miércoles, 11 de enero de 2017

LA POESÍA DE GARCILASO DE LA VEGA

Portada de Las Obras de Boscán 
y Garcilaso de la Vega (1543)
La obra poética de Garcilaso de la Vega (1501-1536) fue preprada para su edición y publicada por su amigo Juan Boscán en 1543. No es muy extensa: tres églogas, cuarenta sonetos, cuatro canciones, una oda, una epístola y ocho composiciones de tipo tradicional de cancionero en versos octosílabos. Esta reducida obra poética compendia perfectamente toda la renovación lírica renacentista, tanto en los temas y en los géneros empleados, como en la métrica y el estilo.
Algunos sonetos (por ejemplo, el X, «Oh dulces prendas por mí mal halladas»; el XIII, «A Dafne ya los brazos le crecían», el XXIII, «En tanto que de rosa y azucena») y las églogas destacan por encima de toda la obra y representan la culminación del talento poético de Garcilaso de la Vega, prototipo de caballero renacentista.
Los sonetos de Garcilaso suponen la definitiva aclimatación de la métrica italiana al castellano. Son en su mayoría de índole amorosa: algunos próximos todavía al estilo y a los tópicos de la lírica de cancionero, otros ya imbuidos de la nueva sensibilidad renacentista. En esta misma línea pueden considerarse sus canciones. Las elegías presentan una influencia directa de los clásicos y una actitud estoica ante los las desgracias.
Las églogas suponen la culminación del talento poético del autor. La égloga es una composición poética en la que varios pastores dialogan sobre asuntos normalmente amorosos en el marco de una naturaleza idealizada. Pese a la numeración, la Égloga II fue la primera que escribió y la única de las tres que presenta una acción dramática. En la Égloga I, escrita en estancias, el poeta se hace eco del lamento de dos pastores: Salicio se queja del desdén de Galatea y Nemoroso llora la muerte de su amada Elisa. Ambos son desdoblamientos del propio poeta y su experiencia amorosa: quejoso ante el amor imposible de su amada Isabel Freyre y dolorido por la muerte prematura de ella. La Égloga III, escrita en octavas reales, cuenta que, a orillas del río Tajo, cuatro ninfas bordan en sus telas sendas historias de amor y de muerte, inspiradas en relatos mitólogicos y en la propia historia de Nemoroso y Elisa, en el caso de la última ninfa.
El tema predominante de la poesía de Garcilaso de la Vega es el amor. Muestra una concepción del amor marcadamente neoplatónica y con influencias de la lírica de Petrarca. El repertorio de asuntos tratados es variado: indiferencia de la amada y dolor del amante, oscilación entre la esperanza y la desesperanza, introspección amorosa,... Garcilaso aprovechará en varias ocasiones los mitos grecolatinos (Apolo y Dafne, Orfeo y Eurídice,...) para expresar sus propios conflictos sentimentales. De la misma manera cultivará el clásico tópico de «carpe diem», representativo de la nueva actitud vitalista de los autores renacentistas. Su poesía transmite una fuerte sensación de sinceridad que se explica por el componente autobiográfico de su obra y por el ideal de la época de mostrar con transpariencia la verdad. 
El otro tema de la poesía garcilasiana es la presencia de la naturaleza, como entorno estilizado en el que los personajes se quejan de sus cuitas amorosas y como confidente que escucha o consuela a los pastores en sus quejas. La inspiración le viene al poeta de las églogas clásicas y, en especial, de Virgilio.
La lengua poética de Garcilaso de la Vega se ajusta a los ideales renacentistas de naturalidad y elegancia. Su lenguaje es aparentemente sencillo, fluido y natural. Busca el equilibrio clásico entre pasión y contención. Este deseo de armonía se refleja el la frecuente simetría de sus estructuras poéticas (versos bimembres, paralelismos sintácticos,...). El magistral empleo de las metáforas y el cuidado en la selección del léxico buscan igualmente el ideal de belleza artística.
El tono de su poesía es dulce, triste y melancólico, como revela la adjetivación antepuesta frecuentemente utilizada («dulces prendas», «dulce nido», «triste canto», «triste y solitario día»,...).A ese tono contribuye el empleo de esa nueva métrica de origen italiano que aclimató al castellano. El empleo del endecasílabo dota a su poesía de gran musicalidad, trabajada gracias la delicada combinación de acentos y rimas, las aliteraciones, los hipérbatos, las simetrías,...
La obra poética de Garcilaso supone la más acertada muestra de la renovación poética vivida en la lírica castellana del siglo XVI, renovación que se inspira tanto en la literatura clásica como en el humanismo italiano.

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