viernes, 13 de abril de 2018

«EL ALMA EN VILO», RECITAL POÉTICO



El próximo martes 17 de abril asistiremos en el Teatro de las Esquinas a El alma en vilo, un recital poético a cargo del actor José Luis Esteban y del pianista Jaime López.
El alma en vilo es un recital poético musical inspirado en la poesía española del siglo XVI, a través de tres de sus poetas más importantes: Garcilaso de la Vega, Juan de la Cruz y Teresa de Jesús, autores que ya hemos leído y estudiado en el segundo trimestre del curso. Sus versos son una creación monumental dedicada al amor en sus variadas facetas renacentistas: del amor cortés de Garcilaso y sus imponentes églogas, al amor arrebatado y agonístico del Cántico de Juan de la Cruz, pasando por la cristalina sensualidad que desprenden los versos de Teresa de  Jesús.
Os dejo el cuaderno pedagógico que ha elaborado la compañía del Teatro del Temple para que le echéis un vistazo antes de acudir al teatro y para que os sirva para la reseña crítica que redactaremos después.


lunes, 9 de abril de 2018

LA POESÍA SATÍRICA DE QUEVEDO


No he de callar, por más que con el dedo,
ya tocando la boca, o ya la frente,
silencio avises, o amenaces miedo.

Frncisco de Quevedo fue capaz de elevar la poesía a grados sublimes de altura metafísica e idealización amorosa y, a la vez, fue capaz de burlarse de todo y de expresar una crítica implacable que no perdonaba a nada ni a nadie. Además, una época como la suya, el Barroco, de gran decadencia política y de crisis de valores, intensificó la actitud crítica de los creadores y favoreció el cultivo de la sátira, un tipo de composición literaria que canalizó perfectamente el pesimismo y el desengaño de los autores del siglo XVII.
Quevedo.
Grabado de Francisco Pacheco

Todos los comportamientos de la vida humana y social fueron objeto de la sátira de Quevedo. Nada escapó a su mirada incisiva (que percibía agudamente los puntos débiles de sus contemporáneos), ni a su pluma genial (que sabía exagerar los rasgos más destacados de aquellos, caricaturizándolos o deformándolos). Su poesía satírica puede responder a una intención ética (derivada de su estoicismo), a un ataque incisivo despiadado (fruto de su amargo pesimismo) o a un propósito festivo (originado en su enorme capacidad de ingenio y de chanza).

Hay una enorme variedad entre los temas de sus sátiras, que pasamos a enumerar:

  • Las costumbres sociales. Quevedo, nostálgico siempre del tiempo pasado,  se lamenta de la pérdida de las viejas virtudes castellanas (Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos) y se mofa de todas las actividades humanas que muestren el progreso con relación a lo anterior (en especial, contra las leyes y órdenes que regulaban los comportamientos de la época -lujo, modas, trajes, coches de caballos,…-). Por todo ello, un Quevedo desengañado de los vicios y costumbres de la Corte, decide apartarse del mundo y refugiarse en el campo en busca de la paz espiritual y del olvido. No obstante, Quevedo también se burla de este tópico de la naturaleza amena y sosegada y hasta de su propio desencanto con la Corte y la ciudad (La vida poltrona).
  • El dinero. Todos los comportamientos, estados y situaciones relacionados con el dinero y la prosperidad fueron objeto de la diatriba mordaz de Quevedo. La divinización del dinero y el poder del dinero en su época (Poderoso caballero es don Dinero) son criticados agudamente. E igualmente reciben los dardos de la sátira los avaros, los aduladores serviles de los ricos o el próspero nuevo rico de la época.
  • La mujer. Con actitud claramente misógina, Quevedo se burla de los engaños y astucias de las mujeres. Ridiculiza la liviandad e inconstancia de las mujeres, así como su pedantería y presunción. Después pasa a satirizar el adulterio y a criticar a los cornudos, a las prostitutas o a las alcahuetas. Compone varios poemas contra el matrimonio y se despacha a gusto contra las suegras. Por último, se ríe también de los hombres afeminados pues no comprende ni su amaneramiento ni su afectación.
  • Las clases sociales. Ninguna de las clases sociales se libra de la crítica más cruel: los médicos («médico que para un mal que no quita receta muchos»), los poetas (en especial Góngora y sus seguidores -Receta para hacer Soledades en un día-), los jueces y abogados, los alguaciles, los eclesiásticos, los pasteleros, los taberneros, los toreros,… Un tema predilecto en Quevedo es el de los bajos fondos, recogido en sus jácaras (Carta de Escarramán a la Méndez), donde hace burla de todo tipo de pícaros, ladrones y sinvergüenzas.
  • Sátiras dedicadas a personas. Con nombres y apellidos se dirigirá también a varias personalidades de la época para afearles o criticar su conducta.
  • Los defectos físicos. Quevedo criticó la costumbre de burlarse de los defectos físicos ajenos, pero no perdió ocasión él, que era paticojo, miope y de figura un tanto grotesca, de mostrarse cruel con los narigudos y los romos, con los calvos, los desdentados, los flacos, los bajos, los miopes o los pecosos.
  • Vicios y lacras espirituales. Abunda en la obra de Quevedo también la sátira de defectos humanos de índole espiritual: la superstición, la soberbia y la ambición de poder, la hipocresía, la mentira, la charlatanería, la maledicencia, la pedantería lingüística,…
  • Temas filosófico-morales de carácter festivo. Tanto el tema del tiempo como el de la fortuna también fueron abordados de forma burlesca y festiva por parte de Quevedo, que no dejó ningún tema por tratar desde su perspectiva crítica.
En las sátiras se pueden apreciar la capacidad para la agudeza y el ingenio lingüístico de Quevedo. Son frecuentes en ellas la caricatura, la exageración y lo grotesco, así como figuras literarias como las paradojas, las hipérboles, las antítesis, las elipsis, las dilogías o los juegos verbales. Domina en sus sátiras, como en todas sus obras, variados registros lingüísticos (culto, coloquial, vulgar) para acomodarlos a su propósito crítico o burlesco. En muchas ocasiones Quevedo empleó la sátira a partir de diversas  formas y usos literarios: la fábula (los animales son símbolos de estamentos sociales y costumbres individuales a los que criticar); la parodia de mitos y leyendas; la glosa de refranes, sentencias y frases hechas como pretexto para la crítica; o el empleo de un lenguaje escatológico, unas veces, o barriobajero, otras.

[Esta entrada es un resumen del capítulo «La sátira en Quevedo» del libro El Autor y su Obra. Quevedo de la profesora Esther Bartolomé Pons]

viernes, 16 de marzo de 2018

INVITACIÓN A LA LECTURA Y ... A LA SINTAXIS

A partir de estos famosos comienzos de novelas de autores españoles e hispanoamericanos, os invito a leer algunas de estas magníficas novelas de los últimos sesenta años (cuando hayáis acabado todos los exámenes de este curso) y a practicar la sintaxis de la oración compuesta (como repaso de todo lo trabajado en clase).

El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo.
[Gabriel García Márquez, Crónica de una muerte anunciada]


Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo.
[Camilo José Cela, La familia de Pascual Duarte]


Es sabido que entre 1870 y el final del siglo, el hombre se hacía su propia ley en los territorios de New México (EE. UU.) con la pistola y el rifle. El que tenía mejores armas y mejores nervios se imponía. Era precisamente lo que sucedió por algún tiempo con Billy the Kid.
[Ramón J. Sender, El bandido adolescente]


Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el  proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi  persona.
[Ernesto Sábato, El túnel]


Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.
[Juan Rulfo, Pedro Páramo]


El primero en ver la carroña es Ahmed Ouallahi. Desde que Esteban cerró la carpintería hace más de un mes, Ahmed pasea todas las mañanas por La Marina. Su amigo Rachid lo lleva en el coche hasta el restaurante en que trabaja como pinche de cocina, y Ahmed camina desde allí hasta el rincón del pantano donde planta la caña y echa la red.
[Rafael Chirbes, En la orilla]


Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre le llevó a conocer el hielo.
[Gabriel García Márquez, Cien años de soledad]


No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados.
[Javier Marías, Corazón tan blanco]


2 de noviembre. He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así.
[Roberto Bolaño, Los detectives salvajes]


El hombre era alto y tan flaco que parecía siempre de perfil. Su piel era oscura, sus huesos prominentes y sus ojos ardían con fuego perpetuo.
[Mario Vargas Llosa, La guerra del fin del mundo]