El espíritu romántico,
profundamente idealista, insatisfecho y rebelde, nos ha legado la
creación o la revitalización de personajes literarios que plasman sus
inquietudes y su visión del mundo. Entre sus páginas abundan bandoleros y gitanas (como en Carmen, la novela de Mérimée); piratas y corsarios (protagonistas de numerosas leyendas y canciones); caballeros medievales (como Ivanhoe de Walter Scott, novela en la que también aparece Robin Hood); damas sensibles y enamoradizas (como La dama de las camelias de Dumas) y jóvenes suicidas (como Werther, el personaje de Goethe).
Entre todos ellos nos fijaremos en tres personajes representativos de este espíritu romántico, convertidos hoy en mitos de la modernidad e inspiradores de numerosas obras literarias, musicales, artísticas y cinematográficas (entre las que se encuentran los carteles de las películas que sirven para ilustrar esta entrada). Son don Juan, Fausto y Frankenstein.
Entre todos ellos nos fijaremos en tres personajes representativos de este espíritu romántico, convertidos hoy en mitos de la modernidad e inspiradores de numerosas obras literarias, musicales, artísticas y cinematográficas (entre las que se encuentran los carteles de las películas que sirven para ilustrar esta entrada). Son don Juan, Fausto y Frankenstein.


Fausto, protagonista ya de una antigua leyenda germánica, es un sabio, astrólogo y alquimista, que, insatisfecho con su vida, pacta con el diablo y vende su alma a cambio de la sabiduría y los placeres mundanos. Goethe inmortalizó a este personaje en su obra de teatro y lo convirtió en símbolo de la humanidad, que yerra cuando actúa, pero que debe actuar para encontrar la salvación. En la obra se plantean cuestiones capitales para la humanidad: ¿cuáles son los límites del saber?, ¿es posible el conocimiento sin la acción?, ¿en qué medida somos reflejo de lo divino?,...

Don Juan, Fausto y Frankenstein son protagonistas de obras que siguen inquietando a los lectores de hoy. Es una buena oportunidad para acercarnos a alguna de ellas.
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