miércoles, 24 de octubre de 2012

EL CISNE, SÍMBOLO MODERNISTA


«El dueño fui de mi jardín de sueño,
lleno de rosas y cisnes vagos»
Rubén Darío  (1905)

 Leda y el cisne (copia anónima de 
un cuadro de Leonardo da Vinci)
Las prosas y los poemas de Rubén Darío están, desde Azul... (1888), poblados de cisnes,  al igual que buena parte de la poesía francesa del siglo XIX (Baudelaire, Mallarmé,...). 
Rubén Darío evoca, por ejemplo, en Blasón el olímpico cisne de nieve, de estirpe sagrada, "con el ágata rosa del pico", con el cuello "en la forma de un brazo de lira / y del asa de un ánfora griega", con su blancura "hermana del lino", mágico pájaro "que al morir rima el alma en un canto". En fin, los cisnes "hechos son de perfume, de armiño, / de luz alba, de seda y de sueño". Y, además, nos recuerda que el cisne es el ave en la que se transforma Zeus para seducir a la hermosa Leda, la esposa del rey de Esparta:  "ascendió hasta la cima rosada  / de las dulces colinas de Leda". Esa misma noche Leda se unirá a su esposo por lo que pondrá dos huevos: de uno nacerán Pólux y Helena (hijos de Zeus inmortales), del otro Cástor y Clitemnestra (hijos mortales del rey Tindáreo). 
El cisne se convertirá en sus poemas en un símbolo dual: emblema de la belleza y la sensualidad, pero también criatura casi incorpórea de exquisita pureza que nos impulsa a lo espiritual. Esta dualidad, esta ambivalencia, es la que hace que Rubén Darío emplee tantas veces este símbolo, con el que él mismo se identifica plenamente. 
El cisne pasó a ser muy pronto, como nos enseñó Pedro Salinas, "el más brillante ejemplo de la retórica preciosista del Modernismo", elemento inexcusable del paisaje poético de sus obras. Por su excesiva recurrencia, representó para muchos el símbolo de la nueva poética modernista.
 Así lo entendió Enrique González Martínez quien en 1911 encabezó un soneto de La muerte del cisne con este famoso verso: "Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje". En este poema el poeta rompía con el imperante Modernismo, sensual y preciosista, y reivindicaba una forma distinta de hacer poesía con otra ave, el búho, que puede ver en lo oscuro, en el interior de la vida, y que pasa a ser símbolo de una poesía que se preocupa de la dimensión interior de la vida humana.

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