jueves, 31 de mayo de 2018

GARCÍA MÁRQUEZ HABLA SOBRE «CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA»

Reproduzco a continuación un extracto de la entrevista con Gabriel García Márquez, publicada en El País (1 de mayo de 1981), en la que el autor habla en profundidad de Crónica de una muerte anunciada, con motivo de la publicación de la novela en España, Colombia y Argentina. Seguro que sus palabras os aclararán algunas cuestiones que os haya suscitado la que él consideró su «mejor novela».
«Esta es mi mejor novela, la que mejor he podido controlar», ha declarado Gabriel García Márquez a EL PAIS, en México, el mismo día en el que se ponía a la venta simultáneamente en Colombia, Argentina y España -millón y medio de ejemplares en total- su última novela, Crónica de una muerte anunciada. De la primera tirada en España, la Editorial Bruguera vendió anteayer 35.000, lo cual constituye, sin duda, un récord de lanzamiento.
Gabriel García Márquez. 
Fotografía de Jordi Socías
Pregunta. ¿No es una osadía, después del éxito de Cien años de soledad, ir diciendo por ahí que esta de ahora es su mejor novela?
Respuesta. Uno siempre cree que su mejor novela es la última, pero creo que ésta lo es en el sentido de que es una novela en la que yo he logrado hacer exactamente lo que quería. Las novelas en el camino quieren escaparse a los escritores de las manos, los personajes toman vida propia y terminan por hacer lo que les da la gana. En ninguna había tenido yo un control absoluto como en ésta. Probablemente por el tema y por la extensión. Es un tema muy riguroso, estructurado casi como una novela policiaca, y un libro muy corto. Estoy satisfecho del resultado. Yo creo que mi mejor novela anterior era El coronel no tiene quien le escriba, no Cien años de soledad, y esto lo he dicho muchas veces. Ahora creo que la mejor es ésta.
P. ¿Cree que la crítica coincidirá con su apreciación?
R. No sé si la crítica, pero los lectores, no me cabe ninguna duda.
P. ¿Cómo nació esta Crónica de una muerte anunciada?
R. Esta novela es de hace treinta años. El punto de partida es un episodio real, un asesinato que ocurrió en un pueblo de Colombia. Yo estuve muy cerca de los protagonistas del drama en un momento en que había escrito algunos cuentos, pero no había publicado aún mi primera novela. Inmediatamente me di cuenta de que tenía entre mis manos un material sumamente importante, pero mi madre lo supo y me pidió que nunca escribiera ese libro mientras estuvieran vivos algunos de sus protagonistas. Y me dijo los nombres. Yo lo fui dejando. Entonces pensé que el drama estaba terminado, pero siguió evolucionando, y siguieron sucediendo cosas. Si lo hubiera escrito entonces, hubiera quedado fuera una gran cantidad de material que es esencial para comprender mejor la historia.
P. ¿Cuándo se decidió a escribirlo?
R. Hace cinco años, después de El otoño del patriarca, cuando ya habían muerto esos protagonistas que mi madre me había dicho. Ella lo hizo pensando que iba a escribir el reportaje de ese acontecimiento. Es interesante ver ahora que la novela que salió de esa realidad no tiene nada que ver con ella.
P. ¿Hay algo de técnica periodística en la novela?

R. He utilizado una técnica de reportaje, pero en la novela ya no queda del drama mismo o de los personajes sino el punto de partida, la estructura. Los personajes no llevan su nombre ni la descripción que se hace corresponde al lugar. Todo está traspuesto poéticamente. Los únicos que tienen su nombre propio son los miembros de mi familia, porque estaba autorizado por ellos. Por supuesto que algunos personajes se van a reconocer, pero lo que a mí me interesa, y creo que debe interesar a los críticos, es la comparación entre la realidad y la obra literaria.
P. ¿No se va a prestar la novela a un juego de adivinaciones sobre quién es quién?
R. Ya está hecho. La novela apareció el lunes y una revista de Bogotá ya ha publicado un reportaje en lugar donde ocurrieron los acontecimientos, con fotografías de los supuestos protagonistas. Han hecho un trabajo que periodísticamente creo que es excelente; pero hay una cosa formidable, y es que el drama que los testigos contaron ahora a los periodistas es totalmente distinto del de la novela. Quizá no sirva la palabra totalmente. El punto de partida es el mismo, pero la evolución es diferente. Tengo la pretensión de que el drama de mi libro es mejor, está más controlado, más estructurado.
P. En alguna entrevista ha dicho que la violencia es el tema central de esta novela.
R. No recuerdo haberlo dicho, pero lo pienso de todos mis libros. La violencia en América Latina, y principalmente en Colombia, es un fenómeno de toda su historia, algo que nos viene de España. La violencia es la gran partera de nuestra historia. […]
P. Dejó de publicar por razones políticas y vuelve a hacerlo por idénticas razones. ¿Qué papel le corresponde al escritor en la política de este continente?
R. El primer deber revolucionario del escritor es escribir bien, crear una literatura que contribuya a la búsqueda de nuestra identidad. Lo que pasa es que en América Latina la situación es tan urgente que los escritores no podemos conformarnos con escribir y de pronto nos encontramos militando, aun sin quererlo, simplemente porque alguien llama a nuestra puerta y nos pide un favor.
P. Con una novela tan americana, ¿cómo se explica su éxito en otros continentes?
R. Se debe a que no me he equivocado en esa concepción de la realidad, a que estoy interpretando la realidad latinoamericana con tanta sinceridad que toca en cualquier parte. Eso produce sorpresas tales como que una señora de un pueblecito alemán, que ha leído mis libros traducidos, me escriba una carta en la que me dice que la historia que cuento es la de su pueblo. Entonces es cuando no entiendo nada.

viernes, 25 de mayo de 2018

EN EL CAMINO

Se despidieron
Y en el adiós ya estaba la bienvenida
Mario Benedetti

Con estas breves líneas quiero despedirme de todos mis alumnos de 2º de Bachillerato que han terminado el curso esta semana y desearles lo mejor en el futuro. También deseo agaradecerles públicamente el premio que me entregaron en el acto de graduación. Un fuerte abrazo para todos.
Como seguimos en el camino, deseosos de empezar otra nueva etapa, os dejo este poema de Antonio Machado que leímos a principios de curso y que  tan sugerente resulta siempre.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

jueves, 24 de mayo de 2018

«CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA», EL ANTIPOLICIAL ABSOLUTO

Os presento un texto de Ana María Shua que valora la lectura de este tercer trimestre, la excepcional novela de Gabriel García Márquez, Cronica de una muerte anunciada.  La escritora argentina realiza en esta crítica de la obra una perfecta introducción a los secretos de la magia de la escritura presentes en esta novela del autor colombiano.
Es muy recomendable leer este texto después de la lectura de la novela para penetrar en el fondo de lo que pretendió hacer García Márquez.

«Es mi mejor novela», dijo en su momento Gabriel García Márquez, «la que mejor he podido controlar». Sin embargo, sin el éxito escandaloso y merecido de Cien años de soledad tal vez no conoceríamos la felicidad que nos produce este libro. Es una historia terrible: ¿cómo es posible que tanta felicidad sea el producto de tanta desdicha? Esta es solo una de las preguntas que esta nota no intentará responder. Nada le estoy anticipando al lector si le informo que el protagonista, Santiago Nasar se despertó ese día a las 5.30 de la mañana, salió de su casa a las 6.05 y fue destazado como un cerdo una hora después. Nada importante estoy develando si le cuento que los asesinos fueron los hermanos Vicario.

Es que esta novela sobre un hecho policial es una suerte de anti-policial absoluto. Aquí no hay ningún misterio. Desde las primeras líneas, el destino de los personajes está trazado con cruel precisión. ¿Por qué seguimos leyendo, entonces?

Con El Otoño del Patriarca, una novela exagerada, desmadrada, García Márquez se propuso exacerbar sus recursos, llevarlos hasta las últimas consecuencias. En Crónica de una muerte anunciada se propone todo lo contrario. Control es la palabra que usa para presentarla y de eso se trata: ajuste, precisión. Nada de magia: todo sucede por arte de realidad.

Excepto la magia de su escritura. ¿Por qué seguimos leyendo? Por muchas razones. Por ejemplo, porque el autor sigue sacando de la galera esa prosa inclemente, esa adjetivación de aquelarre tan fácil de imitar, y que sin embargo no existía hasta que Gabo la hizo brotar de los enredos de su corazón y las entretelas de su mente lúcida.

Crónica pivotea entre realidad y ficción. Lejos del informe periodístico, utiliza sin embargo sus recursos. El autor se divierte confundiendo al público con sus declaraciones: «Mi madre me pidió que nunca escribiera ese libro mientras estuvieran vivos algunos de sus protagonistas». «Solo los nombres de mis familiares son verdaderos». El crimen real sucedió en el año 1951 en el municipio de Sucre. García Márquez estaba allí. Treinta años tuvieron que pasar para que la novela, contada en primera persona, tomara forma y sentido.

¿Por qué seguimos leyendo? Porque nos invita a conocer un mundo asombroso, lleno de personajes geniales, estrafalarios. Ojalá pudiéramos estar allí, en ese lugar extraordinario. Pero si estuviéramos, ¿qué veríamos? Un pueblo tropical y soñoliento, que despierta de vez en cuando en tristes parrandas fogoneadas por el alcohol, donde un puñado de habitantes hartos de verse las caras viven en un aburrimiento infinito. El resto es magia literaria, y de la buena.

A lo largo de cinco capítulos, el narrador va y viene en el tiempo, hacia el pasado y hacia el futuro, sin salir nunca de esas dos horas fatídicas en las que todo el pueblo supo y nadie quiso o nadie pudo contarle a Santiago Nasar que los hermanos Vicario lo estaban esperando para matarlo. Como una baba de caracol, Santiago va dejando a su paso un rastro brillante de fatalidad. Y el lector lo sigue, fascinado.

viernes, 18 de mayo de 2018

EL ENSAYO SEGÚN MICHEL DE MONTAIGNE

Me he constituido a mí mismo como argumento y sujeto de mi libro
Montaigne, Ensayos, Lib. I, Ens. 50
Entre los textos argumentativos que nos ocupan ahora en clase, vamos a detenernos en el ensayo, un tipo de texto escrito en el que el autor expone y justifica sus ideas sobre un tema con la intención de hacer reflexionar al lector. Como género, el ensayo nació con el escritor francés Michel de Montaigne. Para caracterizar el género vamos a leer un fragmento de su obra Ensayos que resulta muy clarificador.
Michel de Montaigne
Es el juicio un instrumento necesario en el examen de toda clase de asuntos, por eso yo lo ejercito en toda ocasión en estos ensayos. Si se trata de una materia que no entiendo, con mayor razón me sirvo de él, sondeando el vado desde lejos; y luego, si lo encuentro demasiado profundo para mi estatura, me detengo en la orilla. El convencimiento de no poder ir más allá es un signo del valor del juicio, y de los de mayor consideración. A veces imagino dar cuerpo a un asunto baladí e insignificante, buscando en qué apoyarlo y consolidarlo; otras, mis reflexiones pasan a un asunto noble y discutido en el que nada nuevo puede hallarse, puesto que el camino está tan trillado que no hay más recurso que seguir la pista que otros recorrieron. En los primeros el juicio se encuentra como a sus anchas, escoge el camino que mejor se le antoja, y entre mil senderos decide que éste o aquél son los más convenientes. Elijo al azar el primer argumento. Todos para mí son igualmente buenos y nunca me propongo agotarlos, porque a ninguno contemplo por entero: no declaran otro tanto quienes nos prometen tratar todos los aspectos de las cosas. De cien miembros y rostros que tiene cada cosa, escojo uno, ya para acariciarlo, ya para desflorarlo y a veces para penetrar hasta el hueso. Reflexiono sobre las cosas, no con amplitud sino con toda la profundidad de que soy capaz, y las más de las veces me gusta examinarlas por su aspecto más inusitado. Me atrevería a tratar a fondo alguna materia si me conociera menos y me engañara sobre mi impotencia. Soltando aquí una frase, allá otra, como partes separadas del conjunto, desviadas, sin designio ni plan, no se espera de mí que lo haga bien ni que me concentre en mí mismo. Varío cuando me place y me entrego a la duda y a la incertidumbre, y a mi manera habitual que es la ignorancia. […] Y encontrándome totalmente desprovisto y vacío de otra materia, me he constituido a mí mismo como argumento y sujeto de mi libro.
Los rasgos del género, que ya están apuntados en las palabras del autor francés, son los siguientes:
  • Actitud reflexiva. El escritor se propone indagar sobre un tema y hacer partícipe al lector de su reflexión: Es el juicio un instrumento necesario en el examen de toda clase de asuntos.
  • Carácter expositivo y argumentativo. No solo presenta sus ideas, sino que las razona y las justifica: A veces [...] buscando en qué apoyarlo y consolidarlo; otras [...] no hay más recurso que seguir la pista que otros recorrieron.
  • Amplitud temática. El género permite tratar todo tipo de temas, cualquier asunto puede ser objeto de un ensayo: A veces imagino dar cuerpo a un asunto baladí e insignificante [...]; otras, mis reflexiones pasan a un asunto noble y discutido.
  • No busca la exhaustividad. En un ensayo, la intención del autor no es exponer todo lo que sabe sobre un tema: Nunca me propongo agotarlos [los temas], porque a ninguno contemplo por entero: no declaran otro tanto quienes nos prometen tratar todos los aspectos de las cosas.
  • Profundidad en el análisis. Interesa sobre todo penetrar en el sentido de las cosas, llegar más allá de lo superficial y descubrir aquello que no es evidente o ya sabido: De cien miembros y rostros que tiene cada cosa, escojo uno, ya para acariciarlo, ya para desflorarlo y a veces para penetrar hasta el hueso. Reflexiono sobre las cosas, no con amplitud sino con toda la profundidad de que soy capaz.
  • Subjetividad. Predomina el tratamiento personal de los temas, la visión personal de la realidad, haciendo referencias a las experiencias e impresiones del autor: El juicio [...]  escoge el camino que mejor se le antoja, y entre mil senderos decide que éste o aquél son los más convenientes. [...] Me he constituido a mí mismo como argumento y sujeto de mi libro.
  • Libertad en la estructura, el tono y el estilo. El autor goza de completa libertad para organizar el texto como quiere, para adoptar el tono que prefiera y para expresarse como desea: Soltando aquí una frase, allá otra, como partes separadas del conjunto, desviadas, sin designio ni plan, no se espera de mí que lo haga bien ni que me concentre en mí mismo.[...] De cien miembros y rostros que tiene cada cosa, escojo uno, ya para acariciarlo, ya para desflorarlo y a veces para penetrar hasta el hueso
[Esta entrada reproduce casi textualmente lo recogido en el libro de Lengua castellana y Literatura de 4º de ESO de la editorial Akal (año 2003), páginas 156 y 157]