lunes, 10 de marzo de 2014

RUBÉN DARÍO, PIONERO DEL MICRORRELATO

Cuando estudiamos la literatura modernista de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, siempre nos fijamos en la profunda renovación que Rubén Darío y sus seguidores hicieron de la métrica y del lenguaje poético. Lo que no se suele contar es que Rubén Darío también fue uno de los primeros autores que ensayó el moderno género del microrrelato (que por entonces aún no había recibido esta denominación ni ninguna otra en concreto). En estos tres microrrelatos que recojo a continuación están presentes los rasgos de este género (hiperbrevedad, narratividad) y la lengua refinada y exquisita del Modernismo. Además nos plantean cuestiones que tienen que ver con la nueva forma de entender el arte en esa época, con el esteticismo o culto a la Belleza que tanto buscaron en su literatura.
El primero, "Naturaleza muerta", aparecido en en Azul...(1888), nos presenta enfrentados la realidad y el arte, lo natural y lo artificial. El segundo, "El nacimiento de la col", nos muestra la necesaria compenetración que deben tener belleza y utilidad en toda creación. El último, "La resurrección de la rosa", nos enseña el triunfo de la belleza ante la muerte.

NATURALEZA MUERTA

Bodegón de frutas de Paul Cezanne (1895-1900)
He visto ayer por una ventana un tiesto lleno de lilas y de rosas pálidas, sobre un trípode. Por fondo tenía uno de esos cortinajes amarillos y opulentos, que hacen pensar en los mantos de los príncipes orientales. Las lilas recién cortadas resaltaban con su lindo color apacible, junto a los pétalos esponjados de las rosas té.
Junto al tiesto, en una copa de laca ornada con ibis de oro incrustado, incitaban a la gula manzanas frescas, medio coloradas, con la pelusilla de la fruta nueva y la sabrosa carne hinchada que toca el deseo; peras doradas y apetitosas, que daban indicios de ser todas jugo, y como esperando el cuchillo de plata que debía rebanar la pulpa almibarada; y un ramillete de uvas negras, hasta con el polvillo ceniciento de los racimos acabados de arrancar de la viña.
Acerqueme, vilo de cerca todo. Las lilas y las rosas eran de cera, las manzanas y las peras de mármol pintado, y las uvas de cristal.


EL NACIMIENTO DE LA COL
En el paraíso terrenal, en el día luminoso en que las flores fueron creadas, y antes de que Eva fuese tentada por la serpiente, el maligno espíritu se acercó a la más linda rosa nueva en el momento en que ella tendía, a la caricia del celesta sol, la roja virginidad de sus labios.
-Eres bella.
-Lo soy -dijo la rosa.
-Bella y feliz – prosiguió el diablo-. Tienes el color, la gracia y el aroma. Pero…
-¿Pero?...
-No eres útil. ¿No miras esos altos árboles llenos de bellotas? Ésos, a más de ser frondosos, dan alimento a muchedumbres de seres animados que se detienen bajo sus ramas. Rosa, ser bella es poco…
La rosa entonces –tentada como después lo sería la mujer- deseó la utilidad, de tal modo que hubo palidez en su púrpura.
Pasó el buen Dios después del alba siguiente.
-Padre –dijo aquella princesa floral, temblando en su perfumada belleza-, ¿queréis hacerme útil?
-Sea, hija mía –contestó el Señor, sonriendo.
Y entonces vio el mundo la primera col.


LA RESURRECCIÓN DE LA ROSA
Amiga pasajera: voy a contarte un cuento. Un hombre tenía una rosa; era una rosa que le había brotado del corazón. ¡Imagínese usted si la vería como un tesoro, si la cuidaría con afecto, si sería para el adorable y valiosa la tierna y querida flor! ¡Prodigio de Dios! La rosa era también un pájaro; parlaba dulcemente, y, en veces, su perfume era tan inefable y conmovedor, como si fuera la emanación mágica y dulce de una estrella que tuviera aroma.
Un día, el ángel Azrael pasó por la casa del hombre feliz, y fijó sus pupilas en la flor. La pobrecita tembló, y comenzó a padecer y estar triste, porque el ángel Azrael es el pálido e implacable mensajero de la muerte. La flor desfalleciente, ya casi sin aliento y sin vida, llenó de angustia al que en ella miraba su dicha. El hombre se volvió hacia el buen Dios, y le dijo: -Señor: ¿para qué me quieres quitar la flor que nos diste?
Y brilló en sus ojos una lágrima.
Conmoviose el bondadoso Padre, por virtud de la lágrima paternal, y dijo estas palabras:
-Azrael, deja vivir esa rosa. Toma, si quieres, cualquiera de las de mi jardín azul.
La rosa recobró el encanto  de la vida. Y ese día, un astrónomo vio, desde su observatorio, que se apagaba una estrella en el cielo.

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