miércoles, 24 de mayo de 2017

ÍTACA

Dejo a todos mis alumnos de 2º de Bachillerato de este curso el poema «Ítaca», del poeta C. P. Cavafis, que leyó ayer la profesora Mari Luz Jiménez en el acto de graduación, con el deseo de que disfrutéis del viaje a vuestra Ítaca. Un fuerte abrazo a todos.


ÍTACA 
Cuando salgas de viaje para Ítaca,
desea que el camino sea largo,
colmado de aventuras, colmado de experiencias.
A los lestrigones y a los cíclopes,
al irascible Posidón no temas,
pues nunca encuentros tales tendrás en tu camino,
si tu pensamiento se mantiene alto, si una exquisita
emoción te toca cuerpo y alma.
A los lestrigones y a los cíclopes,
al fiero Posidón no encontrarás,
a no ser que los lleves ya en tu alma,
a no ser que tu alma los ponga en pie ante ti.

Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que -¡y con qué alegre placer!-
entres en puertos que ves por vez primera.
Detente en los mercados fenicios
para adquirir sus bellas mercancías,
madreperlas y nácares, ébanos y ámbares,
y voluptuosos perfumes de todas las clases,
todos los voluptuosos perfumes que te sean posibles.
Y vete a muchas ciudades de Egipto
y aprende, aprende de los sabios.

Mantén siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Pero no tengas la menor prisa en tu viaje.
Es mejor que dure muchos años
y que viejo al fin arribes a la isla,
rico por todas las ganancias de tu viaje,
sin esperar que Ítaca te va a ofrecer riquezas.

Ítaca te ha dado un viaje hermoso.
Sin ella no te habrías puesto en marcha.
Pero no tiene ya más que ofrecerte.

Aunque la encuentres pobre, Ítaca de ti no se ha burlado.
Convertido en tan sabio, y con tanta experiencia,
ya habrás comprendido el significado de las Ítacas.

jueves, 18 de mayo de 2017

«TESORO», POR MANUEL VICENT

Os dejo el texto que apareció en el examen de ayer, el último de este curso para todos los alumnos de 2º de Bachillerato. Es una columna periodística de Manuel Vicent, titulada «Tesoro», en la que de manera poética, por medio de metáforas alusivas a las novelas de aventuras y de piratas, reflexiona sobre los valores de la educación (que nos hace más ricos, más libres y más humanos), critica las tropelías cometidas por los gobernantes en materia educativa y recrea de forma personal y sugerente el mundo de la escuela, en el que se vive la aventura del saber.
Ojalá que todos os llevéis un «tesoro» inolvidable tras vuestro paso por el instituto y recordéis con satisfacción las «aventuras» vividas.

TESORO
Está amaneciendo. Es la hora de los pájaros. A los colegios e institutos llegan en bandadas niños y chavales cargados con sus mochilas. Ellos no lo saben, pero todos se dirigen a la isla del tesoro. Puede que ignoren dónde está ese mar y en qué consiste la travesía y qué clase de cofre repleto de monedas de oro les espera realmente. El patio del colegio se transforma, de repente, en un ruidoso embarcadero. Desde ese muelle lleno de mochilas cada alumno abordará su aula respectiva, que, si bien no lo parece, se trata de una nave lista para zarpar cada mañana. En el aula hay una pizarra encerada donde el profesor, que es el timonel de esta aventura, trazará todos los días el mapa de esa isla de la fortuna. Ciencias, matemáticas, historia, lengua, geografía: cada asignatura tiene un rumbo distinto y cada rumbo un enigma que habrá que descifrar. La travesía va a ser larga, azarosa, llena de escollos. Muchos de estos niños y chavales tripulantes nunca avistarán las palmeras, unos por escasez de medios, otros por falta de esfuerzo o mala suerte, pero nadie les puede negar el derecho a arribar felizmente a la isla que señalaron los mapas como final de la travesía. Ese mar está infestado de piratas, que tienen su santuario en la caverna del Gobierno. Todas las medidas que un Gobierno adopte contra el derecho de los estudiantes a realizar sus sueños, recortes en la educación, privilegios de clase, fanatismo religioso, serán equivalentes a las acciones brutales de aquellos corsarios que asaltaban las rutas de los navegantes intrépidos, los expoliaban y luego los arrojaban al mar. De aquellos pequeños expedicionarios que embarcaron hacia la isla del tesoro solo los más afortunados llegarán a buen término. Algunos soñarán con cambiar el mundo, otros se conformarán con llevar una vida a ras de la existencia. Cuando recién desembarcados pregunten dónde se halla el cofre del tesoro, el timonel les dirá: estaba ya en la mochila que cargabais al llegar por primera vez al colegio. El tesoro es todo lo que habéis aprendido, los libros que habéis leído, la cultura que hayáis adquirido. Ese tesoro, que lleváis con vosotros, no será detectado por ningún escáner, cruzará libremente todas las aduanas y fronteras, y tampoco ningún pirata os lo podrá nunca arrebatar.

miércoles, 17 de mayo de 2017

LECTURA DE «PEDRO PÁRAMO» EN EL CENTENARIO DE JUAN RULFO


 Álvaro Mutis subió a grandes zancadas los siete pisos de mi casa con un paquete de libros, separó del montón el más pequeño y corto, y me dijo muerto de risa: ¡Lea esa vaina, carajo, para que aprenda! Era Pedro Páramo. Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. Nunca, desde la noche tremenda en que leí la Metamorfosis de Kafka en una lúgubre pensión de estudiantes de Bogotá —casi diez años atrás— había sufrido una conmoción semejante.

Gabriel García Márquez


Hoy se conmemora el centenario del nacimiento de Juan Rulfo, el gran escritor mexicano, autor de una breve pero importantísima obra que se resume en la novela Pedro Páramo y en el libro de relatos El llano en llamas
Entre los especiales publicados por la prensa hoy destaca el homenaje que le dedica el diario El País, 100 años. Juan Rulfo, que contiene valiosos documentos (cuentos leídos por el autor, fotografías tomadas por él, vídeos,...) y artículos que estudian su obra.
Ojalá la lectura de Pedro Páramo, cuando ya terminen todos los exámenes, os conmocione igual que lo hizo a Gabriel García Márquez. A mí, cuando la leí por primera vez a los dieciocho años, me dejó igualmente impactado y desde entonces no he dejado de recomendarla como una de las grandes novelas de la literatura castellana. En ella el lector se encuentra un mundo alucinante, en el que las fronteras entre lo soñado, lo evocado y lo vivido, este mundo y el de ultratumba, han desaparecido. Además, está relatada con diferentes técnicas narrativas que la enriquecen poderosamente (contrapunto, desorden cronológico, cambios de punto de vista, monólogos interiores que alternan con diálogos,...) y con una lengua que entremezcla de forma muy sugerente la poesía y el habla popular. Como en todas las grandes novelas, el lector tiene un papel protagonista también.
El comienzo de la novela seguro que no os deja indiferentes.

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo. «No dejes de ir a visitarlo —me recomendó—. Se llama de otro modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte». Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.

Todavía antes me había dicho:
—No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio... El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.
—Así lo haré, madre.
Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala.

lunes, 15 de mayo de 2017

MODELO DE COMENTARO DE UN TEXTO LÍRICO: LA RIMA LII DE BÉCQUER



El autor de este poema es Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836-Madrid, 1870). Es la rima LII de su libro Rimas, obra póstuma publicada por sus amigos en 1871, que rápidamente alcanzó un gran éxito. Aunque no pudo ver en vida editado el conjunto de su obra poética porque desapareció el manuscrito que había preparado para su publicación en 1868, sus poemas habían sido publicados en distintas revistas entre 1859 y 1868.
Este poema abre la cuarta serie de las Rimas, poemas de la angustia desesperanzada y del dolor, muy representativos del sentimiento íntimo de Bécquer, pero muy diferentes de las otras tres series de las que está compuesta la obra. Es una muestra muy notable del Romanticismo tardío, muy diferente al movimiento romántico de la primera mitad del siglo XIX, tanto en los temas como en el lenguaje empleado.
El texto pertenece al género lírico por la expresión del sentimiento y se aprecian en todos sus versos tanto la función expresiva (por la emoción con que el poeta transmite sus sentimientos) como la poética (por el especial cuidado de la forma).
El poema está compuesto por cuatro estrofas. El contenido de las tres primeras es similar y aparece expresado de forma paralelística. En cada una de ellas el poeta invoca a las «olas» (primera estrofa), al «huracán» (segunda) y a las «nubes de tempestad» (tercera), para que se lleven al poeta envuelto en espumas (primera estrofa) arrastrado en el torbellino (segunda) y «arrebatado entre la niebla» (tercera). En la cuarta estrofa, a modo de conclusión, reitera la petición que le salvará, acaso, de su soledad y de su dolor. La ruptura del paralelismo en esta estrofa y su tono más dolorido hacen que se aprecien dos partes claramente diferenciadas en el poema: los doce primeros versos por un lado y el emotivo cierre de la última estrofa por otro.
Los temas tratados en esta rima son la huida del mundo (el deseo de ser arrebatado del mundo para incorporarse a la naturaleza), los deseos de morir para que se cumpla tal deseo y juntamente con ello la pérdida de la conciencia, de la razón y de la memoria, que dicen cuál es la condición del poeta: soledad y dolor. Para ello, el poeta se dirige en primera persona a una segunda persona del plural, los elementos de la naturaleza, con un tono dolorido y desesperanzado.
Las cuatro estrofas, que no pertenecen al inventario de las estrofas clásicas, constan de tres versos endecasílabos (de arte mayor) y un verso final heptasílabo (de arte menor) que expresa más intensamente la súplica y el dolor. Aparte de varias sinalefas, cabe señalar que el cómputo métrico se ve alterado en los versos quinto (se suma una sílaba métrica por ser aguda la última palabra) y decimotercero (se resta una sílaba por ser esdrújula). La rima es asonante en todos los versos pares (ó-a). La brevedad, la asonancia, la combinación de distintos versos y el uso de formas estróficas distintas a las clásicas son rasgos característicos de las poesías de Bécquer. En el análisis del nivel fónico es destacable también el empleo de la aliteración de /r/ a lo largo del poema para conferirle violencia y fuerza.
La rima se sustenta en la invocación de una primera persona (pronombre personal «me», posesivo «mi», formas verbales) a una segunda persona («olas», «huracán», «nubes») que aparece personificada («vosotras»), aunque no es humana, con lo que las palabras no serán oídas y se reforzará el patetismo. Este efecto se completa con el uso del imperativo, el modo de las órdenes y de los mandatos, y las repeticiones del estribillo («llevadme con vosotras») y de la palabra «piedad».
En cuanto al léxico de esta rima LII destaca el contraste entre los elementos de la naturaleza activos («olas», «huracán», tempestad») y violentos («bramando», «arrebatáis», «rompe») y las referencias al propio poeta que está a merced de esas fuerzas («envuelto», «arrastrado», «arrebatado»). Sin embargo, ni esa energía ni esa fuerza le conceden lo que pide el indefenso poeta. Junto a la violencia está muy presente en todo el poema la idea de aniquilación, de muerte. Son varios los sustantivos y adjetivos calificativos que están connotados en este sentido (la «sábana de espumas» recuerda los sudarios, las «hojas marchitas», las «desprendidas orlas»,…).
La sintaxis del poema está marcada por las oraciones exclamativas y por la construcción paralelística. Las oraciones exclamativas, propias de la función expresiva del lenguaje, están presentes en los versos heptasílabos y en los que cierran el poema y subrayan los sentimientos de deseo, emoción y dolor presentes en la rima. El paralelismo de las tres primeras estrofas acentúa igualmente la intensidad de la petición y de la emoción del autor. En las tres se repite la misma estructura sintáctica en sus cuatro versos:
-primero y segundo: vocativo (sustantivo + adjetivo o complemento del nombre) + oración subordinada de adjetivo (relativo «que» + verbo en segunda persona);
-tercero: participio en función de complemento predicativo + complemento circunstancial;
-cuarto: imperativo + complemento circunstancial (repetido y exclamativo).
En la última estrofa rompe con este paralelismo, característica usual en Bécquer, y con un ritmo más rápido y precipitado en la explicación de las razones de su deseo se produce un desbordamiento de las emociones.
Tanto los aspectos temáticos como los formales son claramente románticos. Los temas (la soledad y el dolor del individuo frente al mundo, la conciencia de que el mundo no es como se desea, los anhelos de abandono, olvido y muerte), la tonalidad sentimental y el subjetivismo son rasgos definitorios del Romanticismo intimista. La métrica, la humanización de la naturaleza y un lenguaje sumamente expresivo son igualmente característicos de este movimiento literario.
La rima LII expresa en muy pocas palabras y de manera muy acertada los sentimientos más radicales de Bécquer: huida del mundo, dolor y deseo de muerte. El lenguaje empleado es muy sugerente al hacer partícipe de los sentimientos del poeta a los elementos de la naturaleza. En definitiva, es una muestra notable de la literatura romántica y de su autor.