martes, 26 de octubre de 2021

"EL MONTE DE LAS ÁNIMAS": UNA FICCIÓN SONORA DE RNE

Quiero compartir con los lectores del blog la adaptación radiofónica de El monte de las Ánimas que preparó el año pasado Radio Nacional de España con motivo del 150 aniversario de la muerte de Gustavo Adolfo Bécquer. En el día dedicado a la lectura semanal, los alumnos de 4º de ESO han disfrutado de esta ficción sonora a la que ponen voz, con ayuda de un gran equipo técnico, tres importantes actores españoles: Juan Echanove, Víctor Clavijo y Lucía Caraballo.

Tras la lectura y audición de la leyenda, además de una breve valoración personal, los alumnos han comentado cómo Bécquer consiguó crear una atmósfera de suspense y terror en la leyenda, una vez recopilados y analizados todos los elementos de la ambientación y de la acción narrativa que contribuyen a ello. Esta será nuestra pequeña aportación a la larga tradición de contar relatos tenebrosos en fechas cercanas a Todos los Santos y la Noche de Difuntos, que en otros años hemos cultivado en el blog.

viernes, 15 de octubre de 2021

FRANCISCO RICO: LEYENDO (BIEN O MAL) A LOS CLÁSICOS

Hoy quiero compartir con los lectores del blog las palabras de Francisco Rico, uno de los grandes filólogos de nuestra lengua. En su reciente artículo publicado en El País "Leyendo (bien o mal) a los clásicos", nos muestra la importancia de acercarnos a la lectura de los clásicos en ediciones convenientemente anotadas para que no caigamos en interpretaciones erróneas. Uniendo erudición y amenidad, hace un recorrido por algunas de nuestras obras literarias clásicas (desde el Cantar del Cid a Luces de bohemia) que han sido leídas en algunos pasajes incorrectamente y desvela el verdadero sentido de sus palabras, aunque incluso alguna de esas interpretaciones erróneas haya dado luz a una creación original, como es el caso de Federico García Lorca. Seguro que quienes lean este artículo rememorarán, espero que con cariño, alguna de sus clases de literatura. Este artículo es, sin duda alguna, una magistral clase de literatura.

LEYENDO (BIEN O MAL) A LOS CLÁSICOS

Francisco Rico

Los clásicos se leen igual que los grandes contemporáneos, pero siempre con la prevención de que no son solo contemporáneos —porque están vivitos y coleando—, vale decir, manteniendo el ojo alerta a las posibles dimensiones que se nos ocultan si nos contentamos con una perspectiva exclusivamente moderna.

Allá por los finales de los años cincuenta, iba yo en el tren leyendo el Lazarillo de Tormes de la colección Austral. Alguien, supongo que José María Valverde, me advirtió de que quizá sacaría más provecho si recurría a la edición de los “Clásicos castellanos” antaño de La lectura. “Quizá”, alegué, “pero esta tiene la ventaja de que no lleva notas”.

La pedantería de adolescente me traicionaba. Por llano que sea el Lazarillo y por desatinados que sean a veces los escolios de don Julio Cejador, hay pasajes que el lector de hoy, incluso el mejor aficionado a la literatura, no puede descifrar si no es con la muleta de una glosa, con la explicación del filólogo. Nos engañamos los profesores cuando exhortamos sin más a frecuentar los clásicos, sin insistir en que se haga en una edición con aclaraciones solventes, a riesgo de no entender o de malentender muchos momentos.

Tomemos por muestra los dos primeros versos conservados del Cantar del Cid:

De los sos ojos tan fuertemientre llorando,

tornava la cabeça e estávalos catando.

Nuestro lector de buena voluntad difícilmente descifrará catar en el sentido que aquí tiene de mirar, ni sabrá referirlo al no menos enigmático verso siguiente: “Vio puertas abiertas e uços sin cañados”. Pero una cosa son los obstáculos del léxico (o los embarazos de la fonética) y otra sus falsas pistas. El verso inicial parece transparente, y lo es hasta cierto punto. Pero no faltará quien se pregunte qué necesidad había de precisar que el Cid lloraba “de los sos ojos”. ¿De dónde si no?

Pues no. Como mostró sabiamente José Antonio Pascual, en el castellano medieval llorar no implicaba simplemente verter lágrimas, sino una serie de manifestaciones de duelo que podían abarcar desde golpearse el pecho y tirarse de los pelos hasta arañarse el cuerpo y dar alaridos. De ahí que “de los sos ojos precise que el llanto de Rodrigo era silencioso, contenido, hondo pero sin aspavientos. Es un rasgo importante en la caracterización del héroe.

Creo que vale la pena ojear media docena de pasajes de la literatura española siempre aplaudidos pero habitualmente objeto de interpretación errónea o muy insuficiente. Tras el ejemplo del Cantar, prosigamos con el Libro de buen amor. Podríamos empezar con el título que razonablemente se le atribuye, pero fijémonos mejor en una de las cuadernas más traídas y llevadas:

Como dize Aristótiles, cosa es verdadera,

el mundo por dos cosas trabaja: la primera,

por aver mantenencia; la otra cosa era

por aver juntamiento con fenbra plazentera.

La explicación usual y, no temamos decirlo, vulgar, es que Juan Ruiz alude aquí a la búsqueda del alimento corporal y del placer sexual. Claro está que sí lo hace, pero a la vez es enteramente fiel a la doctrina aristotélica según la cual todos los seres desean la pervivencia y la consiguen gracias a la reproducción, con la conservación de la especie.

Saltemos un siglo y evoquemos la bellísima música verbal de las Coplas a la muerte de don Rodrigo Manrique:

Recuerde el alma dormida,

avive el seso y despierte,

contemplando...

En rigor, se nos antojaría hallarnos ante una contradicción: ¿cómo podría recordar nada un alma que está dormida? Pero nótese que recordar era justamente sinónimo de despertar.

El emblema de Fernando el Católico rezaba “Tanto Monta, pero no solo contenía esas palabras, sino inseparablemente una imagen del nudo gordiano. La ignorancia común se ha quedado únicamente con el texto y ha querido entenderlo merced a una coletilla con pretensiones de explicación histórica: “Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”. Pero claro que la única exégesis válida es la de la anécdota clásica según la cual Alejandro Magno, ante el nudo confeccionado por Gorgias y que nadie había conseguido desligar, se dijo: “Da lo mismo (Tanto monta) cortar que desenlazar”.

Muchos en el mundo hispánico repiten un verso del espléndido soneto incluido entre los preliminares del primer Quijote, en el diálogo de Babieca y Rocinante:

——Metafísico estáis. —Es que no como.

Metafísico era casi sinónimo de sutil, que valía tanto como delgado, a su vez correlativo de ético en el sentido de tuberculoso. Lo que Babieca viene a decir, pues, es que Rocinante está tan flaco como un enfermo de tisis.

Inolvidables son los endecasílabos finales de la Epístola moral a Fabio:

Ya, dulce amigo, huyo y me retiro

de cuanto simple amé: rompí los lazos.

Ven y sabrás al grande fin que aspiro

antes que el tiempo muera en nuestros brazos.

Todo un Dámaso Alonso dudó ante el último verso. Pero cuando se advierte que una de las formas teóricas de medir el tiempo, la vida, era atendiendo al latir de la sangre, es lícito parafrasear, castizamente, ‘Antes de que se nos paren los pulsos’.

Vengamos a días más cercanos. Memorable donde lo haya es el piropo dedicado a Max Estrella en Luces de bohemia: “¡Cráneo privilegiado!”. El borracho que lo profiere no lo elucubra solo para él, antes bien lo elige en un abanico de posibilidades. En los años de Valle Inclán seguían aún de moda las doctrinas que atribuían las capacidades intelectuales y por ende la superioridad o inferioridad del individuo a la conformación del cráneo (Lombroso es una cita obligada). En esos desatinos se engloba el encomio a Max.

Con todo, no siempre la falsa interpretación de un pasaje clásico redunda en perjuicio de las consecuencias. Lorca entendió mal un par de versos del Cantar del Cid:

Apriessa cantan los gallos e quieren quebrar albores,

Creyó que el sujeto de “quieren” eran los gallos, cuando de hecho se las había con una comunísima perífrasis verbal, donde “quieren” denota el comienzo de un proceso: está por amanecer, despunta el día, y quebrar equivale a irrumpir, hacerse presente. De ese error surgió la soberbia imagen del Romance de la pena negra:

Las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora. O felix culpa!

 

jueves, 14 de octubre de 2021

LOS COMPLEMENTOS DEL VERBO: ARGUMENTOS Y ADJUNTOS

Los argumentos son los sintagmas exigidos por el significado del verbo. Así, el verbo enviar exige tres argumentos: el sujeto que realiza la acción de enviar, el objeto que se envía (complemento directo) y el que recibe lo que se envía (complemento indirecto). Algunos argumentos pueden no aparecer en la oración porque se sobreentienden (son los argumentos implícitos, como cuando hablamos de un sujeto omitido o tácito).

En el predicado son complementos argumentales el complemento directo (con verbos transitivos), el complemento de régimen verbal (un sintagma preposicional seleccionado semánticamente por un verbo que, en muchas ocasiones, es pronominal -fiarse, acordarse, quejarse, dedicarse,…-) y el complemento indirecto (con verbos que llevan implícito en su significado dar algo a un destinatario -dar, prometer, comunicar, entregar,…-, o con verbos de afecto o desafecto -gustar, entristecer,…-).

El complemento locativo argumental es, igualmente, un complemento argumental que requieren verbos estativos locativos (residir, vivir, yacer,…), verbos de cambio de localización (lugar A donde: entrar, ir, llegar, regresar, venir; lugar DE donde: escapar, huir, salir,…) y verbos causativos locativos (lugar A donde: acercar, aproximar, cargar, echar,…; lugar DE donde: apartar, alejar, quitar, sustraer,…).

Los adjuntos son complementos que no están exigidos por el significado del verbo. En el predicado son adjuntos los complementos circunstanciales (de tiempo, de lugar -expresa un lugar que no es exigido por el verbo-, de modo, de cantidad, de finalidad, de compañía, de instrumento, de medio, de causa, de beneficio), el complemento agente (con verbos en voz pasiva) y, en ocasiones, el complemento indirecto (cuando se puede prescindir de él en la oración).

El atributo y el complemento predicativo se diferencian de los complementos argumentales y adjuntos en que expresan cualidades o estados de un sintagma nominal a través de un verbo copulativo o predicativo: si el verbo es copulativo, se llama atributo; si el verbo es predicativo se llama complemento predicativo. Se consideran también atributos (locativos) los sintagmas preposicionales y adverbiales que indican situación (Ana está en Roma) pues predican el lugar donde se encuentra el sujeto.

lunes, 4 de octubre de 2021

SOBRE LA ENSEÑANZA DE LA GRAMÁTICA

Ahora que empezamos en 4º de ESO y 2º de Bachillerato las clases de gramática, después de haber dado vuelta a los textos desde diferentes perspectivas, quiero compartir con los lectores del blog unas palabras de  Ignacio Bosque, uno de los grandes maestros de nuestra gramática. Están entresacadas de una entrevista que le hicieron a él y a la lingüista Brenda Laca en un periódico uruguayo y tratan de la enseñanza de la gramática como arquitectura del pensamiento y de la necesidad de que se traslade a los alumnos que la lengua es algo suyo. Espero, como siempre, que estas palabras, un elogio de la gramática, sean inspiradoras del quehacer que tenemos por delante.

«Hay que tener en cuenta que la lengua es una parte esencial de nosotros mismos, no algo que está afuera; los estudiantes creen que la lengua es como el Código de Derecho Mercantil, algo que está ahí afuera y no tiene nada que ver con ellos. Se suele enseñar una gramática rutinaria, un etiquetado mecánico y circunstancial; siempre surge la pregunta de por qué los estudiantes la detestan, y la respuesta es sencilla: porque no tiene nada que ver con ellos. El cambio fundamental que hace falta en la docencia de la gramática es que los docentes permitan esa noción de la lengua como un patrimonio individual y colectivo, pero sobre todo individual, que les pertenece a los estudiantes, y uno intenta que conozcan mejor una parte de ellos mismos».

Ignacio Bosque. (El País)

«Educar es enseñar a crecer personal e intelectualmente, pero también ayudar a argumentar, a formar la capacidad crítica; un estudiante debe ser capaz de darse cuenta de que le están dando un argumento de autoridad, debe ser capaz de reaccionar ante eso. La capacidad crítica de los ciudadanos se educa, no va de suyo. La gramática es la arquitectura del pensamiento, es el sistema que nos permite dar forma a lo que pensamos y sentimos. No obstante, los estudiantes no lo ven así, y ellos no tienen la culpa: alguien les ha transmitido la idea de que es un etiquetado mecánico que hay que hacer porque es una actividad curricular; es terrible, pero realmente es así. La educación es lo más importante de cualquier sociedad; yo no sé si los políticos están realmente convencidos de eso. La gramática es una pequeña parte, pero hay que educar en valores cívicos, hay que enseñar la capacidad crítica, a no aceptar todo lo que nos digan, hay que enseñar a argumentar y contraargumentar, a dar discursos articulados y formular encadenamientos coherentes. Todo eso es parte de la educación».