En el día del fallecimiento del poeta Francisco Brines os invito a leer uno de sus poemas más conocidos, "Cuando yo aún soy la vida", un canto a la vida a pesar de la erosión del tiempo y un canto a la esperanza a pesar de todos los desengaños. Este poema ya aparecía seleccionado en la excelente antología Poesía española contemporánea (1939-1980) de Fanny Rubio y José Luis Falcó. En otra entrada del blog de este mismo año leíamos también otro de sus poemas vitalistas, "Collige, virgo, rosas". Como ocurre con todos los grandes escritores, su obra permanecerá siempre con nosotros.
CUANDO YO AÚN SOY LA VIDA
A
Justo Jorge Padrón
La vida me rodea, como en aquellos años
ya perdidos, con el mismo esplendor
de un mundo eterno. La rosa cuchillada
de la mar, las derribadas luces
de los huertos, fragor de las palomas
en el aire, la vida en torno a mí,
cuando yo aún soy la vida.
Con el mismo esplendor, y envejecidos ojos,
y un amor fatigado.
¿Cuál será la esperanza? Vivir aún;
y amar, mientras se agota el corazón,
un mundo fiel, aunque perecedero.
Amar el sueño roto de la vida
y, aunque no pudo ser, no maldecir
aquel antiguo engaño de lo eterno.
Y el pecho se consuela, porque sabe
que el mundo pudo ser una bella verdad.
La
vitalidad de tópicos literarios como el «carpe diem» y el «collige, virgo,
rosas» ha sido comentada en clase estos días a propósito de la lectura de los
poemas de Garcilaso de la Vega, en especial de su soneto XXIII. Resuenan en él
los versos de dos de los poetas más admirados por los humanistas y los poetas
renacentistas del siglo XVI, Horacio y Ausonio. La oda de Horacio en que
aparece formulado por primera vez el «carpe diem» dice así: «Dum loquimur, fugerit invidia /
aetas: carpe diem, quam minimum credula postero" (Mientras hablamos huye
la edad envidiosa: agarra el día, no te fíes apenas del dudoso mañana). El célebre poema de Ausonio «El nacimiento de las
rosas» concluye con estos versos: «Collige,
virgo, rosas dum flos novus et nova pubes / et memor esto aevum sic properare
tuum» (Coge las rosas, muchacha,
mientras está fresca tu juventud, pero no olvides que así se desliza también tu
vida). Y resuenan también los versos del poeta italiano Bernardo Tasso que
les sirvieron de inspiración a Garcilaso y los poetas posteriores.
El
tópico siguió vivo durante el Renacimiento y el Barroco (en especial en los
sonetos de Góngora y de sor Juana Inés de la Cruz)y ha llegado hasta los poetas de la segunda mitad
del siglo XX y del XXI. Valgan como ejemplos estos dos poemas de Francisco
Brines y Luis Alberto de Cuenca que se titulan precisamente «Collige, virgo,
rosas». Recrean el tópico con estilos completamente distintos: el primero,
de Francisco Brines, de una forma tierna y delicada; y el segundo, el soneto en
alejandrinos de Luis Alberto de Cuenca, con un tono más coloquial y directo.
«COLLIGE,
VIRGO, ROSAS»
[Francisco
Brines]
Estás
ya con quien quieres. Ríete y goza. Ama.
Y enciéndete en la noche que ahora empieza,
y entre tantos amigos (y conmigo)
abre los grandes ojos a la vida
con la avidez preciosa de tus años.
La noche, larga, ha de acabar al alba,
y vendrán escuadrones de espías con la luz,
se borrarán los astros, y también el recuerdo,
y la alegría acabará en su nada.
Más, aunque así suceda, enciéndete en la
noche,
pues detrás del olvido puede que ella renazca,
y la recobres pura, y aumentada en belleza,
si en ella, por azar, que ya será elección,
sellas la vida en lo mejor que tuvo,
cuando la noche humana se acabe ya del todo,
y venga esa otra luz, rencorosa y extraña,
que antes que tú conozcas, yo ya habré conocido.