Tal
día como hoy, hace ochenta y cuatro años, fue asesinado uno de los mayores
poetas y dramaturgos de nuestra literatura, Federico García Lorca. Recordamos
su figura y su obra con la elegía que compuso en su honor otro de nuestros
grandes poetas, Antonio Machado.
Sirva
esta entrada como recordatorio del autor de Romancero
gitano, Poeta en Nueva York, Bodas de sangre o La casa de Bernarda Alba, y de las circunstancias de su muerte (un
asesinato, un crimen cometido por los partidarios del bando franquista motivado
por sus ideas políticas y su condición sexual) y del oprobio y la vergüenza de
un país que todavía hoy, como en el caso de García Lorca, no ha exhumado a
miles de sus compatriotas que yacen en las cunetas y las fosas repartidas por
todo su territorio para darles un digno entierro.
EL CRIMEN FUE EN GRANADA
I. El crimen
Se le vio,
caminando entre fusiles,
por una
calle larga,
salir al
campo frío,
aún con
estrellas de la madrugada.
Mataron a
Federico
cuando la
luz asomaba.
El pelotón
de verdugos
no osó
mirarle la cara.
Todos
cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni
Dios te salva!
Muerto cayó
Federico
—sangre en
la frente y plomo en las entrañas—
… Que fue en
Granada el crimen
sabed
—¡pobre Granada!—, en su Granada.
II. El poeta
y la muerte
Se le vio
caminar solo con Ella,
sin miedo a
su guadaña.
—Ya el sol en
torre y torre, los martillos
en yunque— yunque
y yunque de las fraguas.
Hablaba
Federico,
requebrando
a la muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer
en mi verso, compañera,
sonaba el
golpe de tus secas palmas,
y diste el
hielo a mi cantar, y el filo
a mi
tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré
la carne que no tienes,
los ojos que
te faltan,
tus cabellos
que el viento sacudía,
los rojos
labios donde te besaban…
Hoy como
ayer, gitana, muerte mía,
qué bien
contigo a solas,
por estos
aires de Granada, ¡mi Granada!»
III.
Se le vio
caminar…
Labrad,
amigos,
de piedra y
sueño en el Alhambra,
un túmulo al
poeta,
sobre una
fuente donde llore el agua,
y eternamente
diga:
el crimen
fue en Granada, ¡en su Granada!