miércoles, 18 de abril de 2012

LAS SUBORDINADAS SUSTANTIVAS Y LAS SUBORDINADAS ADJETIVAS (REPASO)

Dejo en este enlace los últimos análisis sintácticos ya realizados para que podáis corregirlos en casa. Y para repasar las subordinadas adjetivas os recuerdo un par de apuntes que hemos repetido muchas veces:
  • Para diferenciar el relativo que y la conjunción que recuerda que el pronombre relativo que puede sustituirse por otro pronombre relativo (el cual, ...) y la conjunción que no admite esta sustitución.
  • En este esquema puedes estudiar cómo funcionan las subordinadas de relativo dependiendo de si tienen o no sustantivo antecedente expreso.

viernes, 13 de abril de 2012

LA GENERACIÓN DEL 14: LA DEFENSA DEL "ARTE PURO"

En la segunda década del siglo XX se dan a conocer en España artistas e intelectuales que se oponen a todos los movimientos culturales del siglo XIX (Romanticismo, Realismo y también el Modernismo), a los que consideran trasnochados y caducos. 
Se les ha llamado "Generación del 14" porque la fecha de 1914 (comienzo de la Primera Guerra Mundial)  se toma como el final social, político y cultural del siglo XIX. A estos nuevos autores se les llama también novecentistas, ya que adoptan el nombre del nuevo siglo.
Se caracterizan por su rigurosa preparación intelectual, por tener una mentalidad más europeísta y racional que la generación anterior (a la que sí respetan) y por su concepción del arte como una actividad desprovista de emociones personales y de inquietudes políticas y religiosas. Defienden el "arte puro", alejado del subjetivismo y de los sentimientos, que solo aspira a proporcionar placer estético, y la "obra bien hecha" por lo que trabajan cuidadosamente todos los aspectos formales.
Pertenece a esta generación pensadores y ensayistas (José Ortega y Gasset, Manuel Azaña, Salvador de Madariaga, Eugenio D'Ors), científicos (Gregorio Marañón), pintores (José Gutiérrez Solana),  novelistas (Ramón Pérez de Ayala, Gabriel Miró), dramaturgos (Jacinto Grau) y poetas (Juan Ramón Jiménez).

miércoles, 11 de abril de 2012

DAR RAZONES: BASE DE LA ARGUMENTACIÓN


Viñeta de B. Erlich en El País (12-4-2010)
 El filósofo y escritor Fernando Savater ha reflexionado en varias de sus obras acerca de la importancia de la argumentación. Hace unos años publicó un artículo periodístico, titulado "Dar razones", en el que hacía hincapié en la necesidad de mantener la opinión personal con pruebas y razones sólidas, porque si no es así son inviables el diálogo y el debate, básicos en todo sistema democrático. Fundamentar adecuadamente las tesis es, además de prueba de racionalidad, vital en cualquier texto argumentativo. Por contra, el menosprecio de la argumentación (actitud vigente hoy, según el autor) resulta preocupante porque lleva al dogmatismo o al "pensamiento único" (ver la viñeta de Elrich). Debemos aprender a "dar razones" (variadas, contrastadas,  fundamentadas) en los textos argumentativos que vayamos escribiendo.
En este fragmento del artículo mencionado, ejemplo también de texto argumentativo, Savater ridiculiza a quienes se niegan a razonar.

El menosprecio de la argumentación me resulta uno de los rasgos más inquietantes de nuestra cotidianidad. Opinas y te dicen: Eso es muy discutible. Ofreces tus razones y no las discuten, sino que te contestan: De modo que está usted de acuerdo con Fulano, al servicio de Zutano, se ha cambiado de chaqueta, etcétera. Los más belicosos rugen: ¡Eso lo dirá usted! Aceptas entonces que, en efecto lo que tú dices lo dices tú y no el Espíritu Santo, pero que aun así quisieras que refutasen tus argumentos o al menos los discutieran honradamente. Te responden: Usted tiene su opinión y yo la mía. Celebras tal disparidad e insinúas que supone una buena ocasión para aportar motivos inteligibles que sustenten una u otra, de modo que podamos ambos elegir finalmente la mejor fundada. El otro se indigna: él no es de los que están dispuestos a cambiar su forma de pensar por algo tan trivial como dos o tres razones. Él es como es y piensa lo que piensa: de hecho, siempre ha pensado así (en España hay auténtica veneración por la gente que siempre ha pensado lo mismo, es decir, que siempre ha dicho lo mismo sin pensarlo nunca). Suele concluir triunfante: Yo tengo tanto derecho como usted a pensar como quiera. Más vale no decirle que, en cuestión de opiniones, lo que importa no es el obvio e indiscutible derecho a mantenerlas, sino las no tan obvias y muy discutibles argumentaciones que hacen racional su mantenimiento.