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lunes, 8 de marzo de 2021

EMILIA PARDO BAZÁN, PIONERA DEL FEMINISMO

Emilia Pardo Bazán (archivo de La vanguardia)

Muchos de los artículos y los cuentos de Emilia Pardo Bazán nos muestran a una autora preocupada por la situación de la mujer a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Y, lamentablemente, muchos de ellos siguen siendo actuales. Por ejemplo, ella ya habló  de los «mujericidios» (o feminicidios), del acoso sexual, de la reivindicación del trabajo de la mujer fuera del ámbito doméstico, del derecho al voto de las mujeres y de la discriminación que sufrían en la educación. Algunas de estas  cuestiones están  superadas pero otras están pendientes todavía, más de cien años después de sus escritos. Y, por eso, las seguimos recordando en un día reivindicativo como el de hoy.


La autora gallega muestra en sus cuentos una actitud crítica y feminista ante la los problemas vividos por las mujeres de su tiempo en nuestro país, cuando muy pocos lo hacían. En El indulto nos habla de la situación de las mujeres maltratadas, del terror al maltrato físico, de los errores de la justicia que no ayuda ni protege a las víctimas. En El encaje roto critica la falta de libertad de las mujeres solteras a elegir marido y las actitudes violentas de muchos varones. En Piña denuncia la situación de explotación en la que viven muchas mujeres a manos de sus maridos o tiranos. En La culpable y Tío Terrones critica la presión y la censura de la sociedad patriarcal que castigan a las mujeres que  ponen en entredicho su honra. En La flor seca o La careta rosa retrata cómo las mujeres son controladas obsesivamente por sus maridos. En Feminista critica la desigualdad de derechos entre hombres y mujeres y la violencia característica de la sociedad machista.

Además de los cuentos anteriores, hoy invito a leer Las medias rojas, un relato breve que nos presenta a Ildara, una joven gallega, que no va a poder lograr su sueño de emigrar a América para salir de la pobreza por culpa de la violencia de su padre, reflejo de una sociedad patriarcal. Como señala la profesora María Elena Ojea Fernández en Narrativa feminista en los cuentos de la condesa de Pardo Bazán, las similitudes de este relato con Tristana de Pérez Galdós, son significativas. Ildara y Tristana son víctimas del poder patriarcal, desempeñado, bien por el padre, bien por el marido. El resultado es el mismo: la anulación total de la autoestima femenina y la imposibilidad de realizarse por sí mismas. Tristana acaba coja, Ildara tuerta. No hay futuro para ellas.

Las medias rojas

Cuando la rapaza entró, cargada con el haz de leña que acababa de merodear en el monte del señor amo, el tío Clodio no levantó la cabeza, entregado a la ocupación de picar un cigarro, sirviéndose, en vez de navaja, de una uña córnea, color de ámbar oscuro, porque la había tostado el fuego de las apuradas colillas.

Ildara soltó el peso en tierra y se atusó el cabello, peinado a la moda «de las señoritas» y revuelto por los enganchones de las ramillas que se agarraban a él. Después, con la lentitud de las faenas aldeanas, preparó el fuego, lo prendió, desgarró las berzas, las echó en el pote negro, en compañía de unas patatas mal troceadas y de unas judías asaz secas, de la cosecha anterior, sin remojar. Al cabo de estas operaciones, tenía el tío Clodio liado su cigarrillo, y lo chupaba desgarbadamente, haciendo en los carrillo dos hoyos como sumideros, grises, entre el azuloso de la descuidada barba.

Sin duda la leña estaba húmeda de tanto llover la semana entera, y ardía mal, soltando una humareda acre; pero el labriego no reparaba: al humo ¡bah!, estaba él bien hecho desde niño. Como Ildara se inclinase para soplar y activar la llama, observó el viejo cosa más insólita: algo de color vivo, que emergía de las remendadas y encharcadas sayas de la moza… Una pierna robusta, aprisionada en una media roja, de algodón…

-¡Ey! ¡Ildara!

-¡Señor padre!

-¿Qué novidá es esa?

-¿Cuál novidá?

-¿Ahora me gastas medias, como la hirmán del abade?

Incorporóse la muchacha, y la llama, que empezaba a alzarse, dorada, lamedora de la negra panza del pote, alumbró su cara redonda, bonita, de facciones pequeñas, de boca apetecible, de pupilas claras, golosas de vivir.

Las medias rojas de seda de Paul Signac

-Gasto medias, gasto medias -repitió sin amilanarse-. Y si las gasto, no se las debo a ninguén.

-Luego nacen los cuartos en el monte -insistió el tío Clodio con amenazadora sorna.

-¡No nacen!… Vendí al abade unos huevos, que no dirá menos él… Y con eso merqué las medias.

Una luz de ira cruzó por los ojos pequeños, engarzados en duros párpados, bajo cejas hirsutas, del labrador… Saltó del banco donde estaba escarrancado, y agarrando a su hija por los hombros, la zarandeó brutalmente, arrojándola contra la pared, mientras barbotaba:

-¡Engañosa! ¡engañosa! ¡Cluecas andan las gallinas que no ponen!

Ildara, apretando los dientes por no gritar de dolor, se defendía la cara con las manos. Era siempre su temor de mociña guapa y requebrada, que el padre la mancase, como le había sucedido a la Mariola, su prima, señalada por su propia madre en la frente con el aro de la criba, que le desgarró los tejidos. Y tanto más defendía su belleza, hoy que se acercaba el momento de fundar en ella un sueño de porvenir. Cumplida la mayor edad, libre de la autoridad paterna, la esperaba el barco, en cuyas entrañas tanto de su parroquia y de las parroquias circunvecinas se habían ido hacia la suerte, hacia lo desconocido de los lejanos países donde el oro rueda por las calles y no hay sino bajarse para cogerlo. El padre no quería emigrar, cansado de una vida de labor, indiferente de la esperanza tardía: pues que se quedase él… Ella iría sin falta; ya estaba de acuerdo con el gancho, que le adelantaba los pesos para el viaje, y hasta le había dado cinco de señal, de los cuales habían salido las famosas medias… Y el tío Clodio, ladino, sagaz, adivinador o sabedor, sin dejar de tener acorralada y acosada a la moza, repetía:

-Ya te cansaste de andar descalza de pie y pierna, como las mujeres de bien, ¿eh, condenada? ¿Llevó medias alguna vez tu madre? ¿Peinóse como tú, que siempre estás dale que tienes con el cacho de espejo? Toma, para que te acuerdes…

Y con el cerrado puño hirió primero la cabeza, luego, el rostro, apartando las medrosas manecitas, de forma no alterada aún por el trabajo, con que se escudaba Ildara, trémula. El cachete más violento cayó sobre un ojo, y la rapaza vio como un cielo estrellado, miles de puntos brillantes envueltos en una radiación de intensos coloridos sobre un negro terciopeloso. Luego, el labrador aporreó la nariz, los carrillos. Fue un instante de furor, en que sin escrúpulo la hubiese matado, antes que verla marchar, dejándole a él solo, viudo, casi imposibilitado de cultivar la tierra que llevaba en arriendo, que fecundó con sudores tantos años, a la cual profesaba un cariño maquinal, absurdo. Cesó al fin de pegar; Ildara, aturdida de espanto, ya no chillaba siquiera.

Salió fuera, silenciosa, y en el regato próximo se lavó la sangre. Un diente bonito, juvenil, le quedó en la mano. Del ojo lastimado, no veía.

Como que el médico, consultado tarde y de mala gana, según es uso de labriegos, habló de un desprendimiento de la retina, cosa que no entendió la muchacha, pero que consistía… en quedarse tuerta.

Y nunca más el barco la recibió en sus concavidades para llevarla hacia nuevos horizontes de holganza y lujo. Los que allá vayan, han de ir sanos, válidos, y las mujeres, con sus ojos alumbrando y su dentadura completa…

viernes, 30 de octubre de 2020

RELATOS DE MUERTOS

 Fue cerca del camposanto cuando sentí removerse dentro de la caja al pobre Bieito. (De los cuatro portadores del ataúd yo era uno). ¿Lo sentí o fue aprensión mía? Entonces no podría asegurarlo. ¡Fue un rebullir tan suave!…. Como la tenaz carcoma que roe, roe en la noche, roe desde entonces en mi magín enfervorizado aquel suave rebullir.

Rafael Dieste, Acerca de la muerte de Bieito

Pintura de Antoine Wiertz, tomada de Wikipedia

Otras vísperas de la Noche de Difuntos y del Día de Todos los Santos he recogido en el blog cuentos de terror (por ejemplo, de Edgard Allan Poe, de Ambrose Bierce, de William Jacobs, de Horacio Quiroga, o los aparecidos en la entrada «Cuentos y microcuentos de fantasmas»), leyendas (como las de Gustavo Bécquer, que nos acompañan todos los cursos en 4º de ESO, como El Monte de las Ánimas, La cruz del diablo o El miserere) o microcuentos de terror (de Alfonso Sastre, de Fernando Iwasaki o los recogidos en la entrada «Pequeñas dosis de terror»), que tanto gusta leer siempre porque erizan la piel y perturban y espantan con el exclusivo recurso de la palabra. Como recordaba Gustavo Adolfo Bécquer en El Monte de las Ánimas,  en estas fechas siempre se contaban estos «cuentos temerosos» en los que los protagonistas eran siempre espectros, aparecidos, fantasmas y almas en pena. Y fieles a la cita, seguiremos invitando a la lectura de este tipo de literatura.

En esta entrada quiero presentar, ayudado por la extraordinaria Antología española de literatura fantástica preparada por Alejo Martínez Martín, una pequeña selección de cinco textos narrativos de nuestra literatura en los que los protagonistas no son los vivos, sino los muertos, en unos relatos en que aparecen algunos de los motivos típicos de este tipo de literatura como el entierro prematuro o el regreso del más allá. 
 
Espero que los lectores del blog disfruten (y se espeluznen) con alguno de estos relatos sobre la muerte, verdaderos clásicos de nuestra literatura.

En alguno de estos y otros relatos de difuntos y de terror no dejan de aparecer el humor o la ironía, siempre tan reconfortantes. Valga como ejemplo este microcuento del siempre admirado Max Aub.

La uña

El cementerio está cerca. La uña del meñique derecho de Pedro Pérez, enterrado ayer, empezó a crecer tan pronto como colocaron la losa. Como el féretro era de mala calidad (pidieron el ataúd más barato) la garfa no tuvo dificultad para despuntar deslizándose hacia la pared de la casa. Allí serpenteó hasta la ventana del dormitorio, se metió entre el montante y la peana, resbaló por el suelo escondiéndose tras la cómoda hasta el recodo de la pared para seguir tras la mesilla de noche y subir por la orilla del cabecero de la cama. Casi de un salto atravesó la garganta de Lucía, que ni ¡ay! dijo, para tirarse hacia la de Miguel, traspasándola.

Fue lo menos que pudo hacer el difunto: también es cuerno la uña.

miércoles, 8 de marzo de 2017

MUJERES EN LA HISTORIA DE LA LITERATURA



«No hay tradición cultural que no justifique el monopolio masculino de las armas y de la palabra, ni hay tradición popular que no perpetúe el desprestigio de la mujer o que no la denuncie como peligro»
Eduardo Galeano


A través de estos textos de Eduardo Galeano, nos acercaremos, hoy Día Internacional de la Mujer Trabajadora, a unas cuantas mujeres escritoras que fueron silenciadas o perseguidas en su época y han estado olvidadas en muchos de los manuales de historia de la literatura.
Los textos están entresacados de la antología Mujeres, que recoge textos  de sus diferentes libros (especialmente, en nuestro caso, de Espejos. Una historia casi universal) que tienen como protagonistas a mujeres creadoras y mujeres luchadoras, mujeres que pese a todo no cejaron y lucharon por plasmar su voz. Safo, Teresa de Jesús, Juana Inés de la Cruz, Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, las hermanas Brontë, Alfonsina Storni son algunas de las protagonistas de estos textos que tuve ocasión de compartir con el compañero y amigo Carlos Piornos hace unos pocos meses. Son todos estos textos bellos ejemplos de mujeres que nunca se resignaron y que decidieron seguir escribiendo y creando a pesar de todas las mordazas del machismo imperante.

jueves, 22 de diciembre de 2011

CUENTOS DE NAVIDAD

Llegan días de vacaciones muy propicios para contar y leer historias ambientadas en estas fechas. Desde el inolvidable Scrooge (creado por Charles Dickens en Canción de Navidad) y la pequeña cerillera en la última noche del año (La niña de los fósforos, obra de Hans Christian Andersen) hasta los cuentos de la noche de Reyes (por ejemplo los de Emilia Pardo Bazán), son muchos los personajes y las situaciones que nos vendrán estos días a la cabeza, forjados en el recuerdo gracias a la literatura y al cine.
 
Además de estas lecturas del pasado os sugiero este Cuento de Navidad de Ray Bradbury que nos transporta al futuro, al año 2052.
Espero que disfrutéis con estas y otras lecturas. Feliz 2012 y hasta la vuelta de las vacaciones.

viernes, 16 de diciembre de 2011

LAS NOVELAS REALISTAS Y EL CINE

El Realismo mostró predilección por la novela, el género literario por excelencia para los grandes escritores de la segunda mitad del siglo XIX. En toda Europa y en los Estados Unidos los escritores describen con un enfoque realista y un espíritu crítico la nueva sociedad burguesa. La novela demuestra ser el género más adecuado para retratar la sociedad capitalista movida por el dinero y el poder. Sus rasgos facilitan una perspectiva amplia y objetiva en la descripción de ambientes y psicología.
Muchas de las novelas realistas del siglo XIX han sido llevadas al cine por su extraordinaria capacidad para recrear el mundo de la época y porque se basan en unos mismos gustos narrativos (predilección por las historias, interés por desarrollar las personalidades de los protagonistas, gusto por la presentación de diferentes ambientes,...).. En el siguiente enlace encontrarás una primera aproximación a los grandes novelistas del Realismo y  a sus novelas.También encontrarás los carteles cinematográficos de algunas versiones de las grandes novelas del siglo XIX, como este de "Oliver Twist", la novela de Charles Dickens llevada al cine por Roman Polanski en 2005.
Las grandes novelas españolas del Realismo han sido llevadas también a la pequeña pantalla en adaptaciones de calidad producidas por Televisión Española:
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós.
La Regenta de Leopoldo Alas "Clarín".
Los pazos de Ulloa  de Emilia Pardo Bazán.

martes, 13 de diciembre de 2011

EL NATURALISMO: EL ACERCAMIENTO DE LA LITERATURA A LAS CIENCIAS

En el último tercio del siglo XIX se desarrolló, a partir del Realismo, una corriente literaria conocida como Naturalismo, cuyo máximo defensor fue el escritor francés Émile Zola. Para el Naturalismo la literatura debe analizar científicamente el comportamiento humano siguiendo los principios de la observación y de la experimentación. Para ello parten de la idea de que el hombre no es libre, de que está condicionado por su herencia genética y por el ambiente social en el que vive.  
Se caracteriza este movimiento por mostrar en sus obras ambientes miserables y sórdidos y personajes marginales, embrutecidos o tarados ya que son los más adecuados para defender sus tesis. Al igual que el científico, el narrador naturalista es impersonal y objetivo. En las técnicas narrativas se extremaron los rasgos del Realismo: descripciones minuciosas, reproducción fiel de la lengua oral,… 
En España esta corriente suscitó una gran polémica: fue una "cuestión palpitante", en palabras de Emilia Pardo Bazán, que generó un debate que trascendió lo estético y alcanzó una dimensión política en el enfrentamiento entre conservadores y progresistas. Algunos escritores ensayaron estas técnicas naturalistas, aunque sin seguir todos los preceptos ideológicos de Zola: Benito Pérez Galdós en La desheredada, Leopoldo Alas "Clarín" en La Regenta o Emilia Pardo Bazán en Los pazos de Ulloa.