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martes, 26 de febrero de 2013

VIAJES EN EL TIEMPO Y CUENTOS CIRCULARES

M.C. Escher, Espiral esférica
A raíz de la lectura de Continuidad de los parques de Julio Cortázar hemos comentado un tipo de estructura muy sugestiva de las narraciones, la estructura circular, esto es, aquella que hace referencia  a los cuentos que terminan de la misma manera en que habían empezado. 
En la tantas veces citada y admirada página de materiales de lengua podéis encontrar una interesantísima antología de cuentos circulares. Entresaco de esta selección este microrrelato de Jorge Luis Borges, aparecido en su libro La cifra, inquietante y perturbardor.

UN SUEÑO

En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma del círculo) hay una mesa de madera y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mí escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular... El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.

En las manipulaciones a que los autores someten el tiempo del relato (el orden o disposición de los sucesos que se cuentan), además de los saltos atrás o adelante en el tiempo o de los tiempos paralelos que se van contrapunteando, siempre es muy llamativo el empleo del tiempo cíclico, percibido como círculos (no idénticos) abiertos como en una espiral. En este microrrelato de Manuel Moyano, «Regreso» asistimos a un viaje muy especial en el tiempo.

REGRESO

«Ya no hay nada que hacer», escuché que decía el médico mientras su mano cerraba suavemente mis párpados. Al principio, tan sólo vi oscuridad. Luego, en mitad de la negrura, se abrió un largo túnel: desde su otro extremo me reclamaba una intensa luz blanca. «Así que eso es el Cielo», pensé mientras me deslizaba, como si flotase, entre sus paredes húmedas y turgentes. Una extraña felicidad me invadió. Sin embargo, cuando llegué al final del túnel, lo que encontré no fue un mundo maravilloso, sino otra habitación de hospital. Un gigante me había agarrrado de los tobillos y, sosteniéndome boca abajo, golpeaba con fuerza mi trasero. Indignado, intenté pronunciar algún exabrupto, pero de mi garganta no salieron palabras: sólo un chillido de recién nacido.

Hemos presenciado en este cuento un viaje de un difunto que cuestiona radicalmente esa idea tan interiorizada que todos tenemos del tiempo lineal y sucesivo.

Otra historia en la que el tiempo fluye a la contra, al revés, es este espeluznante cuento de Rafael Dieste, entresacado de su maravilloso De los archivos del trasgo, y que reproduzco al final (en más información), tomado  de ciudad seva, otra página tantas veces citada y elogiada.
Podéis ecucharlo también en este enlace de ivoox, leído por Manuel Rodríguez.