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lunes, 24 de enero de 2022

MEMORIA DE LA PEDAGOGÍA DEL DOLOR

Siembra coscorrones y recogerás sabios

En el Día Internacional de la Educación, no está mal echar la vista atrás y recordar, a partir de un puñado de textos literarios, la realidad del mundo de la educación en nuestro país en los últimos ciento cincuenta años. En una entrada reciente del blog, «Memoria de los días colegiales»,  nos acercábamos al recuerdo de la experiencia escolar de algunos poetas del 27. Hoy, a través de la mirada de autores como Benito Pérez Galdós, Unamuno, Alejandro Sawa, Julio Llamazares o Bernardo Atxaga descubriremos el mundo escolar del pasado que, por fortuna, nada tiene que ver con el momento presente, aunque conviene que lo recordemos para saber de dónde venimos, tanto los que no lo vivieron como los que lo sufrimos en su momento.

El terrible lema «la letra con sangre entra» o el refrán que encabeza esta entrada describen perfectamente el ideario pedagógico de muchos enseñantes durante el siglo XIX y buena parte del siglo XX, en especial durante la dictadura franquista. Esta «pedagogía del dolor» (en palabras de Paulo Freire) ha sido históricamente el gran remedio contra la ignorancia y la pereza de los niños y adolescentes que poblaron las aulas del pasado. Benito Pérez Galdós evocó ese ambiente de castigos y de maltratos en El doctor Centeno, novela publicada en 1883. El sacerdote Pedro Polo, personaje intemperante de varias novelas del autor, protagoniza esta violenta escena que no era nada extraña en las escuelas de la época:

La palmeta iba cayendo de mano en mano, incansable, celosa de su misión educatriz, aporreando sin piedad a todo el que cogía. La quemazón de la sangre, el cosquilleo, el dolor agudísimo, daban entendimiento al torpe, mesura al travieso, diligencia al indolente, silencio al lenguaraz, reposo al inquieto. Y como auxiliares de aquel docto instrumento, una caña y a veces flexible vara de mimbres sacudían el polvo. Había nalgas como tomates, carrillos como pimientos, ojos con llamaradas, frentes mojadas de sudor de agonía, y todo era picazones, escozor, cosquilleo, latidos, ardor y suplicio de carnes y huesos.

Miguel de Unamuno, en sus Recuerdos de niñez y mocedad (1908), rememora así la figura de su primer maestro, no tan alejado del descrito por Pérez Galdós:

Fue mi primer maestro, mi maestro de primeras letras, un viejecillo que olía a incienso y alcanfor, cubierto con gorrilla de borla, que le colgaba a un lado de la cabeza, narigudo, con largo levitón de grandes bolsillos -el tamaño de los bolsillos de autoridad-, algodón en los oídos y armado de una larga caña, que le valió el sobrenombre del Pavero. Los pavos éramos nosotros, naturalmente; ¡y tan pavos!...

Repartía cañazos, en sus momentos de justicia, que era una bendición. En un rinconcito de un cuarto oscuro, donde no les diera la luz, tenía la gran colección de cañas, bien secas, curadas y mondas. Cuando se atufaba cerraba los ojos, para ser más justiciero, y cañazo por acá, cañazo por allá, a frente, a diestro y siniestro, al que lo cogía, y luego la paz con todos. Y era ello una verdadera fiesta, porque entonces nos apresurábamos todos a refugiarnos del cañazo metiéndonos debajo de los bancos.

Los días de clases dominados por el silencio absoluto, el maltrato, la brutalidad de los castigos, las órdenes arbitrarias y humillantes marcaron a muchas generaciones de niños que veían a sus maestros y profesores, en palabras de Alejandro Sawa, como «un pelotón de inquisidores juzgando a un reo de fe, [...] una bandada de cuervos deliberando acerca del pedazo de mundo en el que pudiera haber ocurrido una catástrofe, donde hubiera montones de carne muerta que devorar y hacer trizas».

Más cercanas en el tiempo e igualmente estremecedoras resultan las evocaciones de Julio Llamazares o Bernardo Atxaga. En Escenas de cine mudo, Llamazares narra las palizas que sometía a sus alumnos el director de una escuela leonesa en los años de la posguerra española:

Don Vicente, que, aparte de director, era el alma y la columna del colegio (daba clase de todas las materias y en todas demostraba una gran preparación), no sólo tenía cara de boxeador; sus métodos pedagógicos le habrían servido también para triunfar en ese deporte de no haberse dedicado a la enseñanza. Sus palizas eran famosas en todo el valle, lo mismo que sus insultos, todos muy cultos y literarios —pollino, zapatilla rusa, tizón del infierno, cuáquero—, y rara era la semana en que no enviaba a algún alumno al cercano hospitalillo de la empresa con la nariz o algún diente roto. Lo cual, aunque reprobable, no era extraño en aquel tiempo, al menos en aquel valle, ni difícil de entender. Bajo su régimen de terror, dos centenares de alumnos, de todas las edades y los cursos —que no siempre iban parejos, pues había quien repetía durante años el mismo curso y compartía pupitre con otro alumno menor— y, sobre todo, de los dos sexos, algo que entonces no era corriente y que añadía más aliciente a las clases, nos esforzábamos cada día por burlar su vigilancia.

Bernardo Atxaga en Recuerdo escolar rememora igualmente la salvaje conducta de un inspector fascista en una escuela vasca en aquel tiempo de silencio de la dictadura:  

-¿Sabéis por qué me he quitado el anillo -nos preguntó luego [el inspector]-. Pues para que mis golpes no dejen marca en la cara de este desgraciado.

No había acabado la frase y el primer tortazo, de revés, sorpresivo, ya había estallado en la mejilla de Azpeitxe. El castigo ejemplar había comenzado. […]. El inspector le golpeó hasta cansarse, hasta el límite de lo que sus probables principios católicos le permitían, pero no consiguió doblegarle. Sangraba por la nariz, pero en su rostro no había lágrimas. Solo una mueca, el amago de una sonrisa.

Una vez más la literatura nos recuerda y nos evoca la vida del pasado y se convierte en el mejor antídoto contra el olvido de lo que fuimos.

***

[Esta entrada está basada en el artículo «Retorno a los días colegiales» (Los años de la escuela en la literatura) de Carlos Lomas, especialmente en el capítulo «Letras, sangre, coscorrones y sabios». El artículo se recoge en un volumen colectivo, coordinado también por dicho profesor, bajo el título Textos literarios y contextos escolares, publicado por la editorial Graó. La obra es muy recomendable por las múltiples aportaciones que propone en su análisis de la escuela en la literatura y la literatura en la escuela.]

viernes, 18 de octubre de 2019

LEER, LEER, LEER, VIVIR LA VIDA QUE OTROS SOÑARON

La película de Alejandro Amenábar «Mientras dure la guerra» ha traído de nuevo a la actualidad la figura siempre controvertida de Miguel de Unamuno, uno de los principales autores de la Generación del 98. Os dejo el tráiler de la película por si queréis ir a verla, pues seguramente os descubrirá muchos hechos y protagonistas de los primeros meses de la Guerra Civil, un periodo histórico que trataremos en las clases de Literatura un poco más adelante.



De entre los poemas de Unamuno rescato este que invita a la lectura, en la que ya nos vamos sumergiendo en todos los cursos, y a una profunda reflexión acerca del papel del creador, una cuestión que siempre preocupó al autor bilbaíno.


Leer, leer, leer, vivir la vida
que otros soñaron.
Leer, leer, leer, el alma olvida
las cosas que pasaron.
Se quedan las que quedan, las ficciones,
las flores de la pluma,
las solas, las humanas creaciones,
el poso de la espuma.
Leer, leer, leer; ¿seré lectura
mañana también yo?
¿Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que pasó?

viernes, 28 de marzo de 2014

EL AFORISMO, EL MUNDO EN UNA FRASE

El fin supremo de la filosofía no es resolver problemas, sino suscitarlos
Miguel de Unamuno
Unamuno pintado
por José Gutiérrez Solana
A propósito de la lectura de los Proverbios y cantares de Antonio Machado y de algún fragmento de los ensayos de Unamuno, algunos compañeros de 4º de ESO han mostrado curiosidad por leer algún texto de corte filosófico. Os propongo leer unos aforismos de Miguel Unamuno que, sin ninguna duda, nos van a descubrir una nueva manera de abordar los grandes temas filosóficos y nos van a hacer pensar.
El aforismo es un texto breve que recoge una visión personal del mundo, es la expresión concisa de un pensamiento. Es uno de los géneros que los filósofos a lo largo de la historia han cultivado para plasmar su pensamiento.
En la literatura española Miguel de Unamuno es uno de los autores que destaca en el género del aforismo. Sus obras (y no solo los ensayos) están plagadas de aforismos que son en muchas ocasiones el germen a partir del que elabora su modo de entender el mundo.

Recojo algunos de los aforismos de Unamuno que Emilio Ríos Ruiz-Esquide seleccionó en su artículo "Florilegio aforístico: el pensamiento aforístico de Unamuno", clasificados según los temas recurrentes en toda su obra y que son un acertado muestrario de este escritor prolífico y contradictorio.


Sobre vida y muerte
  • El secreto de la vida es el deseo de ser otro sin dejar de ser yo.
  • El fin de la vida es hacerse un alma inmortal.
  • Después de muertos, todos somos iguales. No hay comunidad como la de la muerte.
  • Los hombres vivimos juntos, pero cada uno se muere solo. Y la muerte es la suprema soledad.
  • Se empieza a morir el día en que se nace.
  • La vida es la milicia del hombre sobre la tierra.

 Sobre eternidad e instante
  • La eternidad, el único misterio, / que devoramos y que nos devora.
  • La esencia del ser es el apetito de infinidad y de eternidad.
  • La eternidad es la sustancia del momento que pasa.

 Sobre Dios y hombre
  • Cada día creo más en un Dios personal, conciencia del Universo, ordenador de todo.
  • Dios es la conciencia eterna e infinita del Universo.
  • La patria del alma es Dios.
  • Nadie ha logrado convencerme racionalmente de la existencia de Dios, pero tampoco de su inexistencia.
  • Dios y el hombre se hacen mutuamente. Dios se revela en el hombre, y el hombre se hace en Dios.
 
 Sobre universalidad, individualidad y singularidad
  • La individualidad es lo más universal.
  • Creo firmemente que en el seno de lo local y temporal debe buscarse lo universal y eterno.
  • Lo que menos deseo es que los demás piensen como yo.
  • Puede ser humano cada hombre; la muchedumbre es inhumana.
  • Cada uno ha de engordar de sí mismo.

 Sobre poética
  • Sencillez y pureza, las dos alas con que hemos de elevarnos.
  • El ritmo es la raíz del estilo.
  • En la lírica no se miente nunca.
  • El fondo nace de la forma.
  • En literatura lo primero es la inspiración.
  • Los genuinos pensadores son los poetas.

miércoles, 10 de octubre de 2012

LA QUIEBRA IDEOLÓGICA DEL 98

«A Andrés le indignó la indiferencia de la gente al saber la noticia. Al menos él había creído que el español, inepto para la ciencia y la civilización, era un patriota exaltado y se encontraba que no; después del desastre de las dos pequeñas escuadras españolas en Cuba y Filipinas, todo el mundo iba al teatro y a los toros tan tranquilo; aquellas manifestaciones y gritos habían sido espuma, humo de paja, nada». (Pío Baroja, El árbol de la ciencia)
La explosión del Maine 
motivó la declaración de guerra 
de EE.UU. contra España
 Pío Baroja nos cuenta en este fragmento de su novela "El árbol de la ciencia" cómo reaccionan el protagonista, Andrés Hurtado, y la sociedad española ante los sucesos  que llevaron al "Desastre" de 1898, conflicto que terminó con la independencia de Cuba y la pérdida de las colonias en América y Asia (Puerto Rico, Filipinas, Guam) y que supuso la irrupción de Estados Unidos como potencia imperialista en la política internacional.

España quedó indiferente ante un hecho que, poco después, sería considerado una nefasta consecuencia de toda una forma de hacer política, la de la Restauración. Sin embargo, Andrés, intelectual en ciernes, se siente indignado ante ese inmovilismo. Si bien en ese momento apenas nada cambió, sí empezó a cuajar una gran ruptura ideológica con el sistema político de la Restauración, inspirado por el conservador Antonio Cánovas del Castillo, que en pocos años cuajaría en una ruptura social (la Semana Trágica de 1909 y la Huelga General Revolucionaria de 1917) y en unos pocos más en una ruptura política, con el final de la monarquía y la proclamación de la Segunda República (1931).

Asesinato de Cánovas por el 
anarquista Angiolillo en 1897 
(cuadro de V. Ginés)
El "Desastre", según el historiador Manuel Tuñón de Lara (La quiebra del 98), trajo consigo la ruptura de la hegemonía ideológica del bloque oligárquico que dominaba en la Restauración: entraron en crisis la monarquía, la política colonial y el sistema canovista de los partidos de turno apoyados en una monstruosa falsificación del régimen parlamentario por medio del caciquismo.

El “Desastre” de 1898 sirvió de fulminante para emprender una revisión crítica de los valores que establecía como verdad la Restauración (concepción gloriosa del pasado basado en hechos de armas, parlamentarismo poco representativo,…) y de todos los temas concernientes a la realidad sociopolítica española (falta de educación y cultura, atraso económico, hambre,…).

Esta revisión crítica se realiza desde diversas instancias y grupos: desde los regeneracionistas a los anarquistas, desde los burgueses a los obreros y desde los intelectuales más consagrados hasta la nueva generación de escritores más jóvenes. Estas son sus principales aportaciones:

lunes, 20 de febrero de 2012

LA PROSA DEL 98: UNAMUNO Y BAROJA

A principios del siglo XX ya no se busca reflejar con exactitud la realidad (como hacían los realistas), sino que interesa más plasmar las experiencias subjetivas y los problemas de conciencia. La prosa se  vuelve impresionista, evocadora, fragmentaria.
Se cultivan la novela y el ensayo, géneros a los que se dota de gran flexibilidad. En la novela hay una gran renovación estilística y formal y caben en ella todos los demás géneros: desde las novelas de 1902 la ruptura con el objetivismo y el realismo es total. En el ensayo la variedad de asuntos (temática existencial, política, historia,...) y de tonos (desde el lirismo a la crítica) posibilitan el cultivo de un género en el que el componente subjetivo es fundamental.
Estudiaremos, entre los prosistas del 98, a Pío Baroja (autor de más de sesenta novelas en las que se alternan personajes abúlicos e inadaptados y personajes aventureros y arrogantes) y a Miguel de Unamuno (novelista y ensayista que refleja en sus obras su personalidad contradictoria). Para ello lee el libro de texto y consulta estos enlaces:
  • Presentación de clase (aquí puedes estudiar también el concepto de "generación" y la significación literaria de estos autores de principios del siglo XX).
  • Kalipedia: La prosa de la generación del 98  (hay entradas sobre Baroja, Unamuno y "Azorín", además de varios artículos e informaciones que tienes en la columna de la derecha).
Leeremos también dos cuentos de Pío Baroja que representan muy bien las obsesiones de estos autores de principios de siglo: "Parábola" y "El reloj"  

miércoles, 26 de octubre de 2011

LA HUELLA DE BÉCQUER: LA MODERNIDAD DE LAS RIMAS

-¿Qué es poesía?, dices, mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul,
¡Qué es poesía...! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.
 Toda la poesía española del siglo XX (y del XXI) tiene su punto de partida en Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870). 
Los poetas Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Miguel de Unamuno, Luis Cernuda y Rafael Alberti así lo manifestaron: se consideraron sus discípulos y valoraron la modernidad de su poesía.
Este es uno de los motivos por los que comenzaremos a leer las  Rimas, además de por sus valores propios: la profundidad de sus versos, la hondura  de su sentimiento, la delicada musicalidad, la aparente sencillez fruto de un enorme trabajo, su autenticidad.
Son setenta y seis poemas en los que Bécquer se plantea cuestiones tan eternas como personales: el amor, el dolor, la soledad, la muerte o la creación artística en sí.