Como en los grupos de 2º y 4º de ESO hemos elaborado diferentes textos narrativos (en 2º de ESO, por ejemplo, un final distinto para la historia de Iq y una continuación de la historia de Carlos, ambas narraciones como colofón a la lectura de El secreto del colibrí dorado de Ana Alcolea; o en 4º de ESO, por ejemplo, una nueva versión de El Miserere de Bécquer) y estamos creando cuentos (y también poemas) para el Programa "Mis abrazos perdidos", os invito a leer estos dos sugerentes decálogos para cuentistas escritos por dos maestros del género en nuestra lengua, el uruguayo Horacio Quiroga (de quien hemos compartido en el blog El almohadón de plumas o sus Cuentos de la selva) y el peruano Julio Ramón Ribeyro (uno de los autores por los que no parece pasar el tiempo).
En ambos decálogos, entresacados de la estupenda página ciudad seva, encontraremos con seguridad consejos que nos ayudarán en la siempre exigente y fantástica tarea de la creación literaria.
Decálogo del perfecto cuentista
Horacio Quiroga
I
Cree
en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.
II
Cree
que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas
hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
III
Resiste
cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más
que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia
IV
Ten
fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo
deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
V
No
empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento
bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres
últimas.
VI
Si
quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “Desde el río soplaba el
viento frío”, no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para
expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son
entre sí consonantes o asonantes.
VII
No
adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un
sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color
incomparable. Pero hay que hallarlo.
VIII
Toma
a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra
cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no
pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela
depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
IX
No
escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres
capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del
camino
X
No
pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia.
Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de
tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene
la vida del cuento.
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Decálogo
para cuentistas
Julio Ramón Ribeyro
1. El cuento
debe contar una historia. No hay cuento sin historia. El cuento se ha hecho
para que el lector pueda a su vez contarlo.
2. La historia
del cuento puede ser real o inventada. Si es real debe parecer inventada, y si es
inventada, real.
3. El cuento
debe ser de preferencia breve, de modo que pueda leerse de un tirón.
4. La historia
contada por el cuento debe entretener, conmover, intrigar o sorprender, si todo
ello junto, mejor. Si no logra ninguno de estos efectos, no sirve como cuento.
5. El estilo
del cuento debe ser directo, sencillo, sin aspavientos ni digresiones. Dejemos
eso para la poesía o la novela.
6. El cuento
debe solo mostrar, no enseñar. De otro modo sería una moraleja.
7. El cuento
admite todas las técnicas: diálogo, monólogo, narración pura y simple,
epístola, collage de textos ajenos, etc., siempre y cuando la historia
no se diluya y pueda el lector reducirla a su expresión oral.
8. El cuento
debe partir de situaciones en las que el o los personajes viven un conflicto que
los obliga a tomar una decisión que pone en juego su destino.
9. En el cuento
no deben haber tiempos muertos ni sobrar nada. Cada palabra es absolutamente
imprescindible.
10. El cuento
debe conducir necesaria, inexorablemente a un solo desenlace, por sorpresivo
que sea. Si el lector no acepta el desenlace es que el cuento ha fallado.