miércoles, 5 de noviembre de 2014

LA RUPTURA CON LA ESTÉTICA DEL REALISMO BURGUÉS: LAS RAÍCES DEL MODERNISMO

A finales del siglo XIX se constata además de la revisión crítica de los valores ideológicos de la Restauración por parte de diferentes instancias y grupos (regeneracionistas, institucionistas, nacionalistas catalanes y vascos, la pequeña burguesía, los movimientos obreros, escritores consagrados como Galdós y Clarín, los jóvenes escritores como Martínez Ruiz, Baroja, Maeztu y Unamuno), una quiebra de la estética realista burguesa en todas las artes (literatura, pintura, música,…).

Los valores predominantes en la literatura realista (reproducción exacta de la realidad, preferencia por lo inmediato y lo real, prosaísmo, respeto por el “buen gusto” del público burgués,…) dejan de ser del agrado de los lectores que piden otras formas de expresión y buscan otros temas. Se agotan, por tanto, los géneros cultivados por los autores de los últimos años del siglo XIX: la poesía retórica de Núñez de Arce y la prosaica de Campoamor, la novela de trama compleja realista y naturalista, la “alta comedia” y el teatro comercial del gusto burgués. 
Contribuyen a esta ruptura estética diversos procesos de renovación que se dan simultáneamente hacia finales de siglo XIX: la apertura a la literatura extranjera, la vuelta al Romanticismo, la influencia del Espiritualismo, los cambios en política y filosofía y la renovación de las demás artes. Todos estos procesos contribuyen a la formación de la gran ruptura estética protagonizada por el Modernismo en el ámbito hispánico. 
La apertura a la literatura extranjera.  Los jóvenes creadores, los modernistas, valoran muy positivamente las obras más renovadoras temática y formalmente de Europa y América. Son autores del gusto de los modernistas los poetas malditos como Baudelaire y Rimbaud, los simbolistas como Verlaine y Mallarmé, los decadentistas como Oscar Wilde y D’Annunzio, sin olvidar la literatura norteamericana de Edgard Allan Poe y Walt Whitman.
Théophile Gautier
De Francia provienen muchas de sus lecturas e influencias. Aprecian por encima de todo las obras de los movimientos parnasiano y simbolista. Los parnasianos rechazan el vulgar mundo real y se refugian en la “torre de marfil” en busca de la Belleza ideal, hallada a través de la exploración del alma en formas y modales (aristocratismo estético, inconformismo,…). Su divisa es “el arte por el arte”. Del padre del movimiento, Théophile Gautier, se fijan en su búsqueda de la perfección formal, de una poesía serena y equilibrada que gusta de las líneas puras y escultóricas. De Leconte de Lisle, el otro fundador del movimiento, toman la temática helenizante (ninfas, faunos,…), los exóticos ambientes orientales y la temática medieval.
Charles Baudelaire
Los simbolistas no se contentan con la belleza externa ni con la perfección formal (aunque no las desprecian). Se proponen “ir más allá de lo sensible”: la realidad encierra, tras sus apariencias, significaciones  profundas o afinidades insospechadas con los estados de ánimo. La misión del poeta es descubrirlas y transmitirlas al lector. Se proponen sugerir todo cuanto esté oculto en el fondo del alma o de las cosas. A este arte de la sugerencia ya no le convienen “formas escultóricas” sino un lenguaje fluido, musical (“¡La música por encima de todo!” decía Paul Verlaine). Charles Baudelaire, el autor de Las flores del mal, es el precursor de este movimiento y de una forma de ver y vivir la creación artística, la de los poetas malditos. Los malditos rechazaron las normas y convenciones sociales de la época, desarrollaron nuevas y originales formas de expresión que no fueron entendidas por el público del momento, cultivaron la estética del perdedor y llevaron un estilo de vida bohemio. De Charles Baudelaire, los jóvenes creadores aprecian cómo es capaz de captar las correspondencias entre el mundo sensible y el mundo espiritual: correspondencias entre los elementos naturales, correspondencias de sensaciones (“se responden perfumes, sonidos y colores”). Para Baudelaire hay que captar intuitivamente esas correspondencias “para alcanzar una parte de esplendor sobrenatural” y por ello emplea las sinestesias que tratan de expresar lo inefable. Esas correspondencias se dan también con los sentimientos: “captan los transportes del alma y de los sentidos”. Las resonancias recíprocas de todas las sensaciones e imágenes adquieren el valor de símbolos de “la tenebrosa y profunda unidad” del cosmos y el más allá.
Paul Verlaine
También otros simbolistas franceses ayudan a desarrollar esta nueva estética. De Stéphane Mallarmé se toma su idea de poesía como el arte de evocar un objeto para revelar un estado de ánimo o recíprocamente el arte de elegir un objeto y de obtener de él un estado de ánimo. Se valoran en él la construcción del poema a partir de un símbolo (“referencia a un objeto material que sugiere o evoca sentimientos, ideas, obsesiones”) y el empleo del verso libre. De Paul Verlaine se fijan en cómo los efectos musicales (rima evocadora, aliteraciones, sintaxis especial,…) conectan con el estado anímico del poeta y en su insistencia en el valor sugerente de lo musical y lo vago en la poesía. De Arthur Rimbaud se aprecia el valor experimental de su poesía, las asociaciones sorprendentes de palabras, las imágenes brillantes, las metáforas visionarias, las sinestesias originalísimas.
Parnasianos, simbolistas y malditos desembocan en Europa en el Decadentismo, un movimiento estético muy parecido al Modernismo de las literaturas hispánicas. Este movimiento revela una nueva sensibilidad que se siente atraída por lo excitante y lo oscuro, por lo enfermizo, lo morboso y lo voluptuoso. Provocadores (su lema es “la carne, la muerte y el diablo”) e inconformistas, los autores decadentes mostraron siempre su predilección por el esteticismo y el gusto por las referencias culturalistas continuas. Su manera de vivir el arte los emparentará o con los bohemios o con los dandis, pero siempre al margen de la sociedad burguesa biempensante.

La vuelta al Romanticismo. Los jóvenes creadores también  volvieron sus ojos al Romanticismo, tanto a la prosa de Larra (el autor  crítico de la sociedad de su momento) como a la poesía de Bécquer (el poeta intimista). Como ellos, contemplan el fracaso de los valores absolutos y de los modos de pensamiento tradicionales sobre los que se suponía asentada la estabilidad de la vida social e individual: es un tiempo de dudas, ansiedad, angustia,… El entronque de los modernistas con los románticos es total.
El acercamiento al Espiritualismo. El Espiritualismo es una corriente estética y filosófica de de fin de siglo que supone una contraposición a los valores materialistas vigentes hasta entonces y una progresiva reivindicación y exploración de las potencias anímicas, irracionales y subjetivas del ser humano. El Espiritualismo aboga por los aspectos más intimistas de la interpretación de la realidad, aspecto muy valorado por los modernistas.
Las nuevas tendencias políticas y filosóficas. Pronto los jóvenes creadores, los modernistas, van a sintonizar con las nuevas tendencias políticas del momento (regeneracionismo, institucionismo, socialismo, anarquismo,…) y con las nuevas corrientes filosóficas (la visión angustiada de la existencia en Kierkegaard, la “voluntad” de Schopenhauer, el vitalismo de Nietzsche). Tanto el positivismo como el racionalismo empiezan a resultar insuficientes a los intelectuales de finales del siglo XIX. Se van imponiendo nuevas formas de pensar que van a marcar el siglo XX:
-       El irracionalismo que duda del poder omnímodo que se le había atribuido a la razón.
-       El vitalismo que entiende que la realidad es algo cambiante que no se puede aprehender con la razón y sí con la intuición.
-       El existencialismo que no se preocupa ya del problema de las esencias, sino que se centra en la existencia del ser humano.
-       El marxismo que cree que la labor de la filosofía no ha de ser únicamente la interpretación del mundo ya que el pensamiento ha de contribuir activamente a la transformación social y política del mundo.
Estas corrientes filosóficas tienen gran repercusión en todas las esferas humanas pues se ocupan del vivir humano concreto.
La conexión de la literatura con las demás artes. Se toman como referentes para la creación literaria los modelos de otras artes (música, pintura,…). Uno de los ideales de los modernistas será esta confluencia de todas las artes en la literatura.
          Todos estos procesos de renovación ideológica, filosófica y estética contribuyen a la formación de la gran ruptura protagonizada por el Modernismo en el ámbito hispánico.
[Estos apuntes estaban recogidos antes en el tema de 2º de Bachillerato "La poesía española (1900-1939)" que he suprimido en la versión de este curso y que publico ahora para los que deseen ampliar el tema de introducción al Modernismo]  


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