lunes, 15 de mayo de 2017

MODELO DE COMENTARO DE UN TEXTO LÍRICO: LA RIMA LII DE BÉCQUER



El autor de este poema es Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836-Madrid, 1870). Es la rima LII de su libro Rimas, obra póstuma publicada por sus amigos en 1871, que rápidamente alcanzó un gran éxito. Aunque no pudo ver en vida editado el conjunto de su obra poética porque desapareció el manuscrito que había preparado para su publicación en 1868, sus poemas habían sido publicados en distintas revistas entre 1859 y 1868.
Este poema abre la cuarta serie de las Rimas, poemas de la angustia desesperanzada y del dolor, muy representativos del sentimiento íntimo de Bécquer, pero muy diferentes de las otras tres series de las que está compuesta la obra. Es una muestra muy notable del Romanticismo tardío, muy diferente al movimiento romántico de la primera mitad del siglo XIX, tanto en los temas como en el lenguaje empleado.
El texto pertenece al género lírico por la expresión del sentimiento y se aprecian en todos sus versos tanto la función expresiva (por la emoción con que el poeta transmite sus sentimientos) como la poética (por el especial cuidado de la forma).
El poema está compuesto por cuatro estrofas. El contenido de las tres primeras es similar y aparece expresado de forma paralelística. En cada una de ellas el poeta invoca a las «olas» (primera estrofa), al «huracán» (segunda) y a las «nubes de tempestad» (tercera), para que se lleven al poeta envuelto en espumas (primera estrofa) arrastrado en el torbellino (segunda) y «arrebatado entre la niebla» (tercera). En la cuarta estrofa, a modo de conclusión, reitera la petición que le salvará, acaso, de su soledad y de su dolor. La ruptura del paralelismo en esta estrofa y su tono más dolorido hacen que se aprecien dos partes claramente diferenciadas en el poema: los doce primeros versos por un lado y el emotivo cierre de la última estrofa por otro.
Los temas tratados en esta rima son la huida del mundo (el deseo de ser arrebatado del mundo para incorporarse a la naturaleza), los deseos de morir para que se cumpla tal deseo y juntamente con ello la pérdida de la conciencia, de la razón y de la memoria, que dicen cuál es la condición del poeta: soledad y dolor. Para ello, el poeta se dirige en primera persona a una segunda persona del plural, los elementos de la naturaleza, con un tono dolorido y desesperanzado.
Las cuatro estrofas, que no pertenecen al inventario de las estrofas clásicas, constan de tres versos endecasílabos (de arte mayor) y un verso final heptasílabo (de arte menor) que expresa más intensamente la súplica y el dolor. Aparte de varias sinalefas, cabe señalar que el cómputo métrico se ve alterado en los versos quinto (se suma una sílaba métrica por ser aguda la última palabra) y decimotercero (se resta una sílaba por ser esdrújula). La rima es asonante en todos los versos pares (ó-a). La brevedad, la asonancia, la combinación de distintos versos y el uso de formas estróficas distintas a las clásicas son rasgos característicos de las poesías de Bécquer. En el análisis del nivel fónico es destacable también el empleo de la aliteración de /r/ a lo largo del poema para conferirle violencia y fuerza.
La rima se sustenta en la invocación de una primera persona (pronombre personal «me», posesivo «mi», formas verbales) a una segunda persona («olas», «huracán», «nubes») que aparece personificada («vosotras»), aunque no es humana, con lo que las palabras no serán oídas y se reforzará el patetismo. Este efecto se completa con el uso del imperativo, el modo de las órdenes y de los mandatos, y las repeticiones del estribillo («llevadme con vosotras») y de la palabra «piedad».
En cuanto al léxico de esta rima LII destaca el contraste entre los elementos de la naturaleza activos («olas», «huracán», tempestad») y violentos («bramando», «arrebatáis», «rompe») y las referencias al propio poeta que está a merced de esas fuerzas («envuelto», «arrastrado», «arrebatado»). Sin embargo, ni esa energía ni esa fuerza le conceden lo que pide el indefenso poeta. Junto a la violencia está muy presente en todo el poema la idea de aniquilación, de muerte. Son varios los sustantivos y adjetivos calificativos que están connotados en este sentido (la «sábana de espumas» recuerda los sudarios, las «hojas marchitas», las «desprendidas orlas»,…).
La sintaxis del poema está marcada por las oraciones exclamativas y por la construcción paralelística. Las oraciones exclamativas, propias de la función expresiva del lenguaje, están presentes en los versos heptasílabos y en los que cierran el poema y subrayan los sentimientos de deseo, emoción y dolor presentes en la rima. El paralelismo de las tres primeras estrofas acentúa igualmente la intensidad de la petición y de la emoción del autor. En las tres se repite la misma estructura sintáctica en sus cuatro versos:
-primero y segundo: vocativo (sustantivo + adjetivo o complemento del nombre) + oración subordinada de adjetivo (relativo «que» + verbo en segunda persona);
-tercero: participio en función de complemento predicativo + complemento circunstancial;
-cuarto: imperativo + complemento circunstancial (repetido y exclamativo).
En la última estrofa rompe con este paralelismo, característica usual en Bécquer, y con un ritmo más rápido y precipitado en la explicación de las razones de su deseo se produce un desbordamiento de las emociones.
Tanto los aspectos temáticos como los formales son claramente románticos. Los temas (la soledad y el dolor del individuo frente al mundo, la conciencia de que el mundo no es como se desea, los anhelos de abandono, olvido y muerte), la tonalidad sentimental y el subjetivismo son rasgos definitorios del Romanticismo intimista. La métrica, la humanización de la naturaleza y un lenguaje sumamente expresivo son igualmente característicos de este movimiento literario.
La rima LII expresa en muy pocas palabras y de manera muy acertada los sentimientos más radicales de Bécquer: huida del mundo, dolor y deseo de muerte. El lenguaje empleado es muy sugerente al hacer partícipe de los sentimientos del poeta a los elementos de la naturaleza. En definitiva, es una muestra notable de la literatura romántica y de su autor.

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