No he de callar, por más que con el dedo,
ya tocando la boca, o ya la frente,
silencio avises, o amenaces miedo.
Frncisco de Quevedo
fue capaz de elevar la poesía a grados sublimes de altura metafísica e
idealización amorosa y, a la vez, fue capaz de burlarse de todo y de expresar
una crítica implacable que no perdonaba a nada ni a nadie. Además, una época
como la suya, el Barroco, de gran decadencia política y de crisis de valores,
intensificó la actitud crítica de los creadores y favoreció el cultivo de la
sátira, un tipo de composición literaria que canalizó perfectamente el pesimismo y el desengaño de los autores del siglo XVII.
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Quevedo.
Grabado de Francisco Pacheco |
Todos los comportamientos de
la vida humana y social fueron objeto de la sátira de Quevedo. Nada
escapó a su mirada incisiva (que
percibía agudamente los puntos débiles de sus contemporáneos), ni a su pluma genial (que sabía exagerar los
rasgos más destacados de aquellos, caricaturizándolos o deformándolos). Su
poesía satírica puede responder a una intención
ética (derivada de su estoicismo), a un ataque incisivo despiadado (fruto de su amargo pesimismo) o a un propósito festivo (originado en su
enorme capacidad de ingenio y de chanza).
Hay
una enorme variedad entre los temas de sus sátiras, que pasamos a enumerar:
- Las costumbres sociales.
Quevedo, nostálgico siempre del tiempo pasado, se lamenta de la pérdida de las viejas virtudes
castellanas (Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos) y se mofa de todas las
actividades humanas que muestren el progreso con relación a lo anterior (en
especial, contra las leyes y órdenes que regulaban los comportamientos de la
época -lujo, modas, trajes, coches de caballos,…-). Por todo ello, un Quevedo
desengañado de los vicios y costumbres de la Corte, decide apartarse del mundo
y refugiarse en el campo en busca de la paz espiritual y del olvido. No
obstante, Quevedo también se burla de este tópico de la naturaleza amena y
sosegada y hasta de su propio desencanto con la Corte y la ciudad (La vida poltrona).
- El dinero.
Todos los comportamientos, estados y situaciones relacionados con el dinero y
la prosperidad fueron objeto de la diatriba mordaz de Quevedo. La divinización
del dinero y el poder del dinero en su época (Poderoso caballero es don Dinero) son criticados agudamente. E
igualmente reciben los dardos de la sátira los avaros, los aduladores serviles
de los ricos o el próspero nuevo rico de la época.
- La mujer.
Con actitud claramente misógina, Quevedo se burla de los engaños y astucias de
las mujeres. Ridiculiza la liviandad e inconstancia de las mujeres, así como su
pedantería y presunción. Después pasa a satirizar el adulterio y a criticar a
los cornudos, a las prostitutas o a las alcahuetas. Compone varios poemas contra
el matrimonio y se despacha a gusto contra las suegras. Por último, se ríe
también de los hombres afeminados pues no comprende ni su amaneramiento ni su
afectación.
- Las clases sociales.
Ninguna de las clases sociales se libra de la crítica más cruel: los médicos
(«médico que para un mal que no quita receta muchos»), los poetas (en especial Góngora
y sus seguidores -Receta para hacer Soledades en un día-), los jueces y
abogados, los alguaciles, los eclesiásticos, los pasteleros, los taberneros,
los toreros,… Un tema predilecto en Quevedo es el de los bajos fondos, recogido
en sus jácaras (Carta de Escarramán a la Méndez), donde hace burla de todo tipo de pícaros, ladrones y
sinvergüenzas.
- Sátiras
dedicadas a personas. Con nombres y apellidos se dirigirá también a varias
personalidades de la época para afearles o criticar su conducta.
- Los defectos físicos.
Quevedo criticó la costumbre de burlarse de los defectos físicos ajenos,
pero no perdió ocasión él, que era paticojo, miope y de figura un tanto grotesca,
de mostrarse cruel con los narigudos y los romos, con los calvos, los
desdentados, los flacos, los bajos, los miopes o los pecosos.
- Vicios y lacras espirituales.
Abunda en la obra de Quevedo también la sátira de defectos humanos de índole
espiritual: la superstición, la soberbia y la ambición de poder, la hipocresía,
la mentira, la charlatanería, la maledicencia, la pedantería lingüística,…
- Temas filosófico-morales de
carácter festivo. Tanto el tema del tiempo como el de la
fortuna también fueron abordados de forma burlesca y festiva por parte de
Quevedo, que no dejó ningún tema por tratar desde su perspectiva crítica.
En
las sátiras se pueden apreciar la capacidad para la agudeza y el ingenio
lingüístico de Quevedo. Son frecuentes en ellas la caricatura, la exageración y
lo grotesco, así como figuras literarias como las paradojas, las hipérboles,
las antítesis, las elipsis, las dilogías o los juegos verbales. Domina en sus sátiras, como en todas sus obras, variados registros lingüísticos (culto, coloquial, vulgar) para acomodarlos a su propósito crítico o burlesco. En muchas
ocasiones Quevedo empleó la sátira a partir de diversas formas y usos literarios: la fábula (los
animales son símbolos de estamentos sociales y costumbres individuales a los
que criticar); la parodia de mitos y leyendas; la glosa de refranes, sentencias
y frases hechas como pretexto para la crítica; o el empleo de un lenguaje
escatológico, unas veces, o barriobajero, otras.
[Esta entrada es un resumen del capítulo «La sátira en Quevedo» del libro El Autor y su Obra. Quevedo de la profesora Esther Bartolomé Pons]