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miércoles, 18 de marzo de 2020

DISTANTEMENTE JUNTOS (III): UNA INVITACIÓN DE JUAN RULFO A LA ESCRITURA

 La imaginación es infinita, no tiene límites, y hay que romper donde cierra el círculo; hay una puerta, puede haber una puerta de escape y por esa puerta hay que desembocar, hay que irse.
 Juan Rulfo, Verdad y mentira en la creación literaria

En estos días raros, desacostumbrados, insólitos, puede surgir el momento en que alguno de los lectores del blog quiera empezar a escribir algo propio y recurra a su imaginación para hacerlo. Para ellos y para todos aquí van estas sabias reflexiones de Juan Rulfo acerca de cómo abordaba la creación literaria, a partir de la portentosa imaginación, la sorprendente intuición y la aparente verdad. La imaginación, siempre infinita, es la que está detrás de la creación de los personajes, el ambiente y la forma de expresión; es el punto de arranque de todo el proceso creativo. No demos la espalda a la imaginación, esa compañera que estos días nos da vida y nos libera.
Hoy, por tanto, una doble invitación: a la lectura y a la escritura.


Ilustración de Fernando Vicente,
tomada de El País
Somos mentirosos; todo escritor que crea es un mentiroso, la literatura es mentira; pero de esa mentira sale una recreación de la realidad; recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación.

Considero que hay tres pasos: el primero de ellos es crear el personaje, el segundo crear el ambiente donde ese personaje se va a mover y el tercero es cómo va a hablar ese personaje, cómo se va a expresar. Esos tres puntos de apoyo son todo lo que se requiere para contar una historia: ahora, yo le tengo temor a la hoja en blanco, y sobre todo al lápiz, porque yo escribo a mano; pero quiero decir, más o menos, cuáles son mis procedimientos en una forma muy personal. Cuando yo empiezo a escribir no creo en la inspiración, jamás he creído en la inspiración, el asunto de escribir es un asunto de trabajo; ponerse a escribir a ver qué sale y llenar páginas y páginas, para que de pronto aparezca una palabra que nos dé la clave de lo que hay que hacer, de lo que va a ser aquello. A veces resulta que escribo cinco, seis o diez páginas y no aparece el personaje que yo quería que apareciera, aquél personaje vivo que tiene que moverse por sí mismo. De pronto, aparece y surge, uno lo va siguiendo, uno va tras él. En la medida en que el personaje adquiere vida, uno puede, por caminos que uno desconoce pero que, estando vivo, lo conducen a uno a una realidad, o a una irrealidad, si se quiere. Al mismo tiempo, se logra crear lo que se puede decir, lo que, al final, parece que sucedió, o pudo haber sucedido, o pudo suceder pero nunca ha sucedido. Entonces, creo yo que en esta cuestión de la creación es fundamental pensar qué sabe uno, qué mentiras va a decir; pensar que si uno entra en la verdad, en la realidad de las cosas conocidas, en lo que uno ha visto o ha oído, está haciendo historia, reportaje.

A mí me han criticado mucho mis paisanos que cuento mentiras, que no hago historia, o que todo lo que platico o escribo, dicen, nunca ha sucedido y es así. Para mí lo primero es la imaginación; dentro de esos tres puntos de apoyo de que hablábamos antes está la imaginación circulando; la imaginación es infinita, no tiene límites, y hay que romper donde cierra el círculo; hay una puerta, puede haber una puerta de escape y por esa puerta hay que desembocar, hay que irse. Así aparece otra cosa que se llama intuición: la intuición lo lleva a uno a pensar algo que no ha sucedido, pero que está sucediendo en la escritura.

Concretando, se trabaja con: imaginación, intuición y una aparente verdad. Cuando esto se consigue, entonces se logra la historia que uno quiere dar a conocer: el trabajo es solitario, no se puede concebir el trabajo colectivo en la literatura, y esa soledad lo lleva a uno a convertirse en una especie de médium de cosas que uno mismo desconoce, pero sin saber que solamente el inconsciente o la intuición lo llevan a uno a crear y seguir creando.

viernes, 16 de marzo de 2018

INVITACIÓN A LA LECTURA Y ... A LA SINTAXIS

A partir de estos famosos comienzos de novelas de autores españoles e hispanoamericanos, os invito a leer algunas de estas magníficas novelas de los últimos sesenta años (cuando hayáis acabado todos los exámenes de este curso) y a practicar la sintaxis de la oración compuesta (como repaso de todo lo trabajado en clase).

El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo.
[Gabriel García Márquez, Crónica de una muerte anunciada]


Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo.
[Camilo José Cela, La familia de Pascual Duarte]


Es sabido que entre 1870 y el final del siglo, el hombre se hacía su propia ley en los territorios de New México (EE. UU.) con la pistola y el rifle. El que tenía mejores armas y mejores nervios se imponía. Era precisamente lo que sucedió por algún tiempo con Billy the Kid.
[Ramón J. Sender, El bandido adolescente]


Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el  proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi  persona.
[Ernesto Sábato, El túnel]


Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.
[Juan Rulfo, Pedro Páramo]


El primero en ver la carroña es Ahmed Ouallahi. Desde que Esteban cerró la carpintería hace más de un mes, Ahmed pasea todas las mañanas por La Marina. Su amigo Rachid lo lleva en el coche hasta el restaurante en que trabaja como pinche de cocina, y Ahmed camina desde allí hasta el rincón del pantano donde planta la caña y echa la red.
[Rafael Chirbes, En la orilla]


Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre le llevó a conocer el hielo.
[Gabriel García Márquez, Cien años de soledad]


No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados.
[Javier Marías, Corazón tan blanco]


2 de noviembre. He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así.
[Roberto Bolaño, Los detectives salvajes]


El hombre era alto y tan flaco que parecía siempre de perfil. Su piel era oscura, sus huesos prominentes y sus ojos ardían con fuego perpetuo.
[Mario Vargas Llosa, La guerra del fin del mundo]

miércoles, 17 de mayo de 2017

LECTURA DE «PEDRO PÁRAMO» EN EL CENTENARIO DE JUAN RULFO


 Álvaro Mutis subió a grandes zancadas los siete pisos de mi casa con un paquete de libros, separó del montón el más pequeño y corto, y me dijo muerto de risa: ¡Lea esa vaina, carajo, para que aprenda! Era Pedro Páramo. Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. Nunca, desde la noche tremenda en que leí la Metamorfosis de Kafka en una lúgubre pensión de estudiantes de Bogotá —casi diez años atrás— había sufrido una conmoción semejante.

Gabriel García Márquez


Hoy se conmemora el centenario del nacimiento de Juan Rulfo, el gran escritor mexicano, autor de una breve pero importantísima obra que se resume en la novela Pedro Páramo y en el libro de relatos El llano en llamas. 
Entre los especiales publicados por la prensa hoy destaca el homenaje que le dedica el diario El País, 100 años. Juan Rulfo, que contiene valiosos documentos (cuentos leídos por el autor, fotografías tomadas por él, vídeos,...) y artículos que estudian su obra.
Ojalá la lectura de Pedro Páramo, cuando ya terminen todos los exámenes, os conmocione igual que lo hizo a Gabriel García Márquez. A mí, cuando la leí por primera vez a los dieciocho años, me dejó igualmente impactado y desde entonces no he dejado de recomendarla como una de las grandes novelas de la literatura castellana. En ella el lector se encuentra un mundo alucinante, en el que las fronteras entre lo soñado, lo evocado y lo vivido, este mundo y el de ultratumba, han desaparecido. Además, está relatada con diferentes técnicas narrativas que la enriquecen poderosamente (contrapunto, desorden cronológico, cambios de punto de vista, monólogos interiores que alternan con diálogos,...) y con una lengua que entremezcla de forma muy sugerente la poesía y el habla popular. Como en todas las grandes novelas, el lector tiene un papel protagonista también.
El comienzo de la novela seguro que no os deja indiferentes.

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo. «No dejes de ir a visitarlo —me recomendó—. Se llama de otro modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte». Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.

Todavía antes me había dicho:
—No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio... El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.
—Así lo haré, madre.
Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala.