viernes, 3 de junio de 2016

LA POESÍA BARROCA


El Barroco no se presenta como una ruptura con el periodo renacentista, sino como una continuación en gran parte de sus temas y formas. Frente al ideal de belleza puesto en los clásicos, en el Barroco se va consagrar ante todo la libertad de creación, con lo que la armonía y naturalidad renacentistas van a dar paso a la demostración del ingenio y a la búsqueda de un estilo personal más elaborado y artificioso.
Métrica. En la lírica barroca conviven los metros de origen italiano con la métrica tradicional castellana, basada en el octosílabo y otros versos de arte menor, con un empleo abundante del romance en el que los autores cultos tratan de imitar el estilo tradicional del Romancero viejo.
Temas. La tradición renacentista y clásica continúa con el tratamiento de los temas amoroso, mitológico y religioso. Junto a estos temas cobra importancia el cultivo de los temas filosófico y moral (el paso destructor del tiempo, la muerte aniquiladora, la brevedad de la vida, el desengaño ante la vida), el político (la decadencia de la patria) y el satírico que nace igualmente del desengaño propio de la época (cualquier persona, acontecimiento o cosa es susceptible del ataque más duro o de la ridiculización más absoluta)
Tono. Los distintos temas y géneros son tratados ya de forma seria o grave, ya de manera burlesca o humorística. Los autores combinan, según las ocasiones, la idealización y ennoblecimiento de la realidad con su total degradación. Esta doble vertiente de idealización y desengaño es muy representativa de las contradicciones y contrastes del Barroco.
Estilos. Se distinguen cuatro grandes corrientes estilísticas en la lírica española del siglo XVII: 

  • la clasicista, de gran sobriedad y continuadora de la estética renacentista (Andrés Fernández de Andrada); 
  • la obra personalísima de Lope de Vega que apuesta por la claridad y la llaneza; 
  • las dos tendencias más eminentemente barrocas, el culteranismo de Góngora y el conceptismo de Quevedo: ambos estilos aspiran a romper el equilibrio entre forma y contenido propio del Renacimiento y a desarrollar el estilo hasta el máximo de posibilidades formales. No son tendencias opuestas sino complementarias.

El culteranismo rompe este equilibrio haciendo que la forma se desarrolle a expensas del contenido. Se busca embellecer la expresión con el uso abundante de latinismos e hipérbatos (que dan al lenguaje poético un léxico y una sintaxis nada vulgares, ni desgastadas por el uso, además de dotarlo de gran musicalidad y sonoridad), las alusiones perifrásticas (que designaban a los objetos de un modo descriptivo con todo lujo de detalles sensoriales y eruditos) y las metáforas atrevidas y suntuosas (que crean brillantez con el empleo de elementos considerados como nobles o de una gran pureza cromática).
El conceptismo rompe el equilibrio entre forma y contenido haciendo que el contenido se desarrolle a costa de la forma. Busca la condensación estilística, con la elipsis, y la demostración de ingenio y sutileza intelectual que supone la creación de conceptos (“expresión de la correspondencia y relaciones que se hallan entre las cosas y las palabras”). Para crear conceptos se utilizaban hasta la saciedad todos los recursos de la lengua: dilogías, paronomasias, antítesis, metáforas y comparaciones.
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En esta presentación encontraréis una breve introducción a la estética barroca y un primer acercamiento a los grandes poetas del Barroco: Luis de Góngora y Argote, Francisco de Quevedo y Villlegas y Félix Lope de Vega y Carpio. 


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