martes, 23 de marzo de 2021

CONSEJOS PARA LA REDACCIÓN DE UN TEXTO ARGUMENTATIVO


Después de estudiar y leer textos argumentativos, vamos a poner en práctica lo aprendido con la preparación y realización de una argumentación escrita. 

El objetivo de la argumentación es convencer al receptor de una idea (o tesis) que debe defenderse con diferentes razonamientos (o argumentos). Para ello es útil seguir estos consejos:

  • A partir de un tema o asunto de interés para vosotros (ecología, redes sociales, hábitos de salud, política,...) que resulte polémico, hay que optar por una postura concreta (a favor o en contra, por ejemplo, de tal cuestión).
  • Después conviene preparar minuciosamente el contenido de la argumentación consultando diversas fuentes de información (libros de texto, revistas, enciclopedias, Internet,…), teniendo siempre bien claro el propósito de la argumentación.
  • Es conveniente presentar la argumentación con un título sugerente.
  • También es aconsejable presentar al principio, junto al tema, la tesis que se va a defender.
  • Los argumentos que vamos a emplear en la exposición escrita deben ser variados: datos, ejemplos, citas o argumentos de autoridad, experiencia personal, razonamientos lógicos, contrargumentos o refutaciones, comparaciones,... Han de evitarse las falacias, las descalificaciones personales y los prejuicios.
  • El texto debe recoger ordenadamente los argumentos empleados para defender la tesis propia y las refutaciones a aquellos que sostienen ideas contrarias al respecto del tema tratado.
  • Es aconsejable dividir el texto en párrafos. Cada párrafo debe desarrollar al menos un argumento de forma completa.
  • Deben utilizarse diferentes marcadores textuales que ayuden para pasar de un argumento a otro, para estructurar el texto y para estructurar las ideas.
  • Para cerrar la argumentación conviene realizar un resumen breve que corrobore la tesis inicial.
  • Es recomendable utilizar en el texto verbos que expresen opinión como creer, pensar, juzgar, opinar, parecer,… Igualmente deben usarse diferentes marcas de subjetividad (verbos en primera persona, léxico valorativo, connotaciones,…) que ayuden a reforzar el punto de vista personal.
  • También es interesante expresar las ideas con claridad para lo que debe prestarse especial atención a la sintaxis.
  • Es conveniente elaborar primero un borrador. A partir de ahí es más fácil redactar el texto que se va a entregar. Antes de la entrega del texto definitivo hay que someterlo a una nueva revisión para corregir todos los aspectos que sean mejorables: puntuación, ortografía, estructura, vocabulario empleado, sintaxis,…

lunes, 8 de marzo de 2021

EMILIA PARDO BAZÁN, PIONERA DEL FEMINISMO

Emilia Pardo Bazán (archivo de La vanguardia)

Muchos de los artículos y los cuentos de Emilia Pardo Bazán nos muestran a una autora preocupada por la situación de la mujer a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Y, lamentablemente, muchos de ellos siguen siendo actuales. Por ejemplo, ella ya habló  de los «mujericidios» (o feminicidios), del acoso sexual, de la reivindicación del trabajo de la mujer fuera del ámbito doméstico, del derecho al voto de las mujeres y de la discriminación que sufrían en la educación. Algunas de estas  cuestiones están  superadas pero otras están pendientes todavía, más de cien años después de sus escritos. Y, por eso, las seguimos recordando en un día reivindicativo como el de hoy.


La autora gallega muestra en sus cuentos una actitud crítica y feminista ante la los problemas vividos por las mujeres de su tiempo en nuestro país, cuando muy pocos lo hacían. En El indulto nos habla de la situación de las mujeres maltratadas, del terror al maltrato físico, de los errores de la justicia que no ayuda ni protege a las víctimas. En El encaje roto critica la falta de libertad de las mujeres solteras a elegir marido y las actitudes violentas de muchos varones. En Piña denuncia la situación de explotación en la que viven muchas mujeres a manos de sus maridos o tiranos. En La culpable y Tío Terrones critica la presión y la censura de la sociedad patriarcal que castigan a las mujeres que  ponen en entredicho su honra. En La flor seca o La careta rosa retrata cómo las mujeres son controladas obsesivamente por sus maridos. En Feminista critica la desigualdad de derechos entre hombres y mujeres y la violencia característica de la sociedad machista.

Además de los cuentos anteriores, hoy invito a leer Las medias rojas, un relato breve que nos presenta a Ildara, una joven gallega, que no va a poder lograr su sueño de emigrar a América para salir de la pobreza por culpa de la violencia de su padre, reflejo de una sociedad patriarcal. Como señala la profesora María Elena Ojea Fernández en Narrativa feminista en los cuentos de la condesa de Pardo Bazán, las similitudes de este relato con Tristana de Pérez Galdós, son significativas. Ildara y Tristana son víctimas del poder patriarcal, desempeñado, bien por el padre, bien por el marido. El resultado es el mismo: la anulación total de la autoestima femenina y la imposibilidad de realizarse por sí mismas. Tristana acaba coja, Ildara tuerta. No hay futuro para ellas.

Las medias rojas

Cuando la rapaza entró, cargada con el haz de leña que acababa de merodear en el monte del señor amo, el tío Clodio no levantó la cabeza, entregado a la ocupación de picar un cigarro, sirviéndose, en vez de navaja, de una uña córnea, color de ámbar oscuro, porque la había tostado el fuego de las apuradas colillas.

Ildara soltó el peso en tierra y se atusó el cabello, peinado a la moda «de las señoritas» y revuelto por los enganchones de las ramillas que se agarraban a él. Después, con la lentitud de las faenas aldeanas, preparó el fuego, lo prendió, desgarró las berzas, las echó en el pote negro, en compañía de unas patatas mal troceadas y de unas judías asaz secas, de la cosecha anterior, sin remojar. Al cabo de estas operaciones, tenía el tío Clodio liado su cigarrillo, y lo chupaba desgarbadamente, haciendo en los carrillo dos hoyos como sumideros, grises, entre el azuloso de la descuidada barba.

Sin duda la leña estaba húmeda de tanto llover la semana entera, y ardía mal, soltando una humareda acre; pero el labriego no reparaba: al humo ¡bah!, estaba él bien hecho desde niño. Como Ildara se inclinase para soplar y activar la llama, observó el viejo cosa más insólita: algo de color vivo, que emergía de las remendadas y encharcadas sayas de la moza… Una pierna robusta, aprisionada en una media roja, de algodón…

-¡Ey! ¡Ildara!

-¡Señor padre!

-¿Qué novidá es esa?

-¿Cuál novidá?

-¿Ahora me gastas medias, como la hirmán del abade?

Incorporóse la muchacha, y la llama, que empezaba a alzarse, dorada, lamedora de la negra panza del pote, alumbró su cara redonda, bonita, de facciones pequeñas, de boca apetecible, de pupilas claras, golosas de vivir.

Las medias rojas de seda de Paul Signac

-Gasto medias, gasto medias -repitió sin amilanarse-. Y si las gasto, no se las debo a ninguén.

-Luego nacen los cuartos en el monte -insistió el tío Clodio con amenazadora sorna.

-¡No nacen!… Vendí al abade unos huevos, que no dirá menos él… Y con eso merqué las medias.

Una luz de ira cruzó por los ojos pequeños, engarzados en duros párpados, bajo cejas hirsutas, del labrador… Saltó del banco donde estaba escarrancado, y agarrando a su hija por los hombros, la zarandeó brutalmente, arrojándola contra la pared, mientras barbotaba:

-¡Engañosa! ¡engañosa! ¡Cluecas andan las gallinas que no ponen!

Ildara, apretando los dientes por no gritar de dolor, se defendía la cara con las manos. Era siempre su temor de mociña guapa y requebrada, que el padre la mancase, como le había sucedido a la Mariola, su prima, señalada por su propia madre en la frente con el aro de la criba, que le desgarró los tejidos. Y tanto más defendía su belleza, hoy que se acercaba el momento de fundar en ella un sueño de porvenir. Cumplida la mayor edad, libre de la autoridad paterna, la esperaba el barco, en cuyas entrañas tanto de su parroquia y de las parroquias circunvecinas se habían ido hacia la suerte, hacia lo desconocido de los lejanos países donde el oro rueda por las calles y no hay sino bajarse para cogerlo. El padre no quería emigrar, cansado de una vida de labor, indiferente de la esperanza tardía: pues que se quedase él… Ella iría sin falta; ya estaba de acuerdo con el gancho, que le adelantaba los pesos para el viaje, y hasta le había dado cinco de señal, de los cuales habían salido las famosas medias… Y el tío Clodio, ladino, sagaz, adivinador o sabedor, sin dejar de tener acorralada y acosada a la moza, repetía:

-Ya te cansaste de andar descalza de pie y pierna, como las mujeres de bien, ¿eh, condenada? ¿Llevó medias alguna vez tu madre? ¿Peinóse como tú, que siempre estás dale que tienes con el cacho de espejo? Toma, para que te acuerdes…

Y con el cerrado puño hirió primero la cabeza, luego, el rostro, apartando las medrosas manecitas, de forma no alterada aún por el trabajo, con que se escudaba Ildara, trémula. El cachete más violento cayó sobre un ojo, y la rapaza vio como un cielo estrellado, miles de puntos brillantes envueltos en una radiación de intensos coloridos sobre un negro terciopeloso. Luego, el labrador aporreó la nariz, los carrillos. Fue un instante de furor, en que sin escrúpulo la hubiese matado, antes que verla marchar, dejándole a él solo, viudo, casi imposibilitado de cultivar la tierra que llevaba en arriendo, que fecundó con sudores tantos años, a la cual profesaba un cariño maquinal, absurdo. Cesó al fin de pegar; Ildara, aturdida de espanto, ya no chillaba siquiera.

Salió fuera, silenciosa, y en el regato próximo se lavó la sangre. Un diente bonito, juvenil, le quedó en la mano. Del ojo lastimado, no veía.

Como que el médico, consultado tarde y de mala gana, según es uso de labriegos, habló de un desprendimiento de la retina, cosa que no entendió la muchacha, pero que consistía… en quedarse tuerta.

Y nunca más el barco la recibió en sus concavidades para llevarla hacia nuevos horizontes de holganza y lujo. Los que allá vayan, han de ir sanos, válidos, y las mujeres, con sus ojos alumbrando y su dentadura completa…

jueves, 25 de febrero de 2021

LA VITALIDAD DE «CARPE DIEM» Y DE «COLLIGE, VIRGO, ROSAS» EN NUESTRA LITERATURA

El nacimiento de Venus de Sandro Botticelli

La vitalidad de tópicos literarios como el «carpe diem» y el «collige, virgo, rosas» ha sido comentada en clase estos días a propósito de la lectura de los poemas de Garcilaso de la Vega, en especial de su soneto XXIII. Resuenan en él los versos de dos de los poetas más admirados por los humanistas y los poetas renacentistas del siglo XVI, Horacio y Ausonio. La oda de Horacio en que aparece formulado por primera vez el «carpe diem» dice así: «Dum loquimur, fugerit invidia / aetas: carpe diem, quam minimum credula postero" (Mientras hablamos huye la edad envidiosa: agarra el día, no te fíes apenas del dudoso mañana). El célebre poema de Ausonio «El nacimiento de las rosas» concluye con estos versos: «Collige, virgo, rosas dum flos novus et nova pubes / et memor esto aevum sic properare tuum» (Coge las rosas, muchacha, mientras está fresca tu juventud, pero no olvides que así se desliza también tu vida). Y resuenan también los versos del poeta italiano Bernardo Tasso que les sirvieron de inspiración a Garcilaso y los poetas posteriores.

El tópico siguió vivo durante el Renacimiento y el Barroco (en especial en los sonetos de Góngora y de sor Juana Inés de la Cruz)  y ha llegado hasta los poetas de la segunda mitad del siglo XX y del XXI. Valgan como ejemplos estos dos poemas de Francisco Brines y Luis Alberto de Cuenca que se titulan precisamente «Collige, virgo, rosas». Recrean el tópico con estilos completamente distintos: el primero, de Francisco Brines, de una forma tierna y delicada; y el segundo, el soneto en alejandrinos de Luis Alberto de Cuenca, con un tono más coloquial y directo.

«COLLIGE, VIRGO, ROSAS»

[Francisco Brines]

 

Estás ya con quien quieres. Ríete y goza. Ama.
Y enciéndete en la noche que ahora empieza,
y entre tantos amigos (y conmigo)
abre los grandes ojos a la vida
con la avidez preciosa de tus años.
La noche, larga, ha de acabar al alba,
y vendrán escuadrones de espías con la luz,
se borrarán los astros, y también el recuerdo,
y la alegría acabará en su nada.

Más, aunque así suceda, enciéndete en la noche,
pues detrás del olvido puede que ella renazca,
y la recobres pura, y aumentada en belleza,
si en ella, por azar, que ya será elección,
sellas la vida en lo mejor que tuvo,
cuando la noche humana se acabe ya del todo,
y venga esa otra luz, rencorosa y extraña,
que antes que tú conozcas, yo ya habré conocido.

 

«COLLIGE, VIRGO, ROSAS»

[Luis Alberto de Cuenca]

Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.

Córtalas a destajo, desaforadamente,

sin pararte a pensar si son malas o buenas.

Que no quede ni una. Púlete los rosales

que encuentres a tu paso y deja las espinas

para tus compañeras de colegio. Disfruta

de la luz y del oro mientras puedas y rinde

tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico

que va por los jardines instilando veneno.

Goza labios y lengua, machácate de gusto

con quien se deje y no permitas que el otoño

te pille con la piel reseca y sin un hombre

(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.

Y que la negra muerte te quite lo bailado.

 

miércoles, 17 de febrero de 2021

SOBRE LOS ARTÍCULOS

Como he hecho en ocasiones anteriores, traigo al blog otro artículo del escritor y periodista Álex Grijelmo, aparecido hace poco en El País, que nos invita a pensar en los usos que hacemos en nuestra lengua en relación a los artículos. En esta ocasión nos ilustra acerca de los valores que tiene en castellano esta clase de palabras y nos avisa de la desaparición de los artículos en textos de diferentes ámbitos, entre los que habría que incluir también a los estudiantes de Secundaria, que en algunas ocasiones también prescinden de su uso, especialmente en construcciones como «todos espectadores» en vez de «todos los espectadores». Siempre resultan interesantes este tipo de reflexiones que hacen que veamos la lengua como algo que no nos es ajeno, sino que nos pertenece y nos rodea.

ARTÍCULOS COMESTIBLES

Algunos filólogos dicen que en realidad seguimos hablando latín. Vale, se acepta la metáfora; pero hablamos un latín con artículos. Porque estas partículas constituyeron una de las adiciones del español en su evolución desde la lengua de los romanos.

Los artículos nos sirven hoy para distinguir entre lo definido y lo indefinido, para acercar o alejar, para precisar o insinuar.

La oración “Un consejero se vacunó antes de tiempo” sería parecida a aquel “alguien ha matado a alguien” con el que el humorista Miguel Gila creía torturar a un asesino cada vez que se cruzaba con él. Por el contrario, “El consejero se vacunó antes de tiempo” concreta, acerca y precisa, gracias al artículo.

Los romanos ya vieron esa necesidad de delimitar el papel de los sustantivos; y como no disponían aún de artículos, acudieron a los demostrativos para los definidos (illa regina, esa reina) y a un numeral para los indefinidos (unus rex, un rey). A partir de ahí, el castellano fue conformando su propio sistema mediante un complejo y lentísimo proceso del que hoy disfrutamos (el, la; un, una; los las…).

Gracias a ese juego sutil de ausencias y presencias, comunicamos sentidos diferentes: “Necesito café” (he de comprarlo), “necesito un café” (he de tomarlo), “necesito el café” (no me lo prohíba, doctor). Pero no por eso decimos “me gusta café”.

Valgan estos ejemplos para ahorrarnos aquellos prolijos detalles técnicos que los explican con precisión.

Sin embargo, los humildes artículos del español deben de provocar la gula en muchos periodistas de ahora, que se los comen sin importarles su historia y su función.

Empezó el proceso hace años con el periodismo deportivo: “Sube Chendo por banda derecha”, “golpea Stoichkov con pierda izquierda”, “juega Molina bajo palos”. (Por cierto, sería mejor “entre palos”; perdón: “entre los palos”, pues el guardameta no tiene las tres piezas sobre su cabeza, sino solamente una).

A esta profusión de artículos comestibles en el fútbol se unió después el periodismo político: “…según informan en Delegación del Gobierno”, “fuentes de Moncloa señalan…”, “se reunieron ayer en Zarzuela”. El fenómeno ocurre principalmente ante nombres propios de lugar, como los citados; o como estos otros: “Se prevé mal tiempo en Pirineos”, “aumenta el paro en Reino Unido”.

Puede ocurrir que estas supresiones se deban a un cierto cansancio por el uso continuo, día a día, hora a hora (partido a partido), de todos esos sintagmas. Tantas veces hay que decir “por la banda derecha”, que algún cambio vendrá bien: ¡Quitemos el artículo!

Y lo mismo sucede en el periodismo de información general con los lugares de gran frecuentación informativa. Pero sólo con ellos. Porque “mucha gente se fue a esquiar a Pirineos” no se copia en “se fueron a Alpes”; y “nos encontramos en Moncloa” no ha ocasionado “el seminario se celebrará en Magdalena” (palacio de la Magdalena, en Santander).

Y así como a menudo se escribe y se dice “en Reino Unido”, la liga de los sin artículo no ha propuesto otras construcciones análogas en singular como “se ha extendido en Unión Europea”, “va a llover en País Vasco” o “Putin trabajó como espía de Unión Soviética”. Si llegáramos a eso, ya sí sería como para que algunos se tirasen de pelos.