figura en el Diccionario académico nada menos que desde 1803 (“la que manda y preside en alguna comunidad”).
Además, otras muchas palabras que terminan en –nta nos acompañan desde hace decenios: “clienta”, “intendenta”, “parienta”, “parturienta”, “gerenta”, “lianta”, “principanta”, “hambrienta”, “harapienta”, "tunanta", “pretendienta”, “comedianta”…; aunque también usemos otras que no se desdoblan: “cantante”, “dirigente”, “representante”, “atacante”, “estudiante”…, vocablos estos últimos en los que el pueblo sigue percibiendo en primer plano la actividad del verbo, más que la individualidad del sustantivo.
¿Qué sucede entonces con “presidente” para que alguien crea que no puede mutarse mediante la flexión del femenino? Pues ocurre que, además de desconocer que había llegado antes que “presidir”, algunos no ven reparo en que existan “sirvientas”, “asistentas” y “dependientas”, pero sí en que el femenino alcance a las mujeres que desempeñan un puesto de alta responsabilidad o de gran poder político.
Ahora bien, en algunos países de América se ha mantenido la opción “la presidente”. No hay nada que oponer, porque eso forma parte del habla de cada lugar y con tal formulación no se oculta que se trate de una mujer (gracias al artículo). La misma información nos da “la presidente” que “la presidenta”.
Sin embargo, resulta chusco que en un ámbito donde el pueblo ha extendido sin discusión “la presidenta”, como en España, un representante de ese mismo pueblo elija la alternativa “la presidente”.
El genio del idioma es analógico, y “la presidenta” dispone, como hemos visto, de historia y antecedentes (analogías) que posibilitan esa flexión en femenino. Elegir en España “la presidente” no son ganas de cuidar la gramática, son ganas de tocar las narices.