viernes, 18 de abril de 2014

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, UNA INVITACIÓN A LA LECTURA

La muerte de Gabriel García Márquez el pasado 17 de abril ha dado paso a innumerables homenajes populares e institucionales, a miles de páginas en la prensa que nos recuerdan su vida y su obra, a múltiples iniciativas que animan a leer al autor en lengua castellana más universal del siglo XX. En esta misma línea os animo a leer cualquiera de sus novelas o cuentos o reportajes periodísticos. En esta ocasión os propongo los comienzos de tres de sus magistrales novelas que os despertarán el amor por la lectura. García Márquez es, sin ninguna duda, uno de esos autores que nos acompañará por siempre a los lectores porque, como dijo el crítico Rafael Conte, es  el escritor que nos ha hecho "más felices en estos tiempos tan infelices que nos ha tocado habitar".


El coronel destapó el tarro de café y comprobó que no había más de una cucharadita. Retiró la olla del fogón, vertió la mitad del agua en el piso de tierra, y con un cuchillo raspó el interior del tarro sobre la olla hasta cuando se desprendieron las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata.
Mientras esperaba a que hirviera la infusión, sentado junto a la hornilla de barro cocido en una actitud confiada e inocente expectativa, el coronel experimentó la sensación de que nacían hongos y lirios venenosos en sus tripas. Era octubre. Una mañana difícil de sortear, aún para un hombre como él que había sobrevivido a tantas mañanas como esa, durante cincuenta y seis años —desde cuando terminó la última guerra civil— el coronel no había hecho nada distinto de esperar. Octubre era una de las pocas cosas que llegaban.
Su esposa levantó el mosquitero cuando lo vio entrar al dormitorio con el café. Esa noche había sufrido una crisis de asma y ahora atravesaba por un estado de sopor. Pero se incorporó a para recibir la taza.
—Y tú —dijo.
—Ya tomé —mintió el coronel—. Todavía quedaba una cucharada grande.
En ese momento empezaron los dobles. El coronel se había olvidado del entierro. Mientras su esposa tomaba el café, descolgó la hamaca en un extremo y la enrolló en el otro, detrás de la puerta. La mujer pensó en el muerto.
—Nació en 1922 —dijo—. Exactamente un mes después de nuestro hijo. El siete de abril.



muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. "Las cosas tienen vida propia —pregonaba el gitano con áspero acento—, todo es cuestión de despertarles el ánima." José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aun más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: "Para eso no sirve." Pero José Arcadio Buendía no creía en aquel tiempo en la honradez de los gitanos, así que cambió su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados. Úrsula Iguarán, su mujer, que contaba con aquellos animales para ensanchar el desmedrado patrimonio doméstico, no consiguió disuadirlo. "Muy pronto ha de sobrarnos oro para empedrar la casa", replicó su marido. Durante varios meses se empeñó en demostrar el acierto de sus conjeturas. Exploró palmo a palmo la región, inclusive el fondo del río, arrastrando los dos lingotes de hierro y recitando en voz alta el conjuro de Melquíades. Lo único que logró desenterrar fue una armadura del siglo xv con todas sus partes soldadas por un cascote de óxido, cuyo interior tenía la resonancia hueca de un enorme calabazo lleno de piedras. Cuando José Arcadio Buendía y los cuatro hombres de su expedición lograron desarticular la armadura, encontraron dentro un esqueleto calcificado que llevaba colgado en el cuello un relicario de cobre con un rizo de mujer.



El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros. «Siempre soñaba con árboles», me dijo Plácida Linero, su madre, evocando 27 años después los pormenores de aquel lunes ingrato. «La semana anterior había soñado que iba solo en un avión de papel de estaño que volaba sin tropezar por entre los almendros», me dijo. Tenía una reputación muy bien ganada de intérprete certera de los sueños ajenos, siempre que se los contaran en ayunas, pero no había advertido ningún augurio aciago en esos dos sueños de su hijo, ni en los otros sueños con árboles que él le había contado en las mañanas que precedieron a su muerte. 
Tampoco Santiago Nasar reconoció el presagio. Había dormido poco y mal, sin quitarse la ropa, y despertó con dolor de cabeza y con un sedimento de estribo de cobre en el paladar, y los interpretó como estragos naturales de la parranda de bodas que se había prolongado hasta después de la medianoche. Más aún: las muchas personas que encontró desde que salió de su casa a las 6.05 hasta que fue destazado como un cerdo una hora después, lo recordaban un poco soñoliento pero de buen humor, y a todos les comentó de un modo casual que era un día muy hermoso. Nadie estaba seguro de si se refería al estado del tiempo. Muchos coincidían en el recuerdo de que era una mañana radiante con una brisa de mar que llegaba a través de los platanales, como era de pensar que lo fuera en un buen febrero de aquella época. Pero la mayoría estaba de acuerdo en que era un tiempo fúnebre, con un cielo turbio y bajo y un denso olor de aguas dormidas, y que en el instante de la desgracia estaba cayendo una llovizna menuda como la que había visto Santiago Nasar en el bosque del sueño. Yo estaba reponiéndome de la parranda de la boda en el regazo apostólico de María Alejandrina Cervantes, y apenas si desperté con el alboroto de las campanas tocando a rebato, porque pensé que las habían soltado en honor del obispo.

jueves, 10 de abril de 2014

"EL JARAMA", UNA NOVELA OBJETIVISTA


"El Jarama" de Rafael Sánchez Ferlosio es la mejor plasmación de la técnica objetivista de la década de los años cincuenta del siglo XX: el narrador se limita a registrar los hechos como si de una cámara cinematográfica se tratara, sin valorarlos ni comentarlos en ningún momento. Es un relato simultáneo y objetivo, en tercera persona, cuya acción transcurre durante dieciséis horas. La obra narra la excursión de unos jóvenes al río Jarama a través de las conversaciones que mantienen dos grupos de personas: los jóvenes excursionistas, que proceden de un barrio obrero de Madrid, y los adultos que se reúnen en un merendero próximo al río. La trivialidad de los diálogos, en los que se reproduce con absoluta fidelidad el habla coloquial de la época, y lo insustancial de los hechos narrados (salvo un triste incidente al final) hacen aflorar ante el lector la falta de sueños, de aspiraciones y de ilusión de ambas generaciones. Esta superficialidad e intrascendencia de las acciones y los diálogos contrasta con la autenticidad y superioridad de la naturaleza.
Muchos son los valores artísticos de esta novela ganadora de los premios Nadal (1955) y de la Crítica (1956): el profundo conocimiento de la realidad física donde se desarrolla la acción y del espíritu de los personajes que aparecen en la novela; la reproducción magistral del diálogo, como si fuera la transcripción de una grabación magnetofónica; la fuerza poética de su estilo,... Marcó un hito dentro de la novela española de posguerra y a pesar de ser una novela objetivista es, para algunos críticos como Sanz Villanueva, "la novela más política que quizás se haya publicado en nuestra historia reciente", pues sin defender una opción política y social concreta acierta a mostrar metafóricamente "el estrangulamiento vital de la España del medio siglo", en palabras de Jordi Gracia.
La novela, de la que Sánchez Ferlosio ha renegado muchas veces por la cantidad de interpretaciones simbólicas que han hecho lectores y críticos, es, según el propio autor, el ejercicio de "su sola afición, libre interés o propia espontánea curiosidad", de alguien "que no se tiene a sí mismo por profesional de nada". Esta declaración nos muestra la actitud libre y personal de un autor que no desea ser clasificado con etiquetas simplistas y que no se encuentra a gusto en las clasificaciones de críticos y estudiosos.
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Os dejo la presentación de la novela realista de los años cincuenta en la que se inscribe "El Jarama".

martes, 8 de abril de 2014

ORACIONES SUBORDINADAS SUSTANTIVAS

Las oraciones subordinadas sustantivas equivalen a un sustantivo o sintagma nominal y, por lo tanto, desempeñan en la oración compuesta compleja las mismas funciones sintácticas que el sintagma nominal en la oración simple: sujeto, complemento directo, atributo, aposición y término de un sintagma preposicional que tenga las funciones de complemento indirecto, complemento circunstancial, complemento de régimen verbal, complemento agente, complemento del nombre, complemento del adjetivo o complemento del adverbio.
Todas las subordinadas sustantivas pueden sustituirse por un sustantivo o por un pronombre (el demostrativo neutro eso, por ejemplo). Las declarativas o enunciativas van introducidas por la conjunción completiva que, las interrogativas indirectas totales por la conjunción completiva si y las interrogativas indirectas parciales por interrogativos (determinativos, pronombres o adverbios). Además se cuentan entre las subordinadas sustantivas las construcciones que tienen el verbo en infinitivo sin necesidad de que lleven ningún nexo subordinante.
Os dejo la presentación que utilicé en clase para explicar este tema y para empezar a analizar las primeras oraciones complejas por subordinación sustantiva. 

miércoles, 2 de abril de 2014

ORACIONES COMPUESTAS

Os dejo la presentación que utilicé en clase para explicar las oraciones compuestas, es decir, aquellas que presentan dos o más verbos. Es importante distinguir los dos tipos de composición que empleamos en castellano: los grupos oracionales, que integran oraciones que tiene la misma jerarquía sintáctica, y las oraciones complejas, que incluyen oraciones subordinadas que realizan funciones sintácticas dentro de ellas.
Debéis repasar los conceptos teóricos que hemos estudiado porque serán la base de todas las explicaciones que desarrollaremos en clase y el fundamento para afrontar con garantías el análisis sintáctico de las oraciones  compuestas.

viernes, 28 de marzo de 2014

EL AFORISMO, EL MUNDO EN UNA FRASE

El fin supremo de la filosofía no es resolver problemas, sino suscitarlos
Miguel de Unamuno
Unamuno pintado
por José Gutiérrez Solana
A propósito de la lectura de los Proverbios y cantares de Antonio Machado y de algún fragmento de los ensayos de Unamuno, algunos compañeros de 4º de ESO han mostrado curiosidad por leer algún texto de corte filosófico. Os propongo leer unos aforismos de Miguel Unamuno que, sin ninguna duda, nos van a descubrir una nueva manera de abordar los grandes temas filosóficos y nos van a hacer pensar.
El aforismo es un texto breve que recoge una visión personal del mundo, es la expresión concisa de un pensamiento. Es uno de los géneros que los filósofos a lo largo de la historia han cultivado para plasmar su pensamiento.
En la literatura española Miguel de Unamuno es uno de los autores que destaca en el género del aforismo. Sus obras (y no solo los ensayos) están plagadas de aforismos que son en muchas ocasiones el germen a partir del que elabora su modo de entender el mundo.

Recojo algunos de los aforismos de Unamuno que Emilio Ríos Ruiz-Esquide seleccionó en su artículo "Florilegio aforístico: el pensamiento aforístico de Unamuno", clasificados según los temas recurrentes en toda su obra y que son un acertado muestrario de este escritor prolífico y contradictorio.


Sobre vida y muerte
  • El secreto de la vida es el deseo de ser otro sin dejar de ser yo.
  • El fin de la vida es hacerse un alma inmortal.
  • Después de muertos, todos somos iguales. No hay comunidad como la de la muerte.
  • Los hombres vivimos juntos, pero cada uno se muere solo. Y la muerte es la suprema soledad.
  • Se empieza a morir el día en que se nace.
  • La vida es la milicia del hombre sobre la tierra.

 Sobre eternidad e instante
  • La eternidad, el único misterio, / que devoramos y que nos devora.
  • La esencia del ser es el apetito de infinidad y de eternidad.
  • La eternidad es la sustancia del momento que pasa.

 Sobre Dios y hombre
  • Cada día creo más en un Dios personal, conciencia del Universo, ordenador de todo.
  • Dios es la conciencia eterna e infinita del Universo.
  • La patria del alma es Dios.
  • Nadie ha logrado convencerme racionalmente de la existencia de Dios, pero tampoco de su inexistencia.
  • Dios y el hombre se hacen mutuamente. Dios se revela en el hombre, y el hombre se hace en Dios.
 
 Sobre universalidad, individualidad y singularidad
  • La individualidad es lo más universal.
  • Creo firmemente que en el seno de lo local y temporal debe buscarse lo universal y eterno.
  • Lo que menos deseo es que los demás piensen como yo.
  • Puede ser humano cada hombre; la muchedumbre es inhumana.
  • Cada uno ha de engordar de sí mismo.

 Sobre poética
  • Sencillez y pureza, las dos alas con que hemos de elevarnos.
  • El ritmo es la raíz del estilo.
  • En la lírica no se miente nunca.
  • El fondo nace de la forma.
  • En literatura lo primero es la inspiración.
  • Los genuinos pensadores son los poetas.

martes, 25 de marzo de 2014

LA CRÍTICA TEATRAL DE 1974 ANTE "LA FUNDACIÓN" DE BUERO VALLEJO

Como complemento a los comentarios que se han realizado en clase en torno a la lectura de La Fundación de Buero Vallejo, os presento extractos de las críticas teatrales que la prensa de la dictadura franquista realizó tras el estreno de la obra el 15 de enero de 1974 en el Teatro Fígaro de Madrid. La obra alcanzó un gran éxito de público y de crítica. En este enlace se puede leer también la crítica aparecida en ABC el 18 de enero de 1974.
La lectura de estas críticas nos ayudará a entender la importancia y trascendencia del teatro de Buero Vallejo en la España de aquellos años y a valorar cuáles fueron los aspectos temáticos y formales que se destacaron de la obra en el momento de su estreno.

[Estos textos están sacados del Cuaderno pedagógico realizado por el Centro Dramático Nacional con motivo de la reposición de La Fundación en 1999]

lunes, 24 de marzo de 2014

LA CÁRCEL, EL PAISAJE Y EL TÚNEL

¡Turner! Es como un diamante de luz
Todo nos falta menos la esperanza
Antonio Buero Vallejo, "La Fundación"

En La Fundación, como en otras obras de Buero Vallejo, la cárcel es un espacio que adquiere un valor simbólico. La cárcel es una metáfora que expresa la falta de libertad tanto del individuo como de la sociedad. Allí transcurre la lucha dialéctica entre la opresión y la libertad, que es el fundamento de la visión trágica del teatro de Buero Vallejo, tal y como señala Martha T. Halsey.
La cárcel no es un símbolo estático pues lleva dentro de sí mismo su propia contradicción: los muros de la prisión nos sugieren una salida y Buero Vallejo siempre pretende mostrarnos esa salida. Lo trágico no debe llevar aparejado un pesimismo radical sino que debe mostrar una esperanza, aunque a veces sea desesperada. Si no la hay para los personajes, al menos que exista para los espectadores.
En el teatro de Buero Vallejo a cada espacio cerrado se opone siempre un espacio abierto, el espacio de la libertad, que es verdadero aunque exista solo en los sueños del protagonista. En La Fundación, es el paisaje idealizado de Tomás el que representa ese espacio de libertad. Por eso, Asel le dirá a Tomás al final de la obra: "el paisaje sí era verdadero". No importa que se haya borrado. Para Halsey, el espacio cerrado revela al dramaturgo que es un realista intransigente y el espacio abierto nos muestra la otra cara de la moneda, al visionario que nos da una imagen de esperanza.
En La Fundación asistimos a la transformación del espacio escénico como resultado del cambio que experimenta el protagonista, Tomás, quien paulatinamente irá descubriendo la misma realidad que los otros presos e irá abandonando su fantasía de la "Fundación". En esta transformación espectadores y lectores comprendemos que podemos ver nuestra propia realidad de otra manera más lúcida.
Cuando Tomás alcanza la lucidez, Asel le explica que verdaderamente pasamos de una cárcel a otra constantemente, de una ilusión a otra. Así pues, la obra tiene a la vez una lectura política (es una implacable crítica contra los sistemas políticos que oprimen y anulan  a las personas) y una lectura metafísica (la cárcel no solo apresa el cuerpo sino también la mente, por lo que los hombres viven enfrascados continuamente en vanas fantasías e ilusiones). Buero Vallejo nos sugiere que el pasaje hacia la libertad ha de ser hacia fuera (el paisaje maravilloso) y hacia dentro (la autenticidad personal). Tomás, al aceptar su culpa, logra alcanzar una libertad interna que le impulsará a conquistar la libertad real, el luminoso paisaje que ve en su imaginación, para lo que deberá abrir el oscuro y estrecho túnel que se proyecta al final de la obra y se abre al futuro.
El paisaje, salido de las pinturas de Turner y con el acompañamiento de la música de Rossini, es a la vez el único refugio del protagonista al principio de la obra y la meta imaginada y anhelada por los prisioneros. Tulio le dirá a Tomás: "Es nuestro derecho. ¡Soñar con los ojos abiertos!". Asel le comentará a Tomás: "el mundo no es tu paisaje. Está en manos de la rapiña, de la mentira, de la opresión. Es una larga fatalidad. Pero no nos resignamos a las fatalidades y debemos anularlas". Por eso, será imprescindible actuar, luchar, porque la verdad estará tras cada una de las cárceles de la que podamos escapar y no debemos caer en la inacción. Están en juego la dignidad y la libertad.

[Esta entrada es un resumen del artículo de Marta T. Halsey, "Espacio abierto y visión dialéctica en el teatro de Buero Vallejo"].

jueves, 20 de marzo de 2014

PRIMAVERA AMARILLA

Konstantín Korovin, Primavera (1917)
Juan Ramón Jiménez, el autor de Platero y yo, obra que cumple estos días cien años, cantaba la llegada de la primavera en Poemas májicos y dolientes (1909) con este sugerente poema, "Primavera amarilla".
El poeta, de quien hemos leído unos cuantos poemas en clase, nos presenta la llegada de la primavera (estación que comenzamos hoy) teñida del color amarillo que impregna tanto la naturaleza como los sentimientos. Los lectores y los críticos han interpretado el poema de diferentes formas y eso nos habla del enorme potencial que tiene la lengua poética, capaz de admitir diversas lecturas. Para unos, el amarillo simboliza el renacer de la vida y la esperanza ante lo doloroso de la vida; para otros, el amarillo transmite tristeza y melancolía pues en esa primavera la muerte está presente de forma dolorosa.
Queda para vuestra lectura personal la interpretación que más os guste.
 

PRIMAVERA AMARILLA
Abril venía, lleno
todo de flores amarillas:
amarillo el arroyo,
amarillo el vallado, la colina,
el cementerio de los niños,
el huerto aquel donde el amor vivía.

El sol unjía de amarillo el mundo,
con sus luces caídas;
¡ay, por los lirios áureos,
el agua de oro, tibia;
las amarillas mariposas
sobre las rosas amarillas!

Guirnaldas amarillas escalaban
los árboles; el día
era una gracia perfumada de oro,
en un dorado despertar de vida.
Entre los huesos de los muertos,
abría Dios sus manos amarillas.

martes, 18 de marzo de 2014

"ARTE DE URGENCIA", ARTE COMO CONSTRUCCIÓN


El pan a secas.
Fotografía de Carlos Saura
de la serie "España años 50"
En 1958 Alfonso Sastre publicó en la revista Acento Cultural su ensayo "Arte como construcción", que recogía en su primera parte estas "Once notas sobre el arte y su función" que nos ayudarán a entender mejor los principios que sustentaron el realismo social, la tendencia estética que triunfó en los años cincuenta del siglo pasado. Los autores del realismo social dieron testimonio de la realidad social concreta de su tiempo (miseria, injusticias, ...) porque consideraron que el arte debía transformar el mundo. Las propuestas de Sastre responden a los postulados que mantienen los artistas que creen que siempre debe haber un compromiso del creador con su realidad inmediata, porque lo social es una categoría superior a lo artístico y porque los cambios deben producirse una vez se han denunciado las situaciones de desigualdad.

ONCE NOTAS SOBRE EL ARTE Y SU FUNCIÓN
Con seguridad, nos encontramos ante la urgencia de establecer unas líneas generales de trabajo desde y para la juventud que se dedica al arte y a la literatura con una intención de ruptura con las formas anacrónicas y, en consecuencia, de contacto con las formas vivas que pueden resultar fecundas para nuestro futuro. No se trata, desde luego, de proponer un programa; pero sí de declarar el deseo de que nuestros esfuerzos, hasta ahora dispersos, sean reunidos de algún modo en un esfuerzo común y, por ello, poderoso. Se trataría, por supuesto, de establecer libremente unas líneas dentro de las cuales pudieran desarrollarse los diferentes talentos artísticos con una perfecta holgura. Se trataría, pues, tan sólo, de cerrar el paso a una anarquía de la que sólo pueden salir beneficiados los artistas -casi siempre económicamente poderosos- solidarios de las formas artísticas muertas y, en consecuencia, regresivas.

El texto que yo propondría a la consideración de los hombres de la poesía, de la novela, del teatro, del cinema, de las artes plásticas, dice así:

1. El arte es una representación reveladora de la realidad. Reclamamos nuestro derecho a realizar esa representación.

2. Entendemos la realidad como una revelación que el hombre va realizando a lo largo de su historia. Hay distintas provincias ontológicas y diferentes técnicas de captura y representación. Todas las provincias del ser son interesantes y ninguna técnica, forma o estilo es rechazable en principio.

3. Entre las distintas provincias de la realidad hay una cuya representación o denuncia consideramos urgente: la injusticia social en sus distintas formas.

4. La revelación que el arte hace de la realidad es un elemento socialmente progresivo. En esto consiste nuestro compromiso con la sociedad. Todo compromiso mutilador de esa capacidad reveladora es inadmisible.

5. Rechazamos toda coacción exterior, ajena, por tanto, a nuestra conciencia moral y a nuestro sentido estético. Nos sentimos responsables de nuestros actos morales y artísticos -un acto artístico es siempre un acto moral- y rechazamos toda tutela extraña.

6. El arte, por el simple hecho de revelar la estructura de la realidad, cumple -en un sentido muy amplio, metajurídico, de la palabra justicia- una función justiciera. Esto nos hace sentirnos útiles a la comunidad en que vivimos, aunque ésta, en ocasiones, nos rechace.

7. Pertenecer a un partido político no tiene por qué significar la pérdida de la autonomía que reclamamos para el artista. Este compromiso será lícito y fecundo en los casos en que el artista se sienta expresado totalmente por ese partido. Su compromiso será entonces, precisamente, la expresión de su libertad.

8. No pertenecer a un partido político no tiene por qué significar inhibición en el artista; su culpable evasión; su traición a la responsabilidad social que postulamos para su trabajo. Desde fuera de los partidos progresivos se puede luchar, y de hecho se lucha, por el progreso social. Es lícito rechazar la alineación en un partido siempre que el artista no se sienta expresado suficientemente por ese partido, ya sea en el plano teórico, ya en el orden táctico.

9. Lo social es una categoría superior a lo artístico. Preferiríamos vivir en un mundo justamente organizado y en el que no hubiera obras de arte, a vivir en otro injusto y florecido de excelentes obras artísticas.

10. Precisamente, la principal misión del arte, en el mundo injusto en que vivimos, consiste en transformarlo. El estímulo de esta transformación, en el orden social, corresponde a un arte que, desde ahora, podríamos llamar «de urgencia». Queda dicho que todo arte vivo, en un sentido amplio, es justiciero; este arte que llamamos «de urgencia» es una reclamación acuciante de justicia, con pretensión de resonancia en el orden jurídico.

11. Sólo un arte de gran calidad estética es capaz de transformar el mundo. Llamamos la atención sobre la radical inutilidad de la obra artística mal hecha. Esa obra se nos presenta muchas veces en la forma de un arte que podríamos llamar «panfletario». Este arte es rechazable desde el punto de vista artístico (por su degeneración estética) y desde el punto de vista social (por su inutilidad).

Propongo estos once puntos a la consideración de los artistas con el deseo de que sean once puntos de partida para un acuerdo posterior, que podría resultar de una discusión -desde distintas artes y posturas- sobre los temas propuestos y otros que completarán las líneas de acción aquí esbozadas. 

[Las oraciones destacadas en negrita recogen las principales ideas que este texto de Sastre aporta ]