jueves, 17 de octubre de 2013

LA POESÍA EN LAS «RIMAS» DE BÉCQUER

«Joven romántica»
Dibujo de G.A. Bécquer
 Tomado de CVC
Bécquer expresa en varias de sus rimas lo que significa la poesía para él. La poesía es anterior al poema («espíritu sin nombre, / indefinible esencia» [Rima V]) y puede estar fuera del poeta («podrá no haber poetas / pero siempre habrá poesía» [Rima IV]). La poesía está en la naturaleza, en el misterio, en el sentimiento y en la mujer. Estos son los grandes temas de las Rimas y se enuncian en las estrofas de esa Rima IV ya citada. La naturaleza se concreta en el canto a la luz, los perfumes y armonías del aire o la primavera; todo lo que la humanidad perciba como un enigma o un misterio será poesía también; las risas, los lamentos, los suspiros, las incertidumbres, las esperanzas y recuerdos igualmente son poesía; el amor y la mujer son la poesía y los tres "forman un triángulo en el que cada uno de los lados se prolonga sobre el otro hasta confundirse" (en palabras de Enrique Rull).
La identificación de mujer y poesía es constante en las Rimas. La poesía es el sentimiento y el sentimiento es la mujer:
¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía eres...tú
[Rima XXI]
Pero esta mujer no es cualquiera, no es real, es un ideal. En la Rima XI  dialoga con dos mujeres reales, la morena ardiente y apasionada y la rubia pálida y tierna, pero no son ellas las que persigue el poeta. Bécquer habla también con la mujer ideal que, sin embargo, se esfuma en un sueño, en un imposible:
-Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible;
no puedo amarte.
                                                  -¡Oh, ven, ven tú!
[Rima XI]
«La musa y el poeta»
Dibujo de G. A. Bécquer
Tomado de CVC
La búsqueda de un imposible es también la lucha del poeta con el idioma. La dificultad de la expresión poética, las carencias y limitaciones del lenguaje son temas repetidos en sus Rimas. Él querría que las palabras fuesen a un tiempo «suspiros y risas, colores y notas» y constata que el idioma es mezquino para tan alto fin [Rima I]. Él desearía que el genio creador despertara con «la mano de nieve» que arrancara las notas que están dormidas dentro de uno [Rima VII]. Él sabe, en fin, que la tarea del poeta es la de un ser elegido: sólo al creador, al «genio», le es dada la facultad de unir la inspiración («embriaguez divina / del genio creador») con la razón («gigante voz que el caos / ordena en el cerebro») como nos dice en la Rima III.
A pesar de que Bécquer declaró en las Cartas literarias a una mujer que no era «muy fuerte en esto de las definiciones», sí que estos versos que hemos leído y comentado nos acercan a lo que es para él la poesía.

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