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lunes, 27 de mayo de 2019

VISIONES DE POSGUERRA (Y 2): «AÑOS TRIUNFALES» DE GIL DE BIEDMA

Rescato «Años triunfales», poema de Jaime Gil de Biedma, ya aparecido en el blog, para ilustrar la visión de la posguerra que mostraron los poetas españoles. El título es una muestra de la incisiva y demoledora ironía del autor: «años triunfales» fue la expresión que se empleó desde el bando franquista para designar los tres años que duró la Guerra Civil, pero aquí encubre la miseria, la mezquindad, la humillación, la ocupación que trajo el fin de la guerra. En ese «tiempo de silencio» todo era miedo y tristeza, y la miseria era material pero también moral, hasta el punto de que las mujeres de los derrotados, cuyos maridos estaban muertos, encarcelados o exiliados, para poder sobrevivir tenían que entregarse «a los más insolentes de los vencedores».

AÑOS TRIUNFALES
… y la más hermosa
sonríe al más fiero de los vencedores.
                                         Rubén Darío
Media España ocupaba España entera
con la vulgaridad, con el desprecio
total de que es capaz, frente al vencido,
un intratable pueblo de cabreros.
Barcelona y Madrid eran algo humillado.
como una casa sucia, donde la gente es vieja,
la ciudad parecía más oscura
y los Metros olían a miseria.
Con luz de atardecer, sobresaltada y triste,
se salía a las calles de un invierno
poblado de infelices gabardinas
a la deriva, bajo el viento.
Y pasaban figuras mal vestidas
de mujeres, cruzando con sombras,
solitarias mujeres adiestradas
–viudas, hijas o esposas–
en los modos peores de ganar la vida
y suplir a esos hombres. Por la noche,
las más hermosas sonreían
a los más insolentes de los vencedores.

jueves, 21 de marzo de 2019

DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA

Quiero compartir esta breve pieza del periodista Carlos del Amor que se ha emitido en el Telediario de las tres de TVE para conmemorar el vigésimo aniversario del Día Mundial de la Poesía. En ella aparecen versos de poetas tan queridos en el blog como Antonio Machado, Pablo Neruda, Juan Ramón Jiménez, César Vallejo o Ángel González y referencias a autores como Mario Benedetti, Gloria Fuertes, Gil de Biedma, Gioconda Belli, Diego Ojeda o Marwan que seguro nos proporcionarán también extraordinarios momentos de lectura.

viernes, 22 de febrero de 2019

HOMENAJE A ANTONIO MACHADO


    

 A UN MAESTRO VIVO
A ti, compañero y padre
reconocida presencia.

Por lo que de ti aprendimos,
por lo que olvidado queda.

Por lo que tras la palabra
breve, todavía enseñas.

Por tu tranquila alegría
y por tu digna entereza.
Por ti. Gracias. Porque en ti
conocimos nuestra fuerza.
Jaime Gil de Biedma
De Ángel González, otro de los poetas que estudiamos de la Generación del 50, tomo este otro sentido homenaje a Antonio Machado, en el día que se conmemora el octogésimo aniversario de su muerte en Colliure. En otros enlaces del blog pueden leerse otros poemas dedicados a Antonio Machado: por ejemplo, en Vigencia de Antonio Machado (con poemas de José Ángel Valente y Benjamín Prado) o Lección de literatura (con otro poema de Ángel González).


Camposanto en Collioure
Aquí paz,
y después gloria.

Aquí,
a orillas de Francia,
en donde Cataluña no muere todavía
y prolonga en carteles de «Toros à Ceret»
y de «Flamenco’s Show»
esa curiosa España de las ganaderías
de reses bravas y de juergas sórdidas,
reposa un español bajo una losa:
paz
y después gloria.

Dramático destino,
triste suerte
morir aquí
—paz
y después…—
perdido,
abandonado
y liberado a un tiempo
(ya sin tiempo)
de una patria sombría e inclemente.

Sí; después gloria.

Al final del verano,
por las proximidades
pasan trenes nocturnos, subrepticios,
rebosantes de humana mercancía:
manos de obra barata, ejército
vencido por el hambre
—
—paz…— —,
otra vez desbandada de españoles
cruzando la frontera, derrotados
—…sin gloria.

Se paga con la muerte
o con la vida,
pero se paga siempre una derrota.

¿Qué precio es el peor?
Me lo pregunto
y no sé qué pensar
ante esta tumba,
ante esta paz
—
—«Casino
de Canet: spanish gipsy dancers»,
rumor de trenes, hojas…—
—,
ante la gloria ésta
—…de reseco laurel
——
que yace aquí, abatida
bajo el ciprés erguido,
igual que una bandera al pie de un mástil.

Quisiera,
a veces,
que borrase el tiempo
los nombres y los hechos de esta historia
como borrará un día mis palabras
que la repiten siempre tercas, roncas.