viernes, 2 de diciembre de 2016

MODELO DE COMENTARIO DE TEXTO LÍRICO: «ROMANCE DEL PRISIONERO»



Este texto es un romance anónimo que pertenece al Romancero Viejo y debió componerse a finales de la Edad Media (siglo XV, probablemente). Es un romance lírico-narrativo que se difundió, al principio, oralmente, por lo que existen numerosas versiones del mismo. No es obra de un solo poeta, seguramente, sino que pertenece al pueblo que la recrea e introduce variantes. Es una muestra de la literatura popular española de enorme valor literario.
Pertenece al género lírico porque en estos versos se presentan los sentimientos del yo poético y su reacción subjetiva y emocional ante una causa objetiva, el hecho de estar encerrado. En el texto predominan, pues, las funciones del lenguaje expresiva (ya que manifiesta su sentir) y poética (por la especial utilización del lenguaje con un propósito estético). Se interrelacionan en este «Romance del prisionero» distintas formas de expresión: la descripción de la naturaleza y del estado anímico del prisionero, la narración de la muerte de la «avecilla» y el uso de la dramatización pura al hablar en estilo directo.
La postura del autor es subjetiva y afectiva porque no pretende la descripción objetiva del mes de mayo sino que selecciona unos pocos elementos, aquellos que interesan a la expresión de su estado de ánimo. La expresión en primera persona, poniendo el romance en boca del prisionero y coincidiendo por tanto autor y protagonista, refuerza la angustia interior frente a la belleza del mes de mayo. El tono es de profunda melancolía y de gran pesimismo.
El tema es la soledad y tristeza de un prisionero, a quien se arrebata su único consuelo en medio de sus penas, frente  a la belleza de la naturaleza y al placer del amor. Se recogen en este poema los tópicos de la felicidad y hermosura del mes de mayo muy tratados en nuestra literatura (por ejemplo, en los mayos), pero para resaltar el tormento interior del hombre, aspecto este que a su vez se convierte también en tópico.
Este romance, caracterizado por su sensibilidad y emotividad, se estructura en tres partes: la primera (versos 1-8) describe el mes de mayo en que se engalana la naturaleza y aman los amantes; la segunda (versos 9-14) se centra en la vida del prisionero protagonista, que sólo distingue el día de la noche por el canto de una avecilla, que alivia además su soledad y tristeza; en la tercera (versos 15 y 16) se recoge la muerte de la avecilla y la imprecación del prisionero. La parte principal es la tercera y a ella se subordinan las otras dos que sirven para ilustrarlo. La relación de la segunda parte con la primera es antitética: frente a la alegría de mayo, la triste vida del prisionero. Esta oposición resalta la dolorosa situación del preso.
Este romance está formado por dieciséis versos octosílabos, versos simples de arte menor, característicos de este tipo de composición poética de corte tradicional. Además de las numerosas sinalefas, cabe señalar que todos los versos pares tienen una sílaba métrica más por ser el último acento agudo. Todos los versos pares riman entre sí en asonante –o. En la primera parte del poema riman los pares en –or, rima aguda y consonante aunque se trate de un romance. Los versos pares de las partes segunda y tercera riman en –on, aguda y consonante, excepto el verso decimocuarto que rima en asonante y rompe el esquema, pero recuerda la rima de la primera parte, quizás porque ese canto al albor es la única participación del prisionero en la alegría de mayo. La rima, por tanto, distingue igualmente los momentos de alegría y tristeza.
Hay pausas versales y estróficas (al final del poema). Especial mención merecen las pausas internas del noveno verso que destacan el adjetivo «triste» tan significativo en el romance. Los encabalgamientos que se registran (versos 3 y 4, 5 y 6, 7 y 8, 11 y 12, 13 y 14) son suaves y no rompen el ligero ritmo del poema.
Debe destacarse también en el estudio fónico del poema las aliteraciones de sonidos vocálicos (a, e) en los versos quinto y sexto que sugieren el trino alegre y claro de las aves, pues estas vocales no son ni cerradas ni graves.
Predominan en el poema los sustantivos, aspecto que es común a muchos romances, poesía esencial en que domina lo intuitivo y lo sustancial. Esta importancia de los sustantivos, que en su mayoría son concretos, se refuerza por la escasez de adjetivos: «triste» y «cuitado» se unen de forma acumulativa y por medio del asíndeton para referirse a la situación del prisionero; y «mal», referido a galardón, aparece en la imprecación final dirigida al ballestero que se ha convertido en su enemigo.
Aparecen en el poema recursos de repetición de palabras y de frases muy característicos de la poesía de origen popular. La reiteración de «por mayo» destaca la importancia de este mes como elemento de encuadre de la acción y hace enlazar esta composición con los mayos tradicionales. Las dos primeras partes del poema se organizan lingüísticamente por medio de la anáfora (del adverbio temporal «cuando» y del relativo «que») y del paralelismo sintáctico (versos 5 y 6). Estos recursos refuerzan el ritmo e intensifican la expresión.
La repetición del tiempo verbal presente en la primera parte actualiza y vivifica el valor de la bella naturaleza primaveral y el amor frente al imperfecto del primer verso («era») que sumerge el romance en la lejanía del pasado impreciso de las narraciones populares. En la segunda parte el imperfecto «cantaba» tiene un gran valor expresivo porque opone un pasado durativo a un presente angustioso y solitario. En la tercera parte (versos 15 y 16) el hipérbaton hace que se nos presente de manera brutal el pasado perfectivo («matómela»), la acción que ha originado toda la composición: la muerte del ave ha terminado con su única esperanza.
La conjunción coordinante adversativa «sino» del noveno verso marca clarísimamente la oposición entre las dos primeras partes del romance. Los contrastes o antítesis son continuos: frente a la belleza del mes de mayo que invita a la vida y al goce, la angustia de estar encarcelado; el agobio se intensifica al no poder distinguir el día de la noche (versos 11 y 12); una avecilla alegra la vida del preso (versos 13 y 14) pero un ballestero la mata (versos finales). Estos contrastes hacen aún más angustioso el final del romance.
Es muy interesante en este poema el valor afectivo que poseen algunos vocablos: en el verso 13 la presencia del diminutivo en la palabra «avecilla» subraya no tanto la pequeñez y la fragilidad del animal como el cariño y la ternura que despierta en el prisionero. Esto lo vemos reforzado con el uso del dativo de interés «me» en los versos 14 y 15, que pone de relieve la identificación del prisionero con la avecilla: solo cantaba para él y al matarla el ballestero ha perdido algo importante, algo propio. Así, no extraña que el prisionero pida a Dios castigo para el culpable.
El léxico sencillo y natural de este romance ayuda para que la expresividad y la emotividad sean los valores más destacados. Debido a su carácter arcaico y popular se encuentran en estos versos algunas expresiones que no son frecuentes en la lengua actual: la forma femenina de «calor», la palabra «cuitado» sinónima de «triste», la construcción del verso 12 o el orden del verbo y los pronombres en «matómela». Algunas otras palabras, aunque se utilicen en la actualidad, nos sugieren el lenguaje y el mundo de la Edad Media: «al albor» ('al amanecer'), «mal galardón» ('castigo') o «servir» típico verbo de la lírica cortesana y no de la popular.
De la lectura de todo el poema se desprende un valor simbólico clarísimo: «mayo», «calandria» y «ruiseñor» representan el amor y la vida; la «avecilla», las cosas que alegran la existencia; y el «ballestero» simboliza la crueldad humana.
El «Romance del prisionero» es una excelente muestra de la literatura popular de la Edad Media. La sencillez, la claridad léxica, las vinculaciones y contrastes semánticos, los valores afectivos de las palabras y su capacidad simbólica hacen de este poema un texto expresivo, emotivo y sugestivo que logra conectar brillantemente con el público de todas las épocas. Este canto carcelero sintetiza perfectamente tópicos y sentimientos populares por lo que el pueblo siempre lo ha acogido como parte sustancial de su vida.
        

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