viernes, 27 de marzo de 2020

DISTANTEMENTE JUNTOS (X): TEATRO, TEATRO, TEATRO

Celebramos hoy el Día del Teatro en una situación muy diferente a los años pasados, con todos los espectadores encerrados en sus casas y todos los teatros vacíos con su luz testigo.



Entre las diferentes iniciativas que nos llegan desde las redes escojo esta del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música que nos permite ver algunos de sus espléndidos montajes de los últimos años en este enlace de su Teatroteca.
Enlazo el vídeo de La ternura de Alfredo Sanzol, basada en La tempestad de William Shakespeare,  y que en palabras de Julio Escalada "es una obra dramática basada en un extenso y desarrollado cuento de hadas. Es un firme texto dramático sólidamente acrisolado en una acción; desarrollado en una trama con un manifiesto y determinado fin; un texto que se conduce por continuos nudos y giros sorprendentes, causantes de nuevas expectativas; con personajes vivos, muy vivos, que obran como roles y sienten y padecen arrebatadas pasiones como personajes de mucha carne y duro hueso; escrito en un estilo culto y prosaico, según convenga a la situación y al estado de los personajes; que elige un género, el cómico, corolario de un marivaudage doblegado a un barroco, endiabladamente barroquista".
¡Feliz Día del Teatro!

Para ver la obra en Vimeo hay que abrir este enlace.

jueves, 26 de marzo de 2020

DISTANTEMENTE JUNTOS (IX): LAS EQUIVALENCIAS DEL TIEMPO, POR FERNANDO LEÓN DE ARANOA

Hoy traigo una reflexión sobre la vivencia del tiempo, especialmente sugerente en estos días en que parece detenerse el tiempo. La escribió el guionista y director de cine Fernando León de Aranoa en su espléndido libro Aquí yacen dragones.

Las equivalencias del tiempo

Fuente de la ilustración
Sesenta segundos son casi setenta en las salas de espera de los hospitales, ochenta en las habitaciones vacías del desempleo, noventa en los cuartitos oscuros, pentagonales, de la tortura. Un mes en la cárcel son tres al otro lado del muro, nueve si afuera lo espera a uno un hijo, doce cuando se está enamorado. Un año en el exilio son cinco en la casa de uno, con su parque próximo en otoño, con su panadería habitual y su paseo a media tarde. Tres horas son seis en un control militar, nueve cuando se está de rodillas, pidiendo, en las aceras céntricas de la pobreza. Un minuto son diez ante el gatillo del asesino.

Pero la vida, esta vida sin ti, no acaba nunca.

miércoles, 25 de marzo de 2020

DISTANTEMENTE JUNTOS (VIII): GENEROSIDAD RECOMPENSADA, POR IRENE VALLEJO

Fuente de la fotografía
Comparto hoy con los lectores del blog una reflexión de Irene Vallejo sobre la generosidad y la solidaridad que en estos duros y complicados días tanto alivian las penas. Como es característico en sus columnas periodísticas, rememora las palabras de los autores griegos y latinos que ya nos hablaron en el pasado de las cuestiones que tanto nos importan en el presente.


Generosidad recompensada

Cuando llegan los años difíciles, todos nos sentimos divididos entre la lucha individual por salir adelante y el deseo de construir una realidad en equilibrio más justo y duradero. Solidaridad y egoísmo son los dos polos entre los que oscilamos en épocas de inclemencias, y, en el fondo, tanto al asociarnos como al ensimismarnos, buscamos lo mismo: estar a salvo. Siempre queda preguntarse por cuál de las dos vías alcanzaremos la seguridad, el añorado refugio.

Los filósofos de la Antigüedad tomaron claro partido ante este interrogante. Aristóteles afirmó que somos seres para la vida en común. No podemos olvidar, aseguraba, los vínculos que ciñen la felicidad a la justicia, el individuo al grupo. Nos conviene formar sociedades donde tengan cabida el cobijo y la seguridad, así expandimos nuestra posibilidad de convivencia y de felicidad. Siglos después, Séneca escribió que la gratitud revierte sobre sí misma: "Todos cuantos favorecen a otro, se favorecen a sí mismos, porque el socorrido querrá socorrer y el defendido proteger, y el buen ejemplo retorna, describiendo un círculo, hacia el que lo da, igual que los malos ejemplos acaban recayendo sobre sus autores". Al hacer un servicio a los demás, contribuimos a crear una red asistencial que, llegado el caso, podrá sostenernos a nosotros mismos. Por separado somos hebras sueltas en una enmarañada madeja, y solo nos protegemos si nos entretejemos. Quién sabe si en las cambiantes fortunas del tiempo, con sus quiebras, devaluaciones y pérdidas, lo que hemos dado resultará ser la más segura de nuestras inversiones.

martes, 24 de marzo de 2020

DISTANTEMENTE JUNTOS (VII): EXPLORADORES DE LO INAUDITO AL ESTILO DE RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

Estos días sin clase presencial, enredados en los correos electrónicos, las videoconferencias, las carpetas compartidas y los blogs, y encerrados en la dura cuarentena, acumulamos sensaciones y estados de ánimo muy confusos y contradictorios. Son resultado de una experiencia que nos resulta completamente nueva y de la que aprendemos constantemente. Como en algún momento echaremos de menos el ingenio y el humor en este tiempo insólito, os traigo este "capricho" de Ramón Gómez de la Serna. Los "caprichos", según él, eran divertimentos que juntó en un libro de narraciones imaginarias puras con mucho de absurdo. "El turista excepcional" es un explorador de lo inaudito en un mundo en el que todos ven lo mismo. Seguro que esa mirada distinta y diferente nos hace ver las cosas de otra manera. Y cuando podamos viajar, a lo mejor, también podemos imitar a este personaje singular

Dibujo de Ramón Gómez de la Serna (De "Simultaneísmo", Ismos, 1931)


EL TURISTA EXCEPCIONAL

Ser un turista cualquiera no vale la pena, pues todo lo que se descubre está como estaba en los libros de estampas. El turista excepcional sorprendía las cosas en su momento inesperado. En la celosía del palacio del Arzobispo veía una virreina asomada. A la torre inclinada de Pisa la veía en ese momento del amanecer en que se despereza y se pone derecha unos instantes. Y a la torre Eiffel la había sorprendido en ese momento en que, como una jirafa que baja la cabeza, se pone a comer hierba en el Campo de Marte.
En Pompeya había sorprendido al poeta de la casa del poeta dramático, escribiendo una tragedia. Y al oráculo de Delfos le había oído hablar solo, como a un speaker frente a un micrófono. Todas esas cosas extraordinarias le sucedían al turista excepcional cuando iba solo y por eso nadie le creía sus cuentos de viaje. Él, sin embargo, no podía por  menos de contar sus hallazgos fantásticos:

-Una vez en Londres sorprendí al reloj de Westminster cuando se bebe un vaso de whisky pasada la media noche.

-Una vez en el Japón vi cómo los bambúes se paseaban como ibis verdes y pescaban ranas por su cuenta...

Todos sonreían al oír los cuentos del turista excepcional. Pero a él le quedaba la satisfacción íntima de saber que todo aquello que contaba era cierto y seguía haciendo sus viajes de explorador de lo inaudito.

lunes, 23 de marzo de 2020

DISTANTEMENTE JUNTOS (VI): LA LITERATURA, LA VERDADERA VIDA



La verdadera vida, la vida por fin descubierta y aclarada, la única vida, por consiguiente, plenamente vivida, es la literatura.
Marcel Proust, En busca del tiempo perdido (VII)

En estos días de encierro, en los que parece que el tiempo se detiene y todo nos resulta extraño, muchos están volviendo a la literatura, eso que no servía para nada, y que, sin embargo, como ya escribió Marcel Proust es "la verdadera vida", la posesión más honda de sus días y su mundo. 
Y nuestros clásicos, Cervantes y Quevedo, también nos recordaron el poder de entretenimiento y de conocimiento que nos aportan siempre los libros, en la lectura en común con otros o en la soledad del retiro.
A leer se ha dicho.

Y como el cura dijese que los libros de caballerías que don Quijote había leído le habían vuelto el juicio, dijo el ventero:
—No sé yo cómo puede ser eso, que en verdad que, a lo que yo entiendo, no hay mejor letrado en el mundo, y que tengo ahí dos o tres dellos, con otros papeles, que verdaderamente me han dado la vida, no solo a mí, sino a otros muchos. Porque cuando es tiempo de la siega, se recogen aquí las fiestas muchos segadores, y siempre hay algunos que saben leer, el cual coge uno destos libros en las manos, y rodeámonos dél más de treinta y estámosle escuchando con tanto gusto, que nos quita mil canas. A lo menos, de mí sé decir que cuando oyo decir aquellos furibundos y terribles golpes que los caballeros pegan, que me toma gana de hacer otro tanto, y que querría estar oyéndolos noches y días.
—Y yo ni más ni menos —dijo la ventera—, porque nunca tengo buen rato en mi casa sino aquel que vos estáis escuchando leer, que estáis tan embobado, que no os acordáis de reñir por entonces.
—Así es la verdad —dijo Maritornes—, y a buena fe que yo también gusto mucho de oír aquellas cosas, que son muy lindas, y más cuando cuentan que se está la otra señora debajo de unos naranjos abrazada con su caballero, y que les está una dueña haciéndoles la guarda, muerta de envidia y con mucho sobresalto. Digo que todo esto es cosa de mieles.
—Y a vos ¿qué os parece, señora doncella? —dijo el cura, hablando con la hija del ventero.
—No sé, señor, en mi ánima —respondió ella—. También yo lo escucho, y en verdad que aunque no lo entiendo, que recibo gusto en oíllo; pero no gusto yo de los golpes de que mi padre gusta, sino de las lamentaciones que los caballeros hacen cuando están ausentes de sus señoras, que en verdad que algunas veces me hacen llorar, de compasión que les tengo.

Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, I, capítulo 32

SONETO DESDE LA TORRE DE JUAN ABAD
         Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos.

         Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

         Las grandes almas, que la muerte ausenta,
de injurias de los años vengadoras,
libra, ¡oh gran don Joseph!, docta la imprenta.

         En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquélla el mejor cálculo cuenta
que en la lección y estudios nos mejora.
Francisco de Quevedo